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martes, 28 de octubre de 2014

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1917

La Revolución Rusa fue el acontecimiento más trascendental del siglo xx. El asalto al Palacio de Invierno de Petrogrado en octubre de 1917 fue vivido como la materialización inesperada de una utopía largamente perseguida: la de la ocupación del poder por parte del proletariado y la construcción de una nueva sociedad sin clases. El acontecimiento espoleó conciencias, amplió el horizonte de expectativas de las clases populares e inspiró revoluciones y regímenes políticos por todo el mundo. También desató el pánico y la reacción virulenta de sus posibles damnificados y la hostilidad de quienes, aun simpatizado con su arranque, no compartieron su devenir.

La hostilidad hacia la Revolución Rusa también sobrevivió al mundo surgido de ella, como si el encono fuera necesario para sofocar las ascuas que en algún momento de oscuridad todavía lucen bajo sus cenizas.

Un poco de historia

En octubre de 1917, los bolcheviques dirigidos por Lenin y Trotsky aprovecharon la situación de descrédito y la falta de apoyos al gobierno provisional para sentar las bases de una nueva revolución, que Lenin justificó con esta frase: "La vieja sociedad se basaba en la opresión de todos los obreros y campesinos por los terratenientes y capitalistas. Necesitábamos destruirla, necesitábamos derribar a esos opresores, mas para ello había que crear la unión. Y no era Dios quien podía crearla."

El reportero estadounidense John Reed durante la revolución en Petrogrado no vio muertos, solo algunos heridos. En realidad, en la capital de Rusia no hubo derramamiento de sangre.

El veinticuatro de octubre el Comité Revolucionario Militar, presidido por Lev Trotski, ejecutando el plan de Lenin, mandó a los destacamentos de los marineros de la flota del Báltico y a los guardias rojos a ocupar estaciones ferroviarias, correos y telégrafo centrales, estaciones telefónicas, bancos y puentes levadizos. Los insurgentes no encontraron resistencia organizada. La guarnición militar de la ciudad mantuvo la neutralidad o se unió a la revolución. En la madrugada del veinticinco de octubre en el Estado Mayor de los revolucionarios, el Palacio Smolny, apareció Vladímir Lenin. El líder de los bolcheviques insistió en la detención de los miembros del Gobierno provisional, que permanecían en el Palacio de Invierno.

A pesar de que los bolcheviques ocuparon el telégrafo, los ministros aún se podían comunicaban con el exterior a través del envío de órdenes y mensajes que convocaban a los regimientos cosacos que estaban afueras de Petrogrado a defender el Gobierno. Varios días después se supo que en la azotea del edificio del Estado Mayor General del Ejército ruso, ocupado por los guardias rojos, se encontraba un punto secreto de comunicación telegráfica que no había sido detectado, y un oficial despachaba las órdenes del Gobierno provisional. Pero ya nadie quería acudir en su ayuda.

Con los ministros en libertad los bolcheviques no podían proclamarse vencedores. Lenin y Trotski ordenaron el asalto al Palacio de Invierno. A las diez de la noche un cañón de la fortaleza de Pedro y Pablo disparó al aire: en seguida se produjo el disparo de salva del crucero Aurora, anclado en el río Neva. Al recibir la señal, los destacamentos de guardias rojos se lanzaron al Palacio de Invierno a través de la plaza del Palacio.

De acuerdo con el relato del reportero John Reed, en las puertas del palacio hubo confusión. Los cadetes de las escuelas militares, leales al Gobierno provisional, al principio comenzaron a desarmar a los atacantes. Cuando el número de guardias rojos que iba llegando al palacio superó al de los cadetes, estos fueron a su vez desarmados. Los revolucionarios penetraron en el palacio y comenzaron a saquearlo. Los comisarios de los destacamentos gritaron: “¡No toquen nada, ahora todo es propiedad del pueblo!”. El saqueo se detuvo y en las salidas se establecieron puntos de registro.

