jueves, 21 de febrero de 2019

BARUCH (BENEDICTUS) SPINOZA 1632-1677

Todos cuantos entienden la filosofía como libertad de pensamiento y espíritu crítico, sin duda, consideran a Spinoza como su mejor representante. Declarado impío por todas las Iglesias, incluso su propia comunidad, además, su familia judía, fue expulsada de España y debió emigrar a los Países Bajos. Ahí, no desistió en su obstinada y tranquila búsqueda de la sabiduría, ahí solo cambió su apellido Espinosa por Spinoza. Su lucidez, entendida como su rechazo a ampararse al abrigo de la trascendencia, y el rigor inexorable de su razonamiento, ha sido considerada odiosa por unos y necesaria por todos aquellos que ensalzan su búsqueda de la bienaventuranza.

Spinoza cursó estudios de teología y comercio en la escuela judía, donde aprendió hebreo y conoció el Talmud, pero en la escuela latina de Van don Enden descubrió la filosofía y las investigaciones científicas cartesianas. Testigo de la lucha entre republicanos y partidarios de los Orange, tomó partido por la república de Juan de Witt. En 1656 fue excomulgado por los rabinos de la comunidad judía y rechazado por sus familiares. Entonces, para subsistir, Spinoza aprendió a pulimentar el vidrio de óptica, tarea que no dejó durante el resto de su vida.

BARUCH (BENEDICTUS) SPINOZA 

La filosofía de Spinoza

La propuesta filosófica de Spinoza comparte con los otros ejemplos de filosofía racionalista al menos cuatro tesis
  • La primacía de la razón (en el doble sentido ya destacado: como facultad superior del hombre y como orden, armonía, proporción, coherencia e inteligibilidad, etc.).
  • La prioridad del conocimiento matemático (enlazado con una física mecanicista en la que las leyes explicativas del movimiento de los cuerpos materiales son leyes causales traducibles al lenguaje cuantitativo de la matemática).
  • El conocimiento como un orden deductivo (los conocimientos –las verdades- tienen que estar encadenados unos a otros: las verdades deducidas unas de otras –solo así se logra un conocimiento demostrado, demostrativo, y por ello sólido y firme; este es el motivo por el que su principal libro –titulado Ética- fue redactado “more geometrico”, es decir, imitando en su composición los tratados de geometría –siendo la geometría por lo tanto el modelo de conocimiento deductivo).
  • El fundamento último, el principio primero, es “Dios”: es la substancia primordial, originaria, principal. Sin embargo, y esto es importante destacarlo, el concepto de “Dios” que planteó este autor se opone al proporcionado tradicionalmente por el cristianismo.
Las principales influencias que convergen en Spinoza son: elementos de la tradición judía (por ejemplo, la obra de Gaon Saadía), el neoplatonismo renacentista (Nicolás de Cusa, Giordano Bruno), la filosofía de Descartes (Spinoza recoge aspectos del cartesianismo aunque siempre modificándolos enormemente –por ejemplo: Descartes defendía que hay tres substancias, Spinoza recoge la idea de substancia pero subraya que solo hay una substancia, etc.).

Spinoza comienza la exposición de su sistema filosófico ofreciendo una definición de “Dios” (o sea, de la “esencia” de Dios) y afirmando su necesaria existencia (Dios existe siendo “causa de sí mismo” –causa sui, en latín-, pues no hay ninguna causa anterior o superior a la de la substancia absoluta). Una substancia se define en su esencia por sus atributos (es decir, por sus propiedades esenciales). Siendo Dios una substancia infinita los atributos de Dios son también infinitos, a pesar de eso –explicable por el inmenso poder de la substancia divina- nosotros solo conocemos dos atributos de los innumerables que la definen: el “pensamiento” y la “extensión” (y conocemos esos dos atributos porque nosotros –y nuestro mundo- somos un “cruce” de ambos).

La filosofía de Spinoza es “teocéntrica”, pero lo es de un modo muy distinto al teocentrismo occidental modelado y modulado predominantemente desde el Cristianismo. En primer lugar –y esto es insólito, una novedad intelectual de enorme relevancia- Spinoza rechaza la idea misma de “creación”: todo, nos dice este autor, procede de “Dios” pero esto no implica que sea una arbitraria “creación” suya (por otro lado el creacionismo teológico implica o supone una radical diferencia entre Dios y sus criaturas –pero esto es algo que Spinoza considera erróneo: lo que procede de Dios es de algún modo una parte o un aspecto suyo –y no algo “ajeno” o “externo”). Por otra parte, completando esta tesis, Spinoza sostiene que Dios no es otra cosa que la propia “Naturaleza”: la teología de este autor es pues “naturalista” –y así rechaza el “espiritualismo” de las religiones al considerarlo una fuente de engaños supersticiosos que explotan las debilidades humanas: inducen temor y luego lo compensan ofreciendo esperanza, por ejemplo, prometiendo una ilusoria vida ultraterrena, etc.

