"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.”
Con estas palabras oficialmente terminaba la guerra, pero como es habitual en la derecha de este país, fue otra de sus muchas mentiras, la guerra de trincheras del pueblo español contra las potencias fascistas europeas si terminó ese día. Con el fin de la guerra no llegó la paz.
Tras ese “fin de la guerra,” los muertos, diversas fuentes cifran en más 400.000, de ellas 192.000 en los diversos campos de concentración repartidos por nuestra geografía, a diferencia de los nazis, aquí el método era más tradicional, fusilamiento, situación que se prolongó hasta terminada la Segunda Guerra. Hubo ajusticiamientos "legales", en cumplimiento de sentencias dictadas por tribunales militares pero también hubo asesinatos ilegales, las llamadas sacas, practicadas al margen de las autoridades militares, pero con el pleno conocimiento de que se estaban llevando a cabo. Muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes repartidas por toda España, no siempre en los cementerios, sin que su muerte fuese inscrita en los registros civiles y sin que sus familiares en muchos casos fuesen informados, ni dónde ni cuándo ni cómo.
También hubo desapariciones misteriosas nunca aclaradas, presos hacinados en las cárceles, algunos de ellos por haber sido denunciados sin pruebas ninguna. La cultura dejó de escribirse con mayúsculas, poetas fusilados, o encarcelados y dejados morir a propósito.
La posguerra fue mucho peor que la guerra para una parte muy importante de españoles, unos tuvieron tiempo de salir hacía otros países, muchos de ellos terminaron en campo de exterminio nazis, ante el abandono por parte de la dictadura franquista, que al ser consultada, por los nazis, sobre que hacían con los españoles residentes en España, el Gobierno del “padrino” de su católica majestad, replicó que no existían españoles allende las fronteras. Otros lograron enrolarse en la resistencia francesa, otros marcharon a México, Argentina, Venezuela, o la Unión Soviética, con distintas suerte según los casos y países. Para ninguno terminó la guerra.
Víctimas y campos de concentración
El segundo país del mundo después de Camboya en número de fosas comunes y personas asesinadas por el estado es España. Da verdadera vergüenza que sus gobiernos sigan encubriendo y protegiendo a los criminales fascistas, humillando y cerrando las puertas a las familias de las víctimas para la reparación, a la justicia internacional que exige la condena de tantos asesinatos cometidos por terroristas uniformados y de coche oficial.
Durante cuatro décadas el franquismo trató de ocultar la violencia política que provocó, minimizando la cuantificación de los asesinados. Según los últimos estudios de Julián Casanova, autor del libro República y Guerra Civil , hoy en día se conocemos que la Guerra Civil causó 600.000 muertos más 50.000 asesinados después de la guerra por el régimen de Franco.
Una investigación llevada a cabo por Carlos Hernández plasmada en su libro “Los campos de concentración de Franco”, documenta 296 campos. Pasaron por ellos entre 700.000 y un millón de españoles que sufrieron hambre, torturas, enfermedades y la muerte. La mayoría de ellos además fueron trabajadores forzosos en batallones de esclavos.
La comunidad autónoma que más campos albergó fue Andalucía, pero se extendieron por todo el territorio. El 30% eran campos de concentración en terrenos al aire libre con barracones rodeados de alambradas. El 70% se habilitaron en plazas de toros, conventos religiosos, fábricas o campos deportivos, hoy muchos reutilizados.
Las Comisiones Clasificatorias que funcionaban en los campos eran las que determinaban el destino de los internados. Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales.
- Los declarados afectos eran puestos en libertad.
- Los desafectos leves y sin responsabilidades políticas eran enviados a los batallones de trabajadores.
- Los desafectos graves iban a prisión y estaban a disposición de la Auditoría de Guerra para ser procesados por un tribunal militar.
- Los clasificados como delincuentes comunes eran enviados también a la cárcel.
Las cifras oficiales dadas por la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros, al finalizar la guerra civil, valoraba en alrededor de cien campos existentes, que retenían a 177.905 soldados enemigos prisioneros pendientes de clasificación procesal. La Inspección informaba también de que hasta entonces habían pasado por los campos 431.251 personas.
Después se contabilizan entre 45.000 y 50.000 en la posguerra, sólo de violencia militar franquista (del 1 de abril hasta agosto de 1946).
