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viernes, 4 de diciembre de 2015

EL TEATRO


CONTEXTO HISTORICO

El teatro es una de las manifestaciones culturales más antiguas y, al mismo tiempo, más enraizadas en el pueblo. El ser humano ha intentado manifestar sus sentimientos a través de la gestualización y la mímica, incluso antes de que existiera la palabra como vehículo de comunicación. La representación teatral supone, por tanto, uno de los primeros intentos del hombre para establecer una comunicación con sus semejantes.
Las representaciones teatrales han tenido sus orígenes en las manifestaciones de carácter religioso como fenómenos ceremoniosos en honor de los dioses. En la Grecia antigua se realizaban representaciones como ofrendas a las divinidades agrícolas: Baca y Ceres, atribuyéndose a Esquilo, Sófocles y Eurípides (siglo V antes de J.e.) la paternidad de la tragedia griega. Igualmente ocurría en Roma con las «Saturnalia» y otras manifestaciones teatrales en honor de sus divinidades. En la Edad Media, el teatro es utilizado por la Iglesia Católica como uno de los más eficaces medios de comunicación de masas para transmitir los mensajes evangélicos. Una prueba de ello son los famosos «Misterios», de los que todavía conservamos algunos relevantes testimonios como el «Misterio de Elche» que sigue celebrándose en el interior de un templo. Otra modalidad fueron los Autos Sacramentales, de los que el español Calderón de la Barca fue uno de los autores más representativos.

En España son muchos los casos de reconocidos escritores que han ejercido la crítica teatral como, por ejemplo, Eugenio D'Ors, Larra, Menéndez Pelayo, Mesonero Romanos, Díaz Canedo, etc. Recientemente se han incorporado a esta área de especialización periodística reconocidas firmas como Eduardo Haro Tecglen, Lorenzo López Sancho, José Monleón, Enrique Llovet y otros.

Las publicaciones españolas especializadas en teatro no han sido muy abundantes aunque, sin embargo, han tenido, por lo general, una gran calidad de contenido. El precedente, en España, de este tipo de publicaciones especializadas es El Diario de Espectáculos, editado en 1804. Hacia mediados del siglo XIX aparecen en España diversas publicaciones teatrales como Los teatros (1878), El Indicador de los Espectáculos y del Buen Gusto (1822), El entreacto (1839), Revista de Teatros (1841) El palco escénico (Barcelona, 1845), Las Candilejas (Barcelona, 1856), Boletín de Espectáculos (1885), La Gaceta Teatral Española (1892), etc. En 1891 se publica la revista Nuevo teatro crítico, fundada y dirigida por Emilia Pardo Bazán. Ya en el siglo XX se editaron, en los años 40, las revistas Máscara, dirigida por Enrique del Corral; Crítica y Reseña, y Cuadernos de teatro, editada en Córdoba por Cruz Hernández. En 1957 aparece la publicación Primer Acto, dirigida por José Ángel Ezcurra que ha tenido una gran incidencia en la actividad teatral en España. Por su parte, la editorial Edicusa publicaría distintos ensayos sobre teatro. Otras publicaciones teatrales a destacar en el panorama español de los años 70 son la revista Teatro y Espectáculos. En 1983, el Centro de Documentación Teatral del Ministerio de cultura edita la publicación especializada en teatro El Público, finalizando su publicación en diciembre de 1992.
un atrac­tivo indiscutible para la ilustración de cualquier información relaciona­da con esta manifestación cultural. Pero también, la localización de la actividad teatral, casi exclusivamente en los grandes centros en los que tradicionalmente se desarrolla, ha limitado la proyección del teatro en los programas informativos a las grandes obras o a los grandes eventos. Estos condicionantes pueden estar en los orígenes de los fracasados inten­tos de los programas de televisión dedicados al teatro.


Otro foco importante de la información teatral lo constituyen los festivales de teatro. En España se celebran anualmente dos grandes fes­tivales, en Mérida (Cáceres) y en Almagro (Ciudad Real), que convo­can la atención de los medios y de los aficionados y que constituyen dos de las manifestaciones más ricas de la actividad teatral española y en las que en ocasiones se pueden ver también espectáculos internacionales. Pero si hay una plataforma en la que se ofrece la posibilidad de apreciar las tendencias más novedosas del teatro que se hace en rudo el mundo, ésta es la del Festival de Otoño de Madrid. Aquí se dan cita las más prestigiosas compañías internacionales y se pueden ver los montajes más arriesgados, las experiencias más vanguardistas, las obras de los mejores directores y el trabajo de los grandes actores e intérpretes.