Teoría del Conocimiento

La teoría del conocimiento de Spinoza sostiene lo siguiente: el “pensamiento”, en una acepción general, es uno de los infinitos atributos de la única substancia (Dios, o sea: la Naturaleza). Y el entendimiento humano –la facultad destinada a conocer la realidad en su verdad propia- es un modo de ese atributo de la substancia divina (o natural, pues lo divino y lo natural son lo mismo). Spinoza conecta expresamente el conocimiento de la verdad con la felicidad; es decir, es el conocimiento lo que conduce al logro de la meta principal de la vida humana: conseguir la perfección en el desarrollo del conjunto de sus facultades, capacidades o potencialidades: por este motivo el principal libro de Spinoza se llama “Ética”, porque es la explicación racional del mundo –entendiendo a fondo lo que pasa o sucede en él- la que en definitiva proporciona la felicidad (la verdad está pues conectada con la virtud, con el bien).

El entendimiento humano conoce el mundo externo a través de sus ideas (esta teoría del conocimiento es pues “representacionista”: el cognoscente representa el mundo en las ideas de su entendimiento). ¿Cuándo es verdadero el conocimiento alcanzado por el entendimiento humano? Cuando consigue obtener, según un complejo proceso, ideas verdaderas (intuidas con claridad y distinción) que sean a la vez ideas adecuadas (es decir: que notifiquen ellas mismas –siendo “index sui”- que son ideas de la esencia de lo conocido).

Por otra parte, en el conocimiento verdadero de la idea adecuada sucede lo siguiente: el orden y conexión de las ideas (en el entendimiento, en el cognoscente) expresa y refleja el orden y conexión de las propias cosas conocidas (ambos planos discurren, pues, según un pleno y perfecto paralelismo, en una completa armonía –un orden racional). El conocimiento de la física articulado según patrones matemáticos –aritméticos y geométricos- es un perfecto ejemplo de conocimiento según ideas que son a la vez verdaderas y adecuadas.

Vayamos ahora, en primer lugar, con las consideraciones morales de Spinoza, y después con su teoría política.

Teoría Moral 

En su teoría moral –referida a las costumbres de la vida social, esa vida en la que los seres humanos interactúan y se vinculan en el seno de instituciones- Spinoza rechaza la absolutización de la libertad humana (la voluntad de los seres humanos no es todopoderosa, es limitada). La libertad de los seres humanos, por lo tanto, es una parte o un aspecto del orden del mundo (y no una excepción, algo ajeno a ese orden). La conducta de los hombres y las mujeres, por ello, está siempre motivada, causada; en base a esto destaca Spinoza la enorme relevancia de las pasiones, loa afectos, los sentimientos, las emociones. El ser humano está marcado en su raíz por su deseo (conatus), él es la guía de sus acciones, de sus conductas. El deseo primario es la autoconservación y el deseo último –y por eso el deseo superior- es el anhelo de perfección, el anhelo de una vida plena y dichosa, el desarrollo de lo propio de cada uno, el logro, en definitiva, de la felicidad. Una clave en este complicado y arduo proceso de consecución de una vida feliz se encuentra en la sustitución de las pasiones tristes (el odio, el temor, el orgullo, la soberbia, etc.) por las pasiones alegres (la empatía, el amor, etc.). Otra clave de la felicidad se localiza, como ya se ha señalado, en la obtención del conocimiento verdadero: la felicidad es, por esto, inseparable de entender en qué consiste y cómo se concreta el orden del mundo (así la sabiduría es parte central de la felicidad, de la plenitud vital –el sabio además es inmune a las ilusiones de la religión que promete una falsa felicidad ubicada fuera de este mundo, en un mundo fantasmal y etéreo).


Teoría Política

La teoría política de Spinoza se apoya en su filosofía “naturalista”: el orden político es, así, un aspecto o un nivel peculiar de la propia organización (racional) de la Naturaleza (“Dios”). Su tesis central es la siguiente: los ciudadanos, agrupados en sociedad, acuerdan o pactan –como si firmaran juntos un contrato- delegar o ceder su poder propio a un Estado ordenado jurídicamente (a un “Estado de Derecho”). Lo peculiar de su propuesta es la firmeza con la que rechaza el absolutismo político propio de la monarquía –se oponía por lo tanto a la forma de gobierno más extendida en el siglo XVII. Ilegítimamente un Rey pretende disfrutar de la máxima autoridad, ejercer un poder absoluto otorgado a su estirpe por la gracia de Dios. Pero el único poder legítimo, el único poder soberano, en último término, es el poder del pueblo (una parte del poder de la Naturaleza misma). El gobierno del Estado según las leyes del derecho obtiene pues su legitimidad y su autoridad de la sociedad, de la ciudadanía reunida por un pacto social (y cuando el gobernante se convierte en un tirano o un déspota el pueblo tiene todo el derecho a revocarlo, a despojarlo de un poder que no ha sido obtenido ni ejercido de un modo legítimo).