Otros historiadores apuntan que la Guerra Civil produjo entre 650.000 y 1.000.000 de muertos, unas cicatrices demasiado duraderas para la sociedad española.
En 2008, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón solicitó a Ayuntamientos y otros organismos un listado de desaparecidos durante la Guerra y la posguerra.
El listado, que se reunió el 22 de septiembre de 2008 incluía 143.353 nombres, aunque sus propios autores avisan que faltan muchísimos nombres y, al mismo tiempo, que muchos de los nombres podrían estar duplicados e incluso triplicados (lo que hicieron en el momento de hacer entrega del material para evitar suspicacias).
Presenta la siguiente distribución geográfica (según las actuales comunidades autónomas): Galicia (7.000), Asturias (6.000), Cantabria (2.535), País Vasco (1.900), Navarra (3.920), La Rioja (2.070), Cataluña (3.338), Baleares (1.486), Aragón (9.538), Castilla-La Mancha (8.851),Castilla y León (14.660), Extremadura (9.486), Madrid (3.424), Andalucía (42.131), Valencia (29.034), Murcia (1.000), Canarias (2.211), Ceuta y Melilla (768).
Represalia a los perdedores
La legislación aprobada durante la propia guerra anunciaba que, lejos de cesar, la estrategia de aniquilamiento continuaría. Ya en julio de 1936, la llamada Junta de Defensa Nacional publicó en Burgos un decreto en el que declaraba el estado de guerra en todo el territorio y, significativamente, castigaba no solo las “acciones”, sino también las “omisiones”. En septiembre, otro decreto sentaba las bases para la confiscación de bienes de los vencidos que luego, ya a las puertas de la victoria, desarrollaría la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de febrero de 1939. Esta disposición se practicó con verdadera rapiña; enriquecerse con lo ajeno formaba parte de la salvación de España, al parecer.
Tras el fin de la guerra y las primeras explosiones de violencia espontánea, con paseos, torturas y actuaciones incontroladas de escuadrones de falangistas, se impuso una violencia fría, institucional, administrada en juicios y consejos de guerra. La característica principal de estos procesos es que eran meras farsas, sin el menor atisbo de imparcialidad o legalidad. Hay un patrón que está ampliamente documentado y que se repite una y otra vez, en el que se aprecia con claridad esta ausencia total de garantías.
Dado que regía el estado de guerra –que se mantuvo hasta 1948–, toda España quedaba sometida a la jurisdicción militar, por lo que los jueces eran militares del bando vencedor. También lo eran los encargados de la defensa de los procesados –que, por supuesto, no elegían ellos, sino sus captores–, siempre oficiales de menor rango sin formación ni experiencia legal alguna, subordinados jerárquicamente al juez y al fiscal. A los reos se los juzgaba en grupos de veinte o treinta, pese a que ni las personas ni los delitos que se les atribuían guardaban relación entre sí.
Las evidencias de que esto era así son innumerables. Entre los muchos casos que recoge Paul Preston en El holocausto español (2011), se encuentra el de un ferroviario juzgado por delitos de sangre al que se condenó con el siguiente argumento: “Si bien se ignora su intervención directa en saqueos, robos, detenciones y asesinatos, es de suponer que haya tomado parte en tales hechos por sus convicciones”.
La población femenina represaliada lo fue desde un doble prisma: por ser vencida y por ser mujer. El ingreso en la esfera pública que protagonizó durante la II República, con la conquista de derechos sociales y políticos, fue duramente castigado por el régimen de Franco. Un régimen, desde su origen, totalmente contrario en su ideología reaccionaria y conservadora a la incorporación de la mujer en un plano igualitario al hombre. El ideal católico y conservador de lo que “debía ser una buena mujer”, dedicada al cuidado del hogar y subyugada al Estado-Hombre, demonizó esos intentos de empoderamiento femenino republicano, de forma que los sublevados represaliaron, castigaron y criminalizaron ese nuevo modelo de fémina. Es así que puede entenderse que la mujer fue sujeto y objeto de la represión.
Las causas de estas condenas, los delitos de Rebelión por los que fueron acusadas, mostraban esa intencionalidad represiva de los tribunales, condenando, dependiendo del grado de participación, determinadas acciones que identificaban a la mujer con el ideal republicano: acudir a manifestaciones durante la República, estar afiliadas o simpatizar con partidos y sindicatos de izquierda, participar en acciones de los Comités de Defensa, la vinculación a hombres con cargos de responsabilidad política republicanos o “incitar a los hombres a la revolución”; relacionando esta última acusación con la parte emocional que se impuso como propia del género.