Entre los defensores del palacio se encontraba un batallón femenino. Las mujeres fueron desarmadas y conducidas a la estación ferroviaria, de la que partieron a los cuarteles situados en las afueras de Petrogrado. Las cadetes fueron liberadas con la promesa de que nunca tomarían las armas contra el poder bolchevique.


Los ministros del Gobierno provisional, a excepción del presidente, Alexandr Kérenski, fueron arrestados y conducidos a la fortaleza de Pedro y Pablo. En lo que respecta al jefe de Gobierno, en sus memorias escribió que pudo salir del Petrogrado gracias a la ayuda de la Embajada de los Estados Unidos. Los diplomáticos le prestaron un automóvil con placa y bandera estadounidense, lo que le permitió abandonar la capital sin ser revisado por las patrullas bolcheviques. Mientras tanto, los historiadores de la época soviética afirmaron que Kérenski huyó disfrazado de enfermera militar. La versión de la Embajada de Estados Unidos afirma que el automóvil y la bandera habían sido confiscados por los guardaespaldas del jefe del Gobierno provisional.

Pero los bolcheviques necesitaban, además, el apoyo de la población rusa. Al día siguiente, el 25 de octubre, Trotsky anunció la disolución del Gobierno Provisional en la apertura del Congreso de los Sóviets de Diputados Obreros y Campesinos, con 562 delegados presentes, de los cuales, 382 eran bolcheviques y 70 del Partido Social-Revolucionario de Izquierda.
Pero los mencheviques y socialrevolucionarios abandonaron a los bolcheviques. Ante esta salida del congreso León Trotsky escribió: "El 2º Congreso debe ver que la salida de los mencheviques y de los socialrevolucionarios es un intento criminal y sin esperanza de romper la representatividad de la asamblea cuando las masas intentan defender la revolución de los ataques de la contrarrevolución”. Al día siguiente, los sóviets ratificaron la creación de un Consejo de Comisarios del Pueblo, constituido por bolcheviques, como base del nuevo gobierno, a la espera de la celebración de una asamblea constituyente. Lenin se justificó al día siguiente ante el representante de la guarnición de Petrogrado de la siguiente manera: "No es nuestra responsabilidad si los socialrevolucionarios y los mencheviques han abandonado el congreso. Nosotros les habíamos propuesto compartir el poder [...] Hemos invitado a todo el mundo a participar en el gobierno".






EL GOBIERNO DE LOS SÓVIETS: LENIN Y LOS BOLCHEVIQUES EN EL PODER

Fue decisiva la contribución de Lenin y del partido bolchevique en el enfrentamiento contra la sección de la socialdemocracia que, violando las decisiones de la II Internacional, apoyó a las clases burguesas de sus países, a veces al votar por los créditos de guerra en el Parlamento, otras al participar en gobiernos que llevaban a cabo guerras, supuestamente para que se lograra un “desarrollo pacífico”, defendiendo la “paz imperialista” con la pistola en la cabeza de los pueblos. Una línea política que inevitablemente les enredaba aún más profundamente en la guerra imperialista, en la agudización de las contradicciones y los antagonismos de los estados imperialistas y sus alianzas.

Lenin con la línea estratégica que siguió, determinó que desde el punto de vista del movimiento revolucionario de la clase obrera cuyo fin es la revolución y la conquista del poder obrero, la cuestión no es simplemente una oposición “pacifista” a la guerra, sino la utilización de rupturas que objetivamente en tales condiciones se crean en el campo imperialista, la utilización del debilitamiento de la burguesía en cada país con el fin de convertir la guerra imperialista en cada país, tanto si el país tiene una postura agresiva o defensiva, en una lucha para el derrocamiento del poder la burguesía que trae la muerte y la pobreza para los hijos de la clase obrera, para el pueblo de cada país.
A las pocas horas, las bases del nuevo régimen quedaron asentadas en varios decretos. En su primera aparición pública Lenin declaró: "Vamos a proceder a la construcción del orden socialista".

