viernes, 11 de diciembre de 2020

RELATOS DE MADRUGADA

Despierto de repente. No ha sonado el reloj. Desesperado, compruebo el reloj. La una de la madrugada. Demasiado pronto. Pero no tengo sueño. Llevo varios días así, sin poder dormir, despertándome de madrugada, con mucha sed, con una sensación de vacío que inunda mi ser, sensación diaria que me ahoga y me lastra.

Me voy a la ducha. Un baño seguro que me relaja. La sensación de agua caliente que se desliza como una suave lluvia sobre mi cuerpo seguro me sienta bien. Si, lo hace.

Salgo, pero sigo sin poder dormir. Demasiado tiempo antes de trabajar, demasiado tiempo con preocupaciones, con dolor y con miedo. Me voy a la cocina y me preparo un descafeinado. algo caliente seguro que me ayuda. Necesito desconectar, necesito descansar y olvidarme de todo: preocupaciones, trabajo, amigos, amor... todo se va acumulando en mi mente dejando un poso que erosiona mi calma y mi sueño y me va transformando lentamente ¿en qué? Todavía no lo sé.

Tengo problemas para conciliar el sueño. Tal vez debería medicarme o consultar con un especialista. pero seguro que no sirve de nada. Sería dinero desperdiciado y no estoy dispuesto a perder mi tiempo en algo que sé que no funcionará.

Llevo mucho tiempo así; despertándome en mitad de la noche sin saber porqué , sin saber qué lo provoca, sin saber qué pasa porque los recuerdos de lo sueños se presentes distantes, inertes, confusos, como nubes de tabaco en una humareda densa y constante.

Será que necesito un cigarro. El humo me relaja, calienta mis pulmones y, aunque sé que a la larga dejará poso en mi ser como un cáncer o una fatiga crónica lo necesito. Busco desesperadamente un pitillo. Encuentro un paquete de tabaco y está vacío. Maldición.

Camino por la casa dando tumbos, manoseando en busca de tan preciado tesoro y al final lo encuentro. solo uno pero lo necesito. Un cigarro negro, alargado, el último de un paquete ya olvidado y gastado. Me dirijo a la cocina en busca de cerillas que enciendan esta antorcha de libertad. El ruido del fósforo chocando, la llama que se dirige al cigarro que espera ser encendido se transforma lentamente en una antorcha que emita pequeñas nubes de humo. La soledad y las preocupaciones para disolverse entre las nubes de tabaco que inundan la cocina.

Mientras la ceniza va lentamente consumiéndose, el sueño vuelve a aparecer en forma de bostezos largos y párpados que no pueden mantenerse abiertos. Cojo un vaso de agua fría que me ayude a quitarme el sabor a ceniza de la boca y elimine las pequeñas partículas de humo que todavía no han entrado a mis pulmones mientras camino de vuelta a mi cama para descansar. Mañana será otro día. seguro que si.

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