Cárceles franquistas
Los datos sobre presos en la inmediata posguerra son confusos. Suele citarse el número de 270.000, correspondiente al año 1940, que en 1954 dio el Ministerio de Justicia a una comisión internacional. Pero esto no incluía a los 100.000 que estaban a la espera de juicio ni a los que integraban los batallones de trabajo. En cualquier caso, el sistema penitenciario se encontraba colapsado y las cárceles superaban en diez o quince veces el número de internos previsto.
En la prisión Modelo de Valencia, con capacidad para 528 personas, llegaron a hacinarse 15.000 presos en algunos meses de 1939 y 1940. En la cárcel de Ciudad Real, pensada para 100 internos, hubo, según las fechas, entre 1.300 y 2.200 personas (por allí pasaron 19.000 entre 1939 y 1943, de las cuales más de 2.000 fueron ejecutadas). Las condiciones del cautiverio eran terroríficas en toda España. La altísima mortalidad –en 1941, murieron 510 internos de la cárcel de Córdoba–, consecuencia del hambre, la falta de higiene y las enfermedades, hizo que la población carcelaria descendiera con rapidez (los datos oficiales registraban un disparatado número de ataques al corazón).
Las mujeres reclusas por motivos políticos en la posguerra sufrieron, además de hacinamiento, malnutrición y enfermedad, la violencia sexual de los carceleros. En la imagen, Inma Cuesta en La voz dormida (2011, Benito Zambrano), sobre la novela de Dulce Chacón. Foto: Alamy.
Las mujeres sufrieron de forma especial. En la cárcel de Ventas, en Madrid, planeada para 500 reclusas, llegó a haber más de 14.000, con doce por celda individual. Además del hacinamiento, la malnutrición y la enfermedad, las presas sufrían la violencia sexual de sus carceleros (violaciones constantes). Muchas estaban embarazadas o tenían con ellas a sus hijos pequeños, que vivían en condiciones infrahumanas. Pero solo podían estar allí los menores de tres años; aquellos que superaban esta edad se quedaban fuera con familiares, si los había, o directamente en la calle.
Población destinada al exilio o a campos de concentración
Una de las consecuencias de la guerra, fueron los prisioneros albergados en campos de concentración. En 1938 había en España 170.000 prisioneros, tras el final de la guerra la población reclusa oscilaba entre las 367.000 y las 500.000 personas. Durante los primeros meses de guerra, cada comandante militar de cada provincia y cada general al mando de una unidad fueron abriendo campos en el territorio de su influencia. Solo a partir de julio de 1937, con la creación de la Inspección General de los Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP) por parte de Franco se comenzó a "centralizar la gestión". El impacto de esta orden de Franco fue limitada.
Una de las consecuencias de la guerra, fueron los prisioneros albergados en campos de concentración. En 1938 había en España 170.000 prisioneros, tras el final de la guerra la población reclusa oscilaba entre las 367.000 y las 500.000 personas. Durante los primeros meses de guerra, cada comandante militar de cada provincia y cada general al mando de una unidad fueron abriendo campos en el territorio de su influencia. Solo a partir de julio de 1937, con la creación de la Inspección General de los Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP) por parte de Franco se comenzó a "centralizar la gestión". El impacto de esta orden de Franco fue limitada.
Según el autor Carlos Hernández en su obra Los campos de concentración de Franco existieron 296 campos de concentración repartidos por todo el Estado con Andalucía y la Comunidad Valenciana a la cabeza de este ránking de la infamia. El primero de ellos, de hecho, se abrió apenas 48 horas después del golpe de Estado del 17-18 de julio en Zeluán, a unos 25 kilómetros al sur de Melilla, en el antiguo protectorado de Marruecos, donde comenzó el golpe.
Una de las grandes misiones para las que se constituyeron los campos de concentración fue la «reeducación» de los internos, al menos de los considerados «recuperables» para la causa nacionalista. Para ello se utilizaron técnicas de sometimiento, humillación, propaganda y lavado de cerebro con el fin de lograr la progresiva deshumanización de los cautivos. Cada día eran obligados a formar un mínimo de tres veces, cantar el «Cara al sol» y otros himnos franquistas, así como saludar al modo fascista.
