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lunes, 24 de agosto de 2015

MAD MAX Y LA CRÍTICA AL CAPITALISMO SALVAJE

En un futuro apocalíptico signado por las escasez de combustible y el desorden social, las pandillas de motociclistas dominan las carreteras de Australia. Se puede apreciar un entorno desordenado y distópico. Mientras la sociedad se desmorona, una patrulla de policías conocidos como la Patrulla de Fuerza Central (MFP, Main Force Patrol en inglés) se encarga de mantener la seguridad vial. En ella se encuentra Max Rockatansky (Mel Gibson), considerado como el mejor de los patrulleros de su división. Max trabaja en un edificio de Juzgado arruinado por dentro y por fuera, que a la vez es el cuartel central de la Patrulla.
Mad Max: The Fury Road no es una secuela sino un homenaje al clásico del cine distópico, repleto de guiños hacia la primera versión.

MAD MAX: LA CRÍTICA AL CAPITALISMO

La acción se sitúa en una ciudadela poblada de hombres y mujeres apodados "media vida" por las secuelas sufridas por la radiación de las guerras nucleares que derrumbaron a la humanidad, gobernada por un caudillo militar apodado "Imnortan Joe" que controla los escasos recursos como el agua, el combustible y la leche materna.

Mad Max: Fury Road es la redefinición del imaginario de Miller para el fin del mundo, una suerte de capitalismo gore con soldados leucémicos kamikazes, prisioneros que se inyectan en vena y ninfas del desierto con cinturones de castidad dentados al son de una endemoniada banda de tambores acompañados de un ciego guitarrista con lanzallamas.

La imagen del capitalista, ridiculizada en un obeso acaparador de combustible con elefantiasis -que a bordo de un camión carrozado con una limusina Mercedes Benz desentona vestido de ejecutivo y piercings en sus pezones- completan a ese mundo como un espejo deforme de la actualidad, donde la transformación de la sociedad sobre la base social de los explotados se presenta hasta en las más adversas condiciones.

El agua como base de la dominación

Desde su ciudadela, Immortan Joe ha cambiado el nombre del agua a "Aqua Cola". Se pone de pie en lo alto, la liberación de una cantidad insuficiente de agua potable a una multitud harapienta de ciudadanos desposeídos y desfigurados.

Durante el siglo XX, la población del planeta Tierra ha aumentado en casi un 400%. El costo de tener agua lista para el consumo en nuestros hogares es muy alto, debido a que el planeta tiene sólo alrededor del 3% del agua dulce y no toda el agua puede ser utilizada por el hombre, ya que gran parte se encuentra en glaciares e icebergs. Otra razón por la que el agua es un recurso limitado es su mala distribución en todo el mundo. Hay lugares con una escasez del producto y otros en los que aparece en abundancia. Con el rápido desarrollo de la tecnología, el hombre empezó a interferir con la agresividad en la naturaleza. Para construir una represa, desvía el curso de los ríos, mantiene una cantidad elevada de agua e interfiere en la temperatura, en la humedad, en la vegetación, en la vida animal y en las personas que viven en las proximidades.


 Mad Max y el feminismo

En esta entrega, además de la gasolina y el agua, hay otros dos recursos muy preciados que escasean: la sangre (especialmente del grupo O-, como la de Max) y la leche materna. Immortan Joe es el líder de una multitudinaria secta formada en su mayor parte por seres deformes y estúpidos. Por eso utiliza a sus cinco mujeres con el único fin de procrear, para tener más hijos, a ser posibles hombres y sanos, lo cual no dista mucho de cualquier religión y secta al uso.

Si bien el patriarcado surgió mucho antes que apareciera el capitalismo, es precisamente con la aparición del último donde se refuerza y profundiza la división sexual del trabajo: el trabajo para el mantenimiento de la vida (trabajo reproductivo o del cuidado) atribuido a las mujeres, y el trabajo para la producción de los medios de vida atribuido a los hombres. Cuando aparece la producción excedentaria surge la necesidad de la acumulación de la riqueza y la división del trabajo en la familia sirvió de base para distribuir la propiedad entre hombre y mujer, como sostiene Engels “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino” .

Capitalismo y patriarcado, en última instancia forman un pareja letal para la mujer, ya que el techo de cristal económico, político y social se ve reforzado por el factor dominación del hombre, auxiliado por el capital y patriarcado.

