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martes, 13 de octubre de 2015

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL LA GANO LA URSS A PESAR DE LO QUE DIGA HOLLYWOOD


Tan solo el 13% de los europeos cree que el Ejército de la URSS jugó el papel principal en la liberación de Europa del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, revela una reciente encuesta dirigida a más de 3.000 personas en Francia, Alemania y el Reino Unido.

"Hay que recordar que es el ejército ruso el que, tras un asalto a Berlín, puso punto final a la guerra contra la Alemania hitleriana", declaró Putin, en un discurso ante los 16.000 soldados congregados en la Plaza Roja, antes del inicio de un gigantesco desfile militar.

"La Unión Soviética participó en las batallas más sangrientas" dijo el presidente ruso en su discurso, en referencia a los más de 25 millones de soviéticos que murieron en la guerra.

HOLLYWOOD Y LA PROPAGANDA REESCRIBIENDO LA HISTORIA

En los primeros años del nazismo e incluso en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, hasta 1941 o más tarde, se producen muy pocas películas con alguna connotación contra el fascismo o el nazismo. Confesiones de un espía nazi (1939), La tormenta mortal (1940) o El gran dictador (1940) son las pocas obras que se atrevieron a denunciar a esta ideología y sistema violento, racista y antidemocrático que se extendía por Europa.

Desde el suceso de Pearl Harbour Hollywood se dispuso a colaborar otra vez con el Gobierno estadounidense, como ya lo hiciera en la Primera Guerra Mundial, teniendo en cuenta y siguiendo sus indicaciones.

Respondiendo al llamado del presidente Roosevelt, ocho grandes estudios cinematográficos de Hollywood dedicaron sus recursos y su talento a la temática bélica. Películas documentales, ficciones y dibujos animados sobre la guerra comenzaron a poblar las salas del cine.

Con el objetivo de conmover al público y hacer propaganda política,películas documentales, ficciones y dibujos animados sobre la guerra comenzaron a poblar las salas de cines entre 1939 y 1945, gracias a ocho grandes estudios cinematográficos de Hollywood que se dedicaron a la temática bélica.

En este sentido, la producción cinematográfica de ficción estadounidense sirve de plataforma para seguir hablando del peligro comunista, y se ayuda en su objetivo no sólo del cine de terror, sino también de la ciencia-ficción, el cine bélico y hasta el western, géneros que le permiten propagar un paranoico estado de alerta permanente que sirve, al mismo tiempo, como marco idóneo para difundir el estilo de vida americano —el american way of life- como antesala de la telaraña colonizadora que extiende —ya con la ayuda de la televisión- por todo el mundo, al tiempo que sigue librando numerosos conflictos en Corea, Vietnam, el Golfo, Irán...

La propaganda ideológica está implícita en buena parte de los contenidos audiovisuales que se han producido y se producen en el mundo. No se puede entender la información y la comunicación desde los inicios del siglo XX sin esas dosis de propaganda inevitable.

Por ello toda la información, revistas, documentales, libros, "cómics" bélicos, etc., estaba desproporcionadamente inclinada del esfuerzo angloamericano tratándose a los verdaderos ganadores de la guerra, los rusos, como algo tangencial. No nos debe extrañar pues los anglosajones han conseguido casi hacer olvidar que la descubridora de América fue España, hecho que es difícil encontrar en los libros de texto de Estados Unidos que enaltecen a Colón y no a España, así como que prácticamente todo el Oeste de Estados Unidos era mejicano hasta que les fue arrebatado por una guerra en 1848. Incluso colecciones de vídeo actuales dedican más del 90% de sus capítulos al esfuerzo angloamericano, la batalla de Inglaterra, el desembarco de Normandía, etc., y sólo el resto a la lucha en el Este de Europa, y más recientemente medios de comunicación españoles al cumplirse los setenta años del inicio de la segunda guerra mundial de nuevo inclinan la balanza del lado angloamericano, por ejemplo al citar quince películas bélicas ni una es rusa, ni siquiera la maravillosa "Ven y mira" de Elem Klimov ( 1985 ).

La Guerra se inició el 1 de septiembre de 1939 a raíz de la invasión a Checoslovaquia por Alemania. Desde el punto de vista de China, sin embargo, la Guerra empezó el 7 de julio de 1937 cuando Japón invadió a dicho país. Algunos historiadores chinos consideran que el conflicto comenzó en 1931, cuando Japón invadió su territorio de Manchuria y la erigió como Estado bajo su protección, destacando que Japón ocupaba desde 1910 la península coreana, la cual sometió a la más salvaje y genocida explotación y destrucción, y que desde ese año los coreanos iniciaron la resistencia antijaponesa en la que sobresalió el mariscal Kim Il Sung hasta el fin de la Segunda Guerra.