En 1946, diez años después del comienzo de la Guerra Civil, todavía estaban operativos 137 campos de trabajo y 3 campos de concentración, en los que estaban acogidos 30.000 prisioneros políticos. Siendo el de Miranda de Ebro (Burgos), el último campo de concentración clausurado en 1947. Los brigadistas internados en San Pedro de Cardeña fueron obligados a participar en estudios seudocientíficos preparados por Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares del Ejército de Franco y conocido como el Mengele español. En esta labor fue ayudado por dos médicos, un criminólogo y dos asesores científicos alemanes. Durante meses, los prisioneros sujetos a investigación fueron fotografiados, sometidos a la medición del cráneo y de otras partes del cuerpo, a pruebas de estrés y cuestionarios personales y de inteligencia.
![]() |
Campos de concentración de la represión franquista (1936-1947) |
Durante los primeros meses del conflicto provocaron desplazamientos de población como consecuencia de la batalla del Norte, periodo durante el cual cerca de 200.000 personas cruzaron a Francia, de las cuales 165.000 regresaron a España para reincorporarse a la zona republicana. Desde entonces Francia recogería un goteo de exiliados hasta que en los últimos momentos de la guerra, con la caída de Cataluña, se produjera la gran oleada en la que pasaron a Francia otras 350.000 personas.
En los días siguientes al cese de hostilidades y final de la contienda, desde Alicante, zarparon unas 15.000 personas, la mayoría con destino al norte de África y la Unión Soviética. En total se calcula que fueron unos 450.000 personas las que permanecían exiliadas en la primavera de 1939, inmediatamente después de acabada la Guerra Civil, de ellas, casi la totalidad, 430.000, lo estaban en Francia, confinadas, en su mayoría, en campos de concentración habilitados para acogerlas, según el historiador Javier Tussel 1999 V. III. Cap. El exilio y el comienzo de la posguerra en el interior.
Más de 9.000 españoles fueron enviados a campos de concentración en Alemania, principalmente a Mauthausen, pero también a otros, como Auschwitz, Sachsenhausen, etc. de los cuales únicamente lograron sobrevivir unos 2.000 republicanos. Entre 30.000 y 40.000 españoles serían enviados a campos de trabajo en Alemania.
Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los refugiados que permanecían en Francia se incorporaron a unidades militares para combatir el nazismo y unos 10.000 refugiados, se integraron en la resistencia jugando un papel importante en la lucha contra la ocupación alemana y la liberación de París con ‘la Nueve’. El exilio republicano permanente se cuantifica en 200.000 exiliados, los ‘transterrados’ que nunca pudieron volver a su patria.
El sistema de trabajo esclavo del franquismo
Aunque el trabajo forzado de los presos era algo corriente desde el golpe de Estado, la construcción del Valle de los Caídos será una de las primeras grandes obras en utilizar mano de obra esclava de forma masiva. Franco quería un gran mausoleo, un monumento a la altura de la cruzada que acababa de acometer, y apenas esperó para ponerlo en marcha. El 1 de abril de 1940, en el primer aniversario de la victoria, se ordena el comienzo de las obras mediante decreto. El documento no deja lugar a dudas sobre el propósito, Franco quiere homenajear a los que han caído combatiendo a su lado: “Lugar perenne de peregrinación, en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposan los héroes y mártires de la Cruzada”.
En un panfleto publicado a finales del 39 y que había titulado “La solución de España al problema de los presos políticos”, el jesuita sienta las bases de lo que será su labor al frente del Patronato de Redención de Penas por Trabajo: “es muy justo que los presos contribuyan con su trabajo a la reparación de los daños a que contribuyeron con su cooperación a la rebelión marxista”. Del Pulgar va a hacerles pagar.
El funcionamiento del Patronato era sencillo: las empresas y los entes públicos solicitaban presos para trabajar y los responsables decidían la cantidad que les adjudicaba y la cárcel de donde eran seleccionados. El Archivo General de la Administración conserva los libros de actas que elaboró el Patronato entre 1940 y 1960, donde se detallan los presos adjudicados, el lugar de destino y la labor que van a realizar. Sin embargo, estos datos todavía no se han vaciado de forma sistemática, por lo que los investigadores que trabajan sobre el tema han recurrido a las Memorias de la Dirección General de Prisiones. Las investigaciones muestran que había empresas de todo tipo, incluido pequeño comercio y particulares que solicitan una criada para el servicio doméstico.
