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miércoles, 22 de junio de 2016

LA NOCHE

Por fin es de noche. Llevo doce horas trabajando, soportando a un aburrido jefe y a unos estúpidos compañeros. Odio sus sonrisas falsas, su servilismo, su mediocridad. Odio la rutina absurda en la que se ha convertido mi vida. Una vida que no se divide en géneros, sino que es una horrible, romántica, trágica y cómica novela esperpéntica y monótona donde no hay cabida para la imaginación ni salida a este eterno y aburrido bucle.

Vuelvo andando hacia mi casa. Por el camino, veo el otro rostro de la ciudad, ese que no sale en los panfletos turísticos, ese que no queremos ver. Por la noche salen bichos de todas clases: furcias, macarras, maleantes, drogadictos, traficantes de droga...tipos raros. Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria.

Me encuentro rodeado de cadáveres, muertos en vida deambulando por las aceras. Nada destruye más al hombre que la estupidez ignorante y la conformidad. ¿Serán sus vida perdida, será esta maldita ciudad? ¿Hay alguna escapatoria? ¿Alguna válvula de escape? ¿Alguna salida oculta? no, cuando entras en un callejón de esta maldita ciudad nunca sabes qué te vas a encontrar.

Un grupo de borrachos inicia una pelea. empiezan a gritar y se lanzan botellas y piedras. Esta ciudad esclaviza a los hombres. En un instante, puede ver dentro de tu corazón y transformar tu deseo más profundo. Ella nos devora a todos. No puedes vencerla. Nos hunde en un eterno mar donde imperan la miseria y la necedad. Y no puedes romper ese oleaje, no puede nadar contracorriente, no puede luchar contra esa marea que te ahoga e inunda tus pulmones hasta dejarte sin aire.  Esta ciudad podrida. Pudre todo lo que toca. Esta ciudad podrida. Aquellos que no puede corromper, los pudre.

Mientras camino por las silenciosas calles, la luna hace su aparición. Los ojos del corazón se acostumbran a la oscuridad e incluso la luz más suave se vuelve cegadora. La verdadera oscuridad está en nuestras almas y sale a la luz por la noche. Los humanos son de naturaleza salvaje, por mucho que intentes adornarlo, disfrazarlo.

Por fin llego a casa. Esta ciudad es un túnel sucio y pequeño, como las alcantarillas de las peores ciudades. Es una contaminación mental que va envenenando desde adentro para afuera y de repente, antes de que te des cuenta, eres un muerto viviente que no trasciende y que no crea, que no deja nada. 

La única salida del túnel es un conjunto de escalones empinados que parecen subir hasta las nubes, hacia el espacio y la nada. Cada paso que se da significa inhalar y aguantar más que ayer. La subida siempre es difícil, incluso temerosa. Pero es la única salida, una escalera al cielo, cuya única llave es el gatillo de una pistola.

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