LA UNIÓN SOVIÉTICA GANO LA IIGM PESE A LO QUE DIGA HOLLYWOOD

Hablando sobre la Gran Guerra Patria se discute ampliamente el rol que jugó en esos sucesos el entonces dirigente máximo de la Unión Soviética Iosif Stalin. En su capacidad del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo él aportó una mayor contribución a la Victoria. Pero no fue Stalin el que ganó la guerra sino los pueblos de la URSS que pagaban las cuentas de la inconsistencia de la política europea de preguerra. ¿Y no fue la Unión Soviética con sus espacios, ciudades y aldeas que absorbió el golpe principal de la invasión nazi? Tres cuartos de las Fuerzas Armadas de Alemania quedaron derrotados en el Frente Oriental. Eran las unidades de la mayor capacidad combativa, templadas en las batallas.

Las tentativas de ocultar estos hechos no se puede explicar de la manera que no sea por la falta de deseo de reconocer la grandeza y la superioridad moral de los pueblos de la Unión Soviética los cuales, a precio de víctimas inmensas y destrucción de sus ciudades, garantizaron la conservación de la mayor parte del patrimonio material de la civilización europea.

La Gran Guerra Patria fue una parte integrante de la Segunda Guerra Mundial. Pero lo cierto es que la Unión Soviética y sus Fuerzas Armadas jugaron el papel decisivo en el desenlace triunfante de la guerra mundial. Durante casi 4 años el frente soviético-alemán atraía la mayoría de los recursos y fuerzas de la Alemania fascista. Contra las tropas soviéticas actuaron a la vez desde 190 hasta 270 divisiones más fogueadas del bloque fascista, mientras que las tropas angloamericanas en África del Norte en los años 1941-1943 arrostraron desde 9 hasta 20 divisiones, en Italia en 1943-1945 – desde 7 hasta 26 divisiones, en Europa del Oeste después de junio de 1944 – desde 56 hasta 75 divisiones.

A pesar de estos intentos de monopolizar el protagonismo de la guerra y de la victoria, la antigua Unión Soviética contribuyó más que ninguna otra potencia a la derrota de Hitler por al menos dos razones fundamentales. En primer lugar, porque tuvo el mayor peso de la guerra contra Alemania y porque fue con la derrota del Sexto Ejército Alemán por el Ejército Rojo, a raíz del sitio de Stalingrado, cuando se produjo el punto de inflexión que selló el curso de la contienda. En segundo lugar, fue la Unión Soviética la potencia que mayor cantidad de víctimas sufrió hasta el fin de la Guerra. El costo en vidas humanas, militares o civiles, nos da una medida del esfuerzo global, y por ello citaremos fuentes occidentales en torno al número de víctimas por país:


  • Unión Soviética, 25,568,000; 
  • China, 11,324,000; 
  • Alemania, 7,060,000; 
  • Polonia, 6,850,000 (menos de la mitad eran judíos);
  •  Japón, 1,806,000; 
  • Yugoslavia 1,700,000; 
  • Rumania, 985,000; 
  • Francia, 810,000; 
  • Hungría, 750,000; 
  • Austria, 525,000; 
  • Grecia, 520,000; 
  • Italia, 410,000;
  • Checoslovaquia, 400,000; 
  • Gran Bretaña, 388,000; 
  • Estados Unidos, 295,000; 
  • Holanda, 250,000.
Las víctimas de la Unión Soviética ascendieron realmente a 27 millones (sin contar desaparecidos y heridos), lo cual significa que murieron 91.5 veces más rusos que estadounidenses; 69 veces más rusos que ingleses; y 33.3 veces más rusos que franceses.

Se puede añadir una tercera razón: el ejército rojo avanzó después de la derrota de Stalingrado como una apisonadora por el este de Europa, obligando a que los alemanes retiraran la mayor parte de sus fuerzas del oeste, dejando paso fácil a Estados Unidos y a sus aliados. Sin embargo, aun así, el avance por el oeste fue infinitamente más lento que el del ejército rojo en su apasionada guerra patriótica contra el fascismo.

Los últimos momentos, previos al final de la guerra, fueron protagonizados por el ejército soviético. En abril de 1945, las tropas soviéticas llegaron a los alrededores de Berlín. Las unidades alemanas ocupaban las posiciones defensivas a lo largo de las orillas occidentales del Oder y el Neisse. En los accesos de Berlín y en la propia ciudad estaba concentrada una agrupación de tropas compuesta por 62 divisiones, de cerca de un millón efectivos, 1500 carros blindados, 10 400 piezas de artillería y morteros y 3 300 aviones de combate.

El propio Berlín fue transformado en una potente fortificación y preparado para los combates de calle. En torno a la ciudad se crearon tres anillos de defensa, y dentro, más de 400 puntos de resistencia protegidos por hormigón armado. Al comenzar la operación, las tropas soviéticas contaban con 149 divisiones de fusileros y 12 divisiones de caballería, 13 cuerpos de carros blindados, 7 motorizados, 15 brigadas de tanques y automotrices especiales, de más de 1 900 000 efectivos en total.