Mientras trabajaban, eran encerrados en colonias penitenciarias, en destacamentos penales, o en las propias cárceles. Para tener una imagen general del sistema de encierro, a estas colonias penitenciarias habría que sumarlas a la existencia de campos de concentración destinados al internamiento y la clasificación de los prisioneros de guerra.
Las cifras y la extensión de esta práctica a todos los sectores de la economía muestran que el sistema de trabajo esclavo no fue algo puntual, sino uno de los pilares claves de la economía franquista. Según los historiadores que han trabajado en esta cuestión, la mayor cantidad de presos fueron destinados a infraestructuras y obras públicas, como la construcción de vías férreas, carreteras, canales, cárceles y minas. Un ejemplo es la construcción de la cárcel de Carabanchel en Madrid, donde se sabe que en 1946 había 956 presos trabajando, aunque no se dispone de más datos sobre otros años.
En El Valle de los Caídos: Una memoria de España, una de las investigaciones más detalladas sobre la construcción del monumento, el historiador Fernando Olmeda no se atreve a dar cifras sobre la cantidad de presos que trabajaron en el Valle de los Caídos debido a la dificultad para conocer estos datos. Según las Memorias de la Dirección General de Prisiones, se trataría de unos 500 presos al año entre 1943 y 1950, aunque hay años en los que ni siquiera aparecen cifras.
Las obras fueron adjudicadas a tres constructoras, Banús, Molán y San Román, y los propios directivos se paseaban por las cárceles para seleccionar a los internos. Teodoro García Cañas, preso en la cárcel de Ocaña, recordaba en el libro “Esclavos por la patria” cómo Juan Banús examinaba personalmente los dientes y los músculos de los presos para escoger a los que pudiesen aguantar mejor. Muchos no lo hicieron. A las muertes por las malas condiciones de trabajo y el agotamiento se sumaron las que produjo la silicosis por las obras en las criptas.
Los presos se redimían no solo ante la patria, sino también ante Dios. A cambio de su trabajo, el Patronato había establecido un sistema de reducción de condenas y una paga económica cuyo objetivo era mostrar que era posible volver al buen camino y obtener el perdón. Sin embargo, lo cierto es que apenas se cumplieron. El sistema penitenciario de Cuervo Radigales estaba basado en la arbitrariedad y la tortura sistemática de los internos, a los que se aplicaban medidas como una política de dispersión constante que Radigales bautizó como “turismo penitenciario”. En cuanto al sueldo, se estableció un pago de 2 pesetas diarias de la que el Estado descontaba 1,5 para gastos de manutención.
Los 'topos' del franquismo: retrato de los españoles que se enterraron en vida para huir de la dictadura
Tras la Guerra Civil, fueron muchas las víctimas que se tuvieron que ocultar en agujeros, pasos subterráneos, estrechos pasillos y otros lugares imposibles durante décadas para escapar del destino fatal que les impuso la dictadura. Vencidos, quedaron marcados por las terribles experiencias de la Guerra; de quienes no tuvieron que cruzar ninguna frontera para sentirse extranjeros dentro de su propio país, extraños de sí.
La posguerra significó una prolongación del conflicto que se concretó en una dura represión cuyo objetivo era la eliminación total, “desinfección”, de cualquier elemento disidente, una implacable inquisición contemporánea que arruinó la existencia de muchos españoles
Los topos también fueron víctimas del franquismo y pocas veces se les contabiliza. En la película se denuncia el horror que supusieron los cuarenta años de terrorismo de Estado. Fue ese terror el que mantuvo a miles de hombres aprisionados en verdaderos zulos construidos por ellos mismos. Algunos hasta 30 años. Ningún preso estuvo tantos años encerrado y en tan deplorables condiciones. El paso del tiempo se vive a través de las noticias que llegan por la radio: el final de la contienda con el triunfo del golpismo sobre la democracia, la segunda guerra mundial como continuación internacional del conflicto entre el fascismo y las democracias, la esperanza en que victoria de los aliados implicara el fin del fascismo, los pactos entre el fascismo franquista y el capitalismo aliado… Y las sucesivas amnistías del franquismo que en realidad fueron trampas mortales para los defensores de la democracia. En varias ocasiones se anunciaron amnistías para todas las personas que no habían cometido delitos de sangre, y muchos exiliados fueron detenidos en las fronteras, acusados sin pruebas de todo tipo de delitos y encarcelados o asesinados. Mucha gente no salió ni volvió a España hasta cerciorarse que había muerto Franco y se había reinstaurado la democracia.
