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viernes, 7 de agosto de 2015

JUEGO DE TRONOS Y LA POLÍTICA

La buena ciencia social siempre ha sabido leer los rasgos de su época por todos los rincones. No se puede explicar la situación política sin explicar la situación cultural o económica: No se puede explicar la Guerra de Secesión americana sin explicar los conflictos entre la zona norte industrializada y el sur donde se cultivaba el algodón, materia prima básica para la Revolución Industrial; no podemos entender el periodo de la Paz Armada y los intentos de Bismarck para aislar a Inglaterra sin entender la revolución industrial inglesa de manufacturas de algodón y la segunda revolución industrial donde tenía más importancia la industria del carbón y del acero que la industria textil. Reducir la política a un juego de poder es simplificar al máximo una ciencia social.

El arco histórico de Poniente y España comparten rasgos aparentemente obvios, pero también es cierto que los paralelismos podrían darse con la tradición política de cualquier otro país. Ser rey en Desembarco del Rey no es buena idea. No duran demasiado.

Hay ciertos personajes y familias en Juego de Tronos que ejercen de aliados o colaboradores imprescindibles para sustentar el régimen. De ellos dependen los gobiernos y el hecho de que la balanza del poder se decante por un lado u otro. Pero a veces, estas uniones antinaturales y a menudo interesadas pueden estar envenenadas. Eso explicaría una política de pactos de gobierno por el Poder, pero no por la política.

La política no es solo Juego de Tronos

Juego de Tronos no toca elementos básicos de la política: por ejemplo, explica la dicotomía entre Poniente y Oriente, tratando de forma muy superficial los valores en los que sustenta el sistema de Poniente: el Trono de Hierro como símbolo del imperio. Pero no ahonda en la cuestión económica: menciona la necesidad de endeudarse para seguir manteniendo actos políticos ( los préstamos al Banco de Hierro) pero no explican cómo crean ellos su propia riqueza. La economía tiene dos ramas: la tangible ( es decir,  todos los bienes de naturaleza material susceptibles de ser percibidos por los sentidos, tales como Materias primas y Stocks,  mobiliario, maquinarias, terrenos, dinero) y la intangible ( aquellas medidas que nos permiten comerciar y competir).

Un buen científico social tiene que entender que son diferentes expresiones de la realidad social. No es gratuito el surgimiento de Frankenstein en el cine, o el cine negro de gangsters, o ese complemento que son las películas optimistas de Frank Capra, porque son expresiones de un mundo en disolución. la cultura también es un elemento que nos permite entender la situación política y social de la gente y de la historia

Las ramas que no toca Juego de Tronos: la economía

Marx resumió la génesis de su concepción materialista de la historia en Contribución a la crítica de la economía política (1859)

Al cambiar la base económica se transforma -más o menos rápidamente- toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.

Según el análisis marxista, la clase social dominante organiza la sociedad mediante la protección de sus mejores privilegios. Para ello, se instaura el Estado, instrumento político de dominación: policía y ejército responsable de mantener la seguridad y el orden público. y este Estado se sostiene en una supraestructura:  En cualquier sociedad, hay ideas, creencias y valores que dominan la vida social y cultural. Estas ideas dominantes son producidas por la clase dominante quien las justifica y se esfuerza en perpetuarlas, manteniendo así la idea del Estado, ya que todos los regímenes políticos tiene algo en común: buscan perseverar en el tiempo.

Un buen lector de la política no tiene que confundir la victoria con la razón. El ganador de un torneo ha consumado la victoria, y ha humillado al perdedor pero la historia nos ha demostrado que podemos tener razón en nuestras convicciones y ser derrotados. Una cosa es la teoría y otra la praxis.

A menudo el que pierde gana. Porque en su derrota se asientan las bases de una moralización de la vida pública. Por tanto, recomiendo a los que limitan la política al momento de la victoria, que complementen la lectura de El príncipe con los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, donde realmente hay una complejización de la política.

Es cierto que en la política española se generan toda una serie de dinámicas que también están presentes en las encarnizadas guerras por el poder de Juego de Tronos. En el prólogo de su libro, Pablo Iglesias apunta que el escenario que nos presenta la serie es, ante todo, un escenario en el que el poder está en disputa y en el que el carácter moral de cada protagonista se revela precisamente en el modo en cómo se disputa ese poder“


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