Otros focos de interés de la información del teatro, como la conce­sión de los Premios Max, que quieren ser en el teatro español como los Goya en el cine, o los tradicionales Premios Mayte, no han termi­nado de cuajar y de tener la trascendencia alcanzada por sus homólo­gos del cine.

El teatro es la más antigua manifestación de las artes escénicas, tan vie­ja como la misma civilización. Las primeras manifestaciones del teatro se registraron ya con las primeras culturas y fue en la Grecia clásica don­de floreció con mayor brillantez. Sus autores han mantenido tan extraor­dinaria vigencia a través de los siglos que aún hoy continúan represen­tándose con pocas variaciones sobre sus textos originales. El teatro, siempre en crisis y siempre en la vanguardia del arte y la cultura de un país, mantiene en toda su pureza unos valores expresivos propios, irre­petibles en otras manifestaciones similares. A lo largo de la historia ha representado los valores y las inquietudes de las sociedades en las que sus obras se ponían en escena y en sus salas se han manifestado las reac­ciones políticas, religiosas, sociales y culturales de un país con aplausos, pateos y todo tipo de actitudes, que eran la expresión misma de las inquie­tudes de esas sociedades.
En España el teatro es una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor tradición. A lo largo de la historia ha proporcionado obras y autores considerados en todo el mundo como ejemplos y guías de la van­guardia creativa en esta manifestación artística y cultural. Ha generado una edad de oro difícilmente superable, una época de la que buena parte de sus obras siguen representándose aún con sorprendente periodicidad y de la que sus autores mantienen en todo el mundo un prestigio y una veneración alcanzados tan sólo por nombres como los de Shakespeare o Ibsen. Esta tradición y este prestigio, esta riqueza que cada día se mani­fiesta en los escenarios españoles de teatro, no tiene por parte de los medios de comunicación la atención que le correspondería por su importancia y por constituir uno de los patrimonios más ricos de nuestra cultura.

El tratamiento de la información sobre el teatro en los medios escri­tos se reduce apenas a la crítica puntual de los estrenos de cada tem­porada y esta circunstancia hace que el teatro tenga sitio sólo en aque­llos medios que se publican en las ciudades que cuentan con salas de teatro, que son muy pocas si exceptuamos Madrid, Barcelona y algu­nas grandes capitales de provincia que acogen en ocasiones obras tea­trales de compañías en gira que sólo se mantienen en cartel apenas unos días. En ocasiones, estos medios publican entrevistas con algu­no de los actores o directores más populares o de las obras más sobre­salientes. El hecho de que los grandes estrenos de teatro se reduzcan casi exclusivamente a las grandes capitales y que el tratamiento que se les da desde el punto de vista mediático sea el de un espectáculo de entretenimiento, provoca que los medios de comunicación del resto del territorio nacional apenas se ocupen de informar sobre esta mani­festación cultural, dando por supuesto que sus lectores no tienen la posibilidad de acudir a las representaciones y por tanto tienen menor interés en ellas.

En la televisión, el tratamiento del teatro ha tenido una atención mayor que en la prensa debido sobre todo a que las imágenes que pro­porciona cualquier puesta en escena de una obra teatral tienen un atrac­tivo indiscutible para la ilustración de cualquier información relaciona­da con esta manifestación cultural. Pero también, la localización de la actividad teatral, casi exclusivamente en los grandes centros en los que tradicionalmente se desarrolla, ha limitado la proyección del teatro en los programas informativos a las grandes obras o a los grandes eventos. Estos condicionantes pueden estar en los orígenes de los fracasados inten­tos de los programas de televisión dedicados al teatro.

Otro foco importante de la información teatral lo constituyen los festivales de teatro. En España se celebran anualmente dos grandes fes­tivales, en Mérida (Cáceres) y en Almagro (Ciudad Real), que convo­can la atención de los medios y de los aficionados y que constituyen dos de las manifestaciones más ricas de la actividad teatral española y en las que en ocasiones se pueden ver también espectáculos internacionales. Pero si hay una plataforma en la que se ofrece la posibilidad de apreciar las tendencias más novedosas del teatro que se hace en rudo el mundo, ésta es la del Festival de Otoño de Madrid. Aquí se dan cita las más prestigiosas compañías internacionales y se pueden ver los montajes más arriesgados, las experiencias más vanguardistas, las obras de los mejores directores y el trabajo de los grandes actores e intérpretes.

Otros focos de interés de la información del teatro, como la conce­sión de los Premios Max, que quieren ser en el teatro español como los Goya en el cine, o los tradicionales Premios Mayte, no han termi­nado de cuajar y de tener la trascendencia alcanzada por sus homólo­gos del cine. 

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