Fosas comunes: desaparecidos y olvidados en la geografía española
Las cifras oficiales (Ministerio de Justicia) registran 2.567 fosas comunes en España. Se contabilizan ya 58.000 víctimas. Se calcula que puede haber más de 114.000 desaparecidos.
Andalucía (sur del país) es un cementerio de fusilados (546 fosas, 6.667 muertos); Aragón (en el flanco noreste del país) cuenta 598 fosas y 12.988 muertos.
Todas y cada una de las 17 comunidades autónomas del país marcan en su geografía puntos donde fueron abandonados los cadáveres de las víctimas del franquismo. No sólo los que cayeron durante la guerra, sino los que fueron ejecutados durante la dictadura.
En Madrid hay, según el Ministerio de Justicia, 54 fosas comunes. Se han contabilizado 12.116 muertos. Muchas de las fosas aún no se han abierto o, como se dice con la nomenclatura oficial, no se han “dignificado”. En Cataluña hay 153 fosas y 8.012 muertos. En Asturias, 381 fosas y 5.416 muertos. Hay un mapa oficial para buscarlas y averiguar en qué estado se encuentra
Pero aquí no aparecen muchos de los muertos encontrados por la ARMH, que tiene documentación que nunca dará al Estado, hasta que haya una política y un organismo que realmente quiera investigar y esclarecer y juzgar.
Muchas referencias se han perdido, porque la mayoría de testigos de aquéllos momentos han muerto.
Si hacemos caso a estas cifras, a finales de 2021 se habían exhumado totalmente 326 fosas; sobre 899 no se ha intervenido; 496 han sido trasladadas al Valle de los Caídos y del resto, más de 2.200, no se especifica absolutamente nada. Así, solamente el 8,4 % de las fosas registradas por el Estado han sido exhumadas totalmente.
Los datos oficiales difieren de los recogidos en el informe Las exhumaciones de la Guerra Civil y la dictadura franquista 2011-2019. Aquí se cuenta que ya se han exhumado 785 fosas comunes. El número de víctimas totales sería mucho mayor al que se tiene contabilizado.
Las exhumaciones comenzaron en el año 2000. Entonces se abrieron dos fosas. En 2009, 88. Fue el año que más exhumaciones se produjeron. A la sombra de la Ley de Memoria Histórica aprobada por el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. La Ley de Memoria Democrática se asienta sobre esta.
![]() |
fosas Comunes en España |
La presencia del franquismo
En Madrid, al lado del Palacio de La Moncloa, residencia oficial de los presidentes de gobierno, se levanta el Arco del Triunfo. Enclavado en la Ciudad Universitaria, uno de los terrenos con los enfrentamientos más duros de la Guerra Civil en la batalla de Madrid, simboliza el triunfo de Franco.
![]() |
Arco de Triunfo . Moncloa, Madrid |
Es uno ejemplo de los más de 5.596 vestigios del franquismo que según la Fundación Jesús Pereda, del sindicato Comisiones Obreras, hay en España. Otro es el Valle de los Caídos, que la nueva ley cambiará de nombre y donde estuvo enterrado Franco hasta 2019.De estos símbolos catalogados en el sitio deberia desaparecer se indica que 4.614 se encuentran en espacios privados y 982 en espacios públicos.
Hay aún 611 calles en España que recuerdan a personajes del franquismo o eventos vinculados con el golpe de estado de 1936. Golpe de Estado será, además, como se llamará oficialmente, por la nueva Ley, a lo que hasta ahora eufemísticamente se ha denominado en algunos ámbitos levantamientos o sublevación. Hay 290 placas en las que se recuerda a los caídos del bando nacional, placas donde es habitual leer un encabezamiento -”Caídos por Dios y por España”-, seguido de los nombres y con una última línea: ¡Presentes!
Cuelgamuros: La mayor fosa común de la península
Para la inauguración del Valle de los Caídos, Franco escogió otro aniversario de la victoria militar, el de 1959. Aunque en un primer momento se había decidido que solo fuesen enterrados allí los héroes del bando sublevado, en 1958 el régimen cambia de idea: una carta del ministro de Gobernación de ese año especifica que las inhumaciones se harán “sin distinción del campo en el que combatieron”. El lugar nunca dejó de ser un monumento a la victoria franquista, pero se decidió trasladar allí cadáveres procedentes de fosas comunes de prácticamente toda la península, sin tener en cuenta de dónde procedían ni avisar a sus familiares.