El 29 de abril comenzaron los combates por el Reichstag. Después de realizar varios ataques, unidades de la 171 y la 159 divisiones de fusileros ocuparon de noche el edificio. El 30 de abril, a las 14.25, los sargentos Mijaíl Yegórov y Melitón Kantaria colocaron la Bandera de la Victoria sobre el Reichstag.

El 1 de mayo, a las 3.50, al puesto de mando del 8 Ejército de Guardia fue llevado el jefe del Estado Mayor General del Ejército de Tierra de la Wehrmacht, el general de infantería Krebs, quien dijo estar facultado de sostener negociaciones sobre el armisticio. Pero Stalin ordenó que se podía tratarse de la capitulación incondicional solamente. A los mandos alemanes les fue formulado un ultimátum: si hasta las 10.00 ellos no aceptaban capitular incondicionalmente, las tropas soviéticas asestarían un golpe. Al no recibir respuesta, las unidades soviéticas abrieron fuego a las 10.40. Luego que a eso de las 18.00 se supo que la exigencia de la capitulación fue rechazada, empezó el último asalto a la parte central de la ciudad, donde se encontraba la Cancillería Imperial.

Los combates prosiguieron durante toda la noche del 1 al 2 de mayo, hacia el amanecer todos los locales de la Cancillería fueron ocupados por soldados soviéticos. El 2 de mayo, a las 1.50 de la noche, por radio se recibió información del cese de las operaciones de combate y el envío de parlamentarios. Hacia las 15.00, los restos de la guarnición de Berlín (más de 134 mil efectivos) se entregaron.

El 8 de mayo, a las 22.43, hora de Europa Central (9 de mayo, 00.43, hora de Moscú), el general mariscal de campo Wilhelm Keitel y unos delegados de la Marina de Guerra de Alemania, designados por Dönitz, firmaron el Acta de Capitulación Incondicional. En la operación de Berlín las tropas soviéticas perdieron 78 000 efectivos. Quedaron derrotadas por completo 70 divisiones de infantería, 12 de carros blindados y 11 motorizadas del adversario, fueron hechos prisioneros unos 480 000 efectivos alemanes.

Mientras tanto, los ejércitos del oeste corrían para evitar que el ejército rojo pudiera seguir avanzando más hacia el oeste. Las últimas semanas de la guerra el ejército alemán no ofreció ninguna resistencia a los norteamericanos: al contrario, facilitaban su avance para evitar que el ejército rojo conquistara Berlín. Aun así, los que luego se jactaron en su cine e historiografia de derrotar a Hitler miraban de lejos como el ejército rojo liberaba a Europa.

El 24 de junio de 1945, en la Plaza Roja de Moscú se celebró el Desfile de la Victoria. En su parte culminante desfilaron 200 portaestandartes, arrojando al pie del Mausoleo las banderas de las tropas alemanas derrotadas. En EEUU, Gran Bretaña y la mayoría de los países de Europa Occidental, el Día de la Victoria en la segunda guerra mundial se celebra el 8 de mayo.

Las Naciones Unidas proclamaron el 8 y 9 de mayo como “Días de la Memoria y Reconciliación” y con tal motivo en Moscú se llevarán a cabo importantes reuniones internacionales que recordarán la contribución de la Unión Soviética a la lucha por la libertad. Por eso las palabras de Medvedev hoy a los veteranos de guerra, al pueblo ruso, y a los norteamericanos y europeos:

"Ante todo quiero felicitarles con motivo del Día de la Victoria y asegurarles que Rusia nunca admitirá que se tergiverse la historia de la Segunda Guerra Mundial y de la gran Victoria del pueblo soviético".
A pesar de los intentos por parte de los Estados Unidos y Gran Bretaña de autoproclamarse vencedores, excluyendo a otros aliados menos poderosos y también al invencible ejército rojo, quien fue el gran vencedor de la guerra contra Hitler fue la Unión Soviética. Gracias al ejército rojo el fascismo desapareció de Europa (aunque al detenerse en Berlín posibilitó que el fascismo enmascarado de democracia continuara hasta hoy).

Años de cine hollywoodense, teorías del totalitarismo y libros de propaganda colaboraron en la construcción de una imagen distorsionada de la realidad histórica que favorecía a Occidente en detrimento de Rusia. El estado ruso actual, en la búsqueda de la recuperación de la grandeza pasada y la reconfiguración de su identidad nacional, intenta recomponer un retrato de la guerra alejado de estos malos entendidos y resaltando la importancia de la URSS. En esa operación ha caído, sin embargo, en nuevos malos entendidos y olvidos, ya que ha preferido rescatar el rol de Stalin y del nacionalismo ruso, omitiendo los aspectos más oscuros del dictador y trazando una línea de continuidad entre el pasado zarista, la época soviética y un presente revitalizado que busca legitimarse a través del rescate combinado y parcializado de los logros de ambos regímenes.


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