El punto de partida de la filosofía de Spinoza es la identificación de Dios con la naturaleza. Dios es un ser que se confunde completamente con la naturaleza, tanto si ésta ha sido creada como si se crea a sí misma. Dios es la sustancia única, de la que Spinoza dice al principio de la Ética que es "aquello cuya esencia implica la existencia, es decir, aquello que no necesita de otra cosa para ser creado", pensamiento que puede ser interpretado como ateísmo, no tanto por la negación especulativa de la existencia de Dios como por su generalización naturalista: si Dios está en todas partes, no está en ninguna. Spinoza concibe a Dios desde una perspectiva materialista que supera el dualismo cartesiano, ya que la sustancia es a la vez pensante y extensa. En el ámbito epistemológico, este planteamiento se corresponde con una concepción del alma según la cual ésta es únicamente la idea del cuerpo. El conocimiento no es, pues, la operación de un sujeto consciente(a la manera del cogito cartesiano), sino la afirmación de una idea en el espíritu. El ser humano sólo percibe efectos o signos e ignora las causas y atribuye a un Dios monarca un poder absoluto y a la conciencia un poder sobre el cuerpo. La razón es la que organiza las relaciones de composición ("nociones comunes) ideas generales que posibilitan la formación de otras ideas capaces acceder al conocimiento de las causas. Y, por el conocimiento, el ser humano accede al amor intelectual de Dios, que hace conocer por medio del entendimiento intuitivo la esencia singular en forma de eternidad, la cual no guarda relación con la noción común de inmortalidad.

Por otra parte, Spinoza trató de liberar el pensamiento político de la tutela de la teología y de la moral. Opuso 1a ética a la moral, y rechazó esta última porque significaba una desvalorización de lo real en nombre de un ideal trascendente. Lo que interesaba al filósofo Spinoza era transmitir un mensaje liberador frente a todas las servidumbres, sociales, intelectuales y morales, para que el ser humano pudiera acceder a lo más alto de sí mismo, a la plenitud de la alegría por el conocimiento, estado a lo que él llamó la bienaventuranza.

La ética es para Spinoza, una ciencia de los afectos del alma humana, que define lo bueno y lo malo, y dice que se considerará bueno aquello que conviene a la naturaleza del ser humano y malo aquello que no le conviene, afirmando que la moral es un refugio para la ignorancia y que la ley no es más que un sustituto de la inteligencia. Y agrega: la esencia del ser humano no es la razón sino el deseo (conatus) o principio de conservación del individuo. "No tendemos hacia una cosa porque la juzguemos buena, sino que la juzgamos buena porque tendemos hacia ella." El deseo precede, pues, a la razón., aunque la ley limita el poder de cada uno, con el objetivo de producir la obediencia, según un sistema de recompensas y castigos, lo que constituye una especie de religión civil; por eso, cree que la política descansa necesariamente en pasiones tristes (temor, seguridad). Es una física de las fuerzas y una química de los afectos.

Además, Spinoza declara que el derecho natural no procede de la voluntad del individuo sino de las leyes que rigen su poder de actuar; la constitución de la ciudad no es la libre creación surgida de un contrato, sino un proceso necesario que escapa a la voluntad de los individuos; el estado manda a los ciudadanos por la fuerza y no por acuerdo contractual. El punto débil de los regímenes políticos es la tiranía, que instituye como religión la muerte y la tristeza. La democracia es, por el contrario, el mejor de los regímenes políticos, porque tiende a sustituir las pasiones tristes por el amor a la libertad. Sin embargo, aunque el régimen democrático es el que más favorece el acceso al estado de razón (segundo género de conocimiento), la salvación y el acceso al tercer género sólo se consiguen por la vía individual y privada.



Las obras de Spinoza
  • Breve tratado acerca de Dios, el hombre y su felicidad (1658)
  • Tractatus de intellectus emendationes (1661/2)
  • Principios de la filosofía de Descartes, (1663)
  • Pensamientos metafísicos (1664)
  • Tractatus theologico-politicus (1670) - publicado en forma anónima-, en el que abordó la cuestión de la exégesis de la Biblia (sin el Nuevo Testamento), lo cual suscitó el anatema de las Iglesias, sobre todo de los calvinistas, y también de los rabinos, debido a su contenido y enfoque. En 1673 intentó publicar la Ética demostrada según método geométrico, empezada en 1661, pero renunció a terminarla, lo mismo que, entre 1676 1677, se dedicó a escribir el Tractatus políticas que nunca terminó.

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