La enorme cantidad de traslados, que se prolongaron hasta 1983, convirtieron al Valle de los Caídos en la mayor fosa común de España, con 33.833 cuerpos. De ellos, 12.410 permanecen todavía hoy sin identificar. Aunque las fosas fueron declaradas de titularidad estatal en 2007, el acceso a ellas depende de la Iglesia gracias a los acuerdos de 1979 con el Vaticano, y esta ha utilizado esa potestad para negarse a que se efectuasen las identificaciones incluso cuando había sentencias judiciales favorables a los familiares, como sucedió en 2017 con el caso de Manuel y Ramiro Lapeña.
Estos acuerdos, que tienen el carácter de tratado internacional y por tanto están por encima de las leyes nacionales, son el principal obstáculo que afronta el gobierno para trasladar los restos de Franco. Sin embargo, el destino del monumento abre también otros interrogantes. Uno de ellos es el de su posible conversión a un memorial de las víctimas de ambos bandos, como recomendó el Comité de Expertos nombrado por Zapatero en 2011. La conversión parece complicada para un monumento que desde el principio tuvo clara su finalidad y que ha continuado siendo un lugar de homenaje el franquismo hasta ahora. Pero además, exige responder a preguntas como la financiación de su restauración, cuyo coste se estima en unos 13 millones de euros por el enorme deterioro que sufre el monumento.
En 2011, Joan Tardá propuso en el Congreso que estos costes corriesen a cargo de las empresas que se habían enriquecido con la mano de obra esclava. Para ilustrar su argumentación, utilizó una fotografía de las obras en la que se podía ver un cartel de la constructora Huarte, que después formaría la actual OHL. En el reverso de la foto, una anotación indicaba la necesidad de borrar el cartel para que no se asociase con la empresa. En realidad, la participación de Huarte en las obras se produjo de forma más tardía, en 1950, cuando según los datos de la Dirección General de Prisiones ya no había trabajo esclavo. No obstante, como señalaron los colectivos de memoria histórica de Navarra cuando le concedieron la Medalla de Oro de Navarra a Félix Huarte, la complicidad de este con la dictadura había sido enorme y se cree que utilizó trabajo esclavo en otras obras, como la construcción del aeródromo de Ablitas.
Huarte no fue la única. Las grandes fortunas del IBEX 35, construidas a base de trabajo esclavo, no querían dejar rastros de su pasado. OHL no era la única, como descubrieron las investigaciones del Financial Times en 2003 y La Marea en 2014, muchas otras grandes empresas también habían construido su fortuna gracias a los trabajos forzados, desde mineras como Norte o Duro a constructoras como Acciona y ACS o energéticas como Iberdrola o Gas Natural Fenosa.
Todas coincidieron en negarse a dar explicaciones y proporcionar información sobre ese asunto. El sistema creado por Pérez del Pulgar y Cuervo Rodigales seguía generando beneficios muchos años más tarde.
Para la inauguración del Valle de los Caídos, Franco escogió otro aniversario de la victoria militar, el de 1959. Aunque en un primer momento se había decidido que solo fuesen enterrados allí los héroes del bando sublevado, en 1958 el régimen cambia de idea: una carta del ministro de Gobernación de ese año especifica que las inhumaciones se harán “sin distinción del campo en el que combatieron”. El lugar nunca dejó de ser un monumento a la victoria franquista, pero se decidió trasladar allí cadáveres procedentes de fosas comunes de prácticamente toda la península, sin tener en cuenta de dónde procedían ni avisar a sus familiares.
La enorme cantidad de traslados, que se prolongaron hasta 1983, convirtieron al Valle de los Caídos en la mayor fosa común de España, con 33.833 cuerpos. De ellos, 12.410 permanecen todavía hoy sin identificar. Aunque las fosas fueron declaradas de titularidad estatal en 2007, el acceso a ellas depende de la Iglesia gracias a los acuerdos de 1979 con el Vaticano, y esta ha utilizado esa potestad para negarse a que se efectuasen las identificaciones incluso cuando había sentencias judiciales favorables a los familiares, como sucedió en 2017 con el caso de Manuel y Ramiro Lapeña.
Estos acuerdos, que tienen el carácter de tratado internacional y por tanto están por encima de las leyes nacionales, son el principal obstáculo que afronta el gobierno para trasladar los restos de Franco. Sin embargo, el destino del monumento abre también otros interrogantes. Uno de ellos es el de su posible conversión a un memorial de las víctimas de ambos bandos, como recomendó el Comité de Expertos nombrado por Zapatero en 2011. La conversión parece complicada para un monumento que desde el principio tuvo clara su finalidad y que ha continuado siendo un lugar de homenaje el franquismo hasta ahora. Pero además, exige responder a preguntas como la financiación de su restauración, cuyo coste se estima en unos 13 millones de euros por el enorme deterioro que sufre el monumento.
En 2011, Joan Tardá propuso en el Congreso que estos costes corriesen a cargo de las empresas que se habían enriquecido con la mano de obra esclava. Para ilustrar su argumentación, utilizó una fotografía de las obras en la que se podía ver un cartel de la constructora Huarte, que después formaría la actual OHL. En el reverso de la foto, una anotación indicaba la necesidad de borrar el cartel para que no se asociase con la empresa. En realidad, la participación de Huarte en las obras se produjo de forma más tardía, en 1950, cuando según los datos de la Dirección General de Prisiones ya no había trabajo esclavo. No obstante, como señalaron los colectivos de memoria histórica de Navarra cuando le concedieron la Medalla de Oro de Navarra a Félix Huarte, la complicidad de este con la dictadura había sido enorme y se cree que utilizó trabajo esclavo en otras obras, como la construcción del aeródromo de Ablitas.
Huarte no fue la única. Las grandes fortunas del IBEX 35, construidas a base de trabajo esclavo, no querían dejar rastros de su pasado. OHL no era la única, como descubrieron las investigaciones del Financial Times en 2003 y La Marea en 2014, muchas otras grandes empresas también habían construido su fortuna gracias a los trabajos forzados, desde mineras como Norte o Duro a constructoras como Acciona y ACS o energéticas como Iberdrola o Gas Natural Fenosa.
Todas coincidieron en negarse a dar explicaciones y proporcionar información sobre ese asunto. El sistema creado por Pérez del Pulgar y Cuervo Rodigales seguía generando beneficios muchos años más tarde.
1 de abril, año de la derrota, inicio de la represión
nos detuvieron, nos raparon, nos humillaron, nos torturaron
y nuestras voces silenciaron, callaron y amordazaron
bajo las botas del fascismo, el cacique, el ejército la religión
Cuarenta años de dictadura fascista, de humillación
de dolor, persecuciones y torturas, de silencios, miradas gachas y silencios sepulcrales
de muertes, represiones y cunetas, de miedo y sumisión
de camisas azules, caciques, sotanas, carlistas, fascistas y botas militares
En este país con ejército Rojo cautivo y desarmado
bajo el imperio de la cruz y la espada
que dejó una España mutilada
de heridas que aún no han cicatrizado
No olvidamos a todos aquellos que dieron su vida
por defender la democracia y la libertad,
ambas mutiladas y vendidas
en el mercado de la ignorancia y la necedad
a todos aquellos perseguidos
a todos los que fueron torturados
a todos aquellos que fueron vencidos
nada ni nadie ha sido olvidado
en cada lucha os seguimos recordando
y estáis siempre con nosotros presentes
en cada lucha y cada frente
seguimos en pie, seguimos luchando
por todos aquellos que sufrieron en silencio, callados
por todos aquellos señalados por los vencedores
recordando quienes fueron los perdedores
y quienes los vencidos y derrotados
Abuelos, no olvidamos ni perdonamos
reprimidos y enterrados en fosas comunes y cunetas
seguiremos combatiendo al igual que antaño
en el frente y en las barricadas
en el frente y en las barricadas
os recuerdan vuestras hijas y vuestras nietas
siempre en la memoria aquí seguimos y aquí estamos
recordándolos ,ahora y siempre como antaño
en cada lucha, en cada batalla librada
recordándolos ,ahora y siempre como antaño
en cada lucha, en cada batalla librada
TAMBIÉN PUBLICADO AQUÍ http://cli-as.org/1-de-abril-ni-olvido-ni-perdon/
ResponderEliminarNunca comentan sobre los bebés recién nacidos de madres #rojas#, que los daban en adopción y a la familia le decían que había muerto
ResponderEliminarEn los cajoncitos había piedras, es terrible como todo lo de Franco