La forma en que mujeres y hombres se relacionan entre sí a lo largo de la película señala la eterna tensión humana entre individuo y comunidad: las mujeres viven dentro del círculo de la vida; los hombres en un paisaje árido, lineal y finito.

El mensaje de Mad Max

Karl Marx ya planteó hace dos siglos que el capitalismo no podría sostenerse por su tendencia a acumular la riqueza en unas pocas personas que romperían el esquema básico de la economía (la ley de oferta y la demanda) ya que la demanda disminuiría y, aunque la oferta se mantuviera estable, el consumo sería menor lo que obligaría a bajar los precios, por lo que la riqueza generada (la plusvalía) sería menor.

Mad Max deja una buena reflexión: vivimos en un sistema consumista provocado, quizá, por las carencias materiales de anteriores generaciones debido a su bajo nivel salarial y la falta de elementos básicos como una casa, agua, libros, ropa, alimentos… Por eso, el propio sistema se basa en la educación para mantenerse, enseñando a la gente que el capitalismo es el único sistema que funciona para ser feliz.

La destrucción de la fuerza natural del hombre y de la tierra, si bien actuaban con ritmos relativamente diferentes antes del capitalismo, tiende a interrelacionarse, como veremos más adelante. Si en la segunda mitad del siglo XIX se aceleraba la tendencia a la unión entre la gran industria y la gran agricultura industrializada, en la segunda mitad del siglo XX las grandes agrobusines adquirían ya un poder sobrecogedor aunque lo peor estaba a punto de llegar con la irrupción del poder omnívoro del capital financiero desde finales de ese siglo y con la omnipotencia del capital ficticio desde el inicio del siglo XXI.

La privatización de la naturaleza responde a la objetividad ciega de la ley de la acumulación ampliada del capital en general y a la agudización de las contradicciones interimperialistas por la posesión de los cada vez más escasos recursos energéticos y materiales. Frente a esta voracidad depredadora basada en la propiedad de la naturaleza, el marxismo opone lo irreconciliablemente opuesto: la naturaleza es de ella misma y no de la burguesía. Decir que la naturaleza se pertenece a sí misma y no al capital implica que ni siquiera la humanidad concreta que existe físicamente en un momento preciso de la historia, lo que se dice «ahora mismo», ni siquiera ella es propietaria de la tierra. En el libro III de El Capital Marx escribe que: «Ni la sociedad en su conjunto, ni la nación ni todas las sociedades que coexistan en un momento dado, son propietarias de la tierra. Son, simplemente, sus poseedoras, sus usufructuarias, llamadas a usarla como boni patres familias y a trasmitirla mejorada a las futuras generaciones»

Cuando el deterioro de una situación es gradual, podemos aceptar nuestra propia destrucción como algo inevitable, las malas costumbres son las mas difíciles de cambiar. El capitalismo intenta convertir en oro, esa materia brillante y muerta, todo lo que toca y llevarlo a los bancos. Pero eso no tiene sentido. No puede durar, es cuestión de tiempo.

¿Cuál es el sueño dominante de nuestro paradigma civilizatorio que colocó el mercado y la mercancía como eje estructurador de toda la vida social? Es la posesión de bienes materiales, la mayor acumulación financiera posible y el disfrute más intenso que podamos de todo lo que la naturaleza y la cultura nos pueden ofrecer hasta la saciedad. Es el triunfo del materialismo refinado que alcanza hasta lo espiritual, hecho de mercancía, con la engañosa literatura de autoayuda, llena de mil fórmulas para ser felices, construida con retazos de psicología, de nueva cosmología, de religión oriental, de mensajes cristianos y de esoterismo. Es pura engañifa para crear la ilusión de una felicidad fácil.

Aunque algunos consideren el capitalismo más feroz una posibilidad eterna la madre tierra será la última que con su respuesta dicte sentencia. Tal y como expresa el reconocido sacerdote franciscano y teólogo de la liberación Leonardo Boff solo un nuevo paradigma en comunión con la Madre Tierra garantizará nuestra supervivencia. 

Si las tres primeras entregas fueron una alegoría a la guerra fría, la crisis del petróleo de los 70, la cultura nihilista del punk y la crítica al consumismo de los años 80, este nuevo filme nos presenta un universo en el que la humanidad, rehén de dementes que prometen un paraíso mientras privan de los más básicos recursos a su pueblo, encuentra en la figura de la mujer luchadora su única esperanza de liberación.




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