Lenin justificó el nuevo cambio de gobierno, ratificando así los argumentos de su libro “El marxismo y la insurrección” donde ya exponía los puntos para derrocar al gobierno provisional .

Hoy, tenemos con nosotros a la mayoría de la clase que es la vanguardia de la revolución, la vanguardia del pueblo, la clase capaz de arrastrar detrás de sí a las masas.
Tenemos con nosotros a la mayoría del pueblo, pues la dimisión de Chernov no es, ni mucho menos, el único indicio, pero sí el más claro y el más palpable, de que los campesinos no obtendrán la tierra del bloque de los eseristas (ni de los propios eseristas), y éste es el quid del carácter popular de la revolución.
Estamos en la situación ventajosa de un partido que sabe firmemente cuál es su camino en medio de las más inauditas vacilaciones, tanto de todo el imperialismo como de todo el bloque de los mencheviques y eseristas.
Nuestro triunfo es seguro, pues el pueblo está ya al borde de la desesperación y nosotros señalamos al pueblo entero la verdadera salida: le hemos demostrado, "en los días de la kornilovada", el valor de nuestra dirección y, después, hemos propuesto una transacción a los bloquistas, transacción que éstos han rechazado sin que por ello hayan terminado sus vacilaciones.
Sería el más grande de los errores creer que la transacción propuesta por nosotros, no ha sido rechazada todavía, que la Conferencia Democrática puede aceptarla todavía. La transacción era una oferta hecha de partido a partidos. No podía hacerse de otro modo. Los partidos la rechazaron. La Conferencia Democrática es sólo una conferencia, y nada más. No hay que olvidar una cosa: la mayoría del pueblo revolucionario, los campesinos pobres, irritados, no tienen representación en ella. Trátase de una conferencia de la minoría del pueblo; no se debe olvidar esta verdad evidente. Sería el más grande de los errores, el mayor de los cretinismos parlamentarios, que nosotros considerásemos la Conferencia Democrática como un parlamento, pues aun suponiendo que se hubiese proclamado parlamento permanente y soberano de la revolución, igualmente no resolvería nada: la solución está fuera de ella, está en los barrios obreros de Petersburgo y de Moscú.
Contamos con todas las premisas objetivas para una insurrección triunfante. Contamos con las excepcionales ventajas de una situación en que sólo nuestro triunfo en la insurrección pondrá fin a unas vacilaciones que agotan al pueblo y que son la cosa más penosa del mundo; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección dará inmediatamente la tierra a los campesinos; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección hará fracasar todas esas maniobras de paz por separado, dirigidas contra la revolución, y las hará fracasar mediante la oferta franca de una paz más completa, más justa y más próxima, una paz en beneficio de la revolución.
Por último, nuestro Partido es el único que, si triunfa en la insurrección, puede salvar a Petersburgo, pues si nuestra oferta de paz es rechazada y no se nos concede ni siquiera un armisticio, nos convertiremos en "defensistas", nos pondremos a la cabeza de los partidos de guerra, nos convertiremos en el partido "de guerra " más encarnizado de todos los partidos y libraremos una guerra verdaderamente revolucionaria. Despojaremos a los capitalistas de todo el pan y de todas las botas. No les dejaremos más que migajas y los calzaremos con alpargatas. Y enviaremos al frente todo el pan y todo el calzado.
Y, así, salvaremos a Petersburgo.
En Rusia, son todavía inmensamente grandes los recursos tanto materiales como morales con que contaría una guerra verdaderamente revolucionaria: hay un 99 por 100 de probabilidades de que los alemanes nos concederán, por lo menos, un armisticio. Y, en las condiciones actuales, obtener un armisticio equivale ya a triunfar sobre el mundo entero.


Lenin había defendido la unidad obrera y campesina para hacer la revolución.

En primer lugar, Lenin anunció la abolición de la diplomacia secreta y la propuesta a todos los países beligerantes en la Primera Guerra Mundial de entablar conversaciones "Con miras a una paz justa y democrática, inmediata, sin anexiones y sin indemnizaciones".
Luego, se promulgó el decreto sobre la tierra: "las grandes propiedades territoriales quedaron abolidas inmediatamente, y sin indemnización alguna". Otorgaba a los sóviets de campesinos la libertad de hacer lo que consideraran, ya fuera socializar la tierra o repartirla entre los campesinos pobres. El texto confirmaba una realidad ya existente, ya que los campesinos ya habían aprovechado esas tierras durante el verano de 1917. Con esta medida, los bolcheviques consiguieron una neutralidad benevolente por parte de los campesinos, al menos hasta la primavera de 1918.
Por último, se nombró un nuevo gobierno, denominado Consejo de Comisarios del pueblo. Dicho consejo aplicó otras medidas:

· La abolición de la pena de muerte
· La nacionalización de los bancos
· El control obrero sobre la producción
· La creación de una milicia obrera
· La soberanía e igualdad de todos los pueblos de Rusia
· El derecho de autodeterminación de los pueblos
· La supresión de cualquier privilegio de carácter nacional o religioso

En total, se realizaron las treinta y tres reformas que el Gobierno Provisional había sido incapaz de realizar en ocho meses de mandato.
Con el poder controlado en Petrogrado, Lenin y Trotsky sabían que no podrían mantener ese poder sin el apoyo de países industriales como Alemania, Francia e Inglaterra; la visión internacionalista de Marx con la frase final del Manifiesto Comunista “Proletarios del mundo, uníos” fue una de las divisas que promulgó la II Internacional, que, sin embargo, desaparecería en el periodo de la I Guerra Mundial cuando los partidos socialistas apoyaron los gobiernos de coalición traicionando la frase de Marx “La única guerra legal es la lucha de clases”. El auge del patriotismo en Europa fue el fracaso de la II Internacional y la radicalización de sectores obreros, que crearían una III internacional en 1919 inspirados en la Revolución Rusa, distinguiendo por primera vez en la historia entre Partidos Socialistas o Socialdemócratas y Partidos Comunistas.

Sin embargo, la Revolución Rusa fue vista por los países de Europa y por los socialistas extranjeros como la creación de una dictadura bolchevique, eliminando a los sóviets. En esta línea el filólogo Noam Chomsky, conocido militante anarcocomunista, escribía en su obra “La Unión Soviética contra el socialismo” que Lenin y Trotsky se aprovecharon del fermento popular de Rusia en 1917 para tomar el poder del Estado. Una de las principales armas ideológicas utilizadas para este fin ha sido la pretensión de que los gestores estatales están dirigiendo su propia sociedad y el mundo hacia el ideal socialista; algo imposible como cualquier socialista -seguramente cualquier marxista serio- debería haber comprendido en seguida (muchos lo hicieron), y una mentira de proporciones gigantescas como ha revelado la historia desde los primeros días del régimen bolchevique. (Chomsky. Soviet Union Versus Socialism. 1986).

El historiador Nicolás Werth considera que La Revolución de Octubre de 1917 aparece como la convergencia momentánea de dos movimientos: una toma del poder político, resultado de la cuidadosa preparación de la insurrección de un partido radicalmente diferente, por sus prácticas, su organización y su ideología, del resto de actores de la revolución; una gran revolución social, multiforme y autónoma [...] una inmensa revuelta campesina en primer lugar, [...] el año 1917 [fue] un paso de una gran revolución campesina, [...] de una profunda descomposición del ejército, integrado por unos diez millones de soldados campesinos movilizados durante tres años en una guerra cuyo sentido no comprendían [...], un movimiento reivindicativo obrero específico, [...] y un cuarto movimiento que abogaba por la emancipación de las nacionalidades y pueblos alógenos [...]. Cada uno de estos movimientos tenía su propia temporalidad, su dinámica interna, sus aspiraciones, que obviamente no podían ser reducidas a eslóganes bolcheviques ni a la acción política del partido [...]. Durante un breve, pero decisivo momento –a finales de 1917– la acción de los bolcheviques, activa minoría política en medio del vacío institucional, entró en consonancia con las aspiraciones de muchos, aunque a medio y largo plazo, los objetivos de unos y otros fueran distintos.
Según el artículo de Werth, en octubre de 1917, “chocaron momentáneamente el golpe de Estado y la revolución social antes de consolidarse décadas de dictadura soviética”. Extraído de El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997)

LOS COMIENZOS DEL RÉGIMEN BOLCHEVIQUE

El primer problema de Lenin al frente del gobierno fue el de conseguir sostenerse antes de que el pueblo ruso se diese cuenta de lo que implicaría su gobierno para la nación. Para ello, el líder bolchevique nacionalizó la tierra para que esta se redistribuyera entre los campesinos con el fin de lograr un mayor apoyo para su partido.

El objetivo de Lenin consistía en la creación de una “dictadura del proletariado” en donde los campesinos y trabajadores tuvieran el beneficio en cuanto a la administración del país.

Sin embargo, Lenin sabía que no eran favoritos en las elecciones y que seguramente no obtendrían la mayoría. Los social-revolucionarios obtuvieron la victoria con una clara mayoría antibolchevique. 

En Enero de 1918 después de la pronunciación de discursos antibolcheviques, la Guardia Roja disolvió la Asamblea. A pesar del triunfo de la fuerza armada, la oposición que había a que dirigiesen el país, esto conduciría a la guerra civil a finales de año.

Otro problema del líder bolchevique, era el de buscar solución a la intención de retirarse de la guerra. En diciembre de 1917 se acordó un armisticio entre las potencias centrales y Rusia. Sin embargo, las negociaciones continuarían intentando Trotsky demorar las demandas de la potencia alemana.

En marzo de 1918 con el Tratado de Brest-Litovsk Rusia cedió los territorios de Ucrania, Finlandia y Georgia, así como, Letonia y Lituania además de perder Estonia y Polonia. La Rusia de Lenin veía necesario sacrificar terreno para poder ganar tiempo y poder recuperarse.

La oposición al régimen estalló en numerosas regiones en abril de 1918. Social-revolucionarios, ex oficiales zaristas, mencheviques y todos aquellos no conformes formaban el denominado Ejército Blanco, los cuales querían construir un gobierno parlamentario.

Los Blancos contaron más adelante con el apoyo de países extranjeros (EEUU, Japón, Francia, Gran Bretaña) con el propósito de seguir la guerra con Alemania. Pero a pesar de que la potencia alemana cayó derrotada, la revolución continuó con el objetivo de acabar con el régimen bolchevique.

A principios del año 1919, Kolchack avanzó con tres ejércitos hacía Moscú con la intención de acabar con el gobierno bolchevique. Sin embargo, estos retrocedieron gracias a la magnifica fuerza armada creada por Trostky, el Ejército Rojo. A final de 1919 los bolcheviques se veían virtuales ganadores de la guerra civil.

Con el Tratado de Riga de 1921, se abandonó la Rusia Blanca y parte de Ucrania, tras la ofensiva de las tropas polacas y francesas que provenían de este.
A partir de 1921 la tarea de Lenin sería la de reconstruir la economía rusa que había sido destruidos por los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial. Por último, con el objetivo de recuperar el campesinado, el líder bolchevique puso en marcha la conocida Nueva Política Económica (NEP).

EL LEGADO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE EN EL MUNDO

La revolución Rusa trajo como consecuencias directas una oleada revolucionaria a escala mundial y se formaron Soviets en muchos lugares del mundo, inclusive en muchas plantaciones de tabaco en Cuba. También la Revolución inspiró a grandes movimientos estudiantiles revolucionarios muy importantes como los que estallaron en Pekin (Beijin) en 1919 y en Córdoba (Argentina) en 1918 y desde aquí se difundieron por toda América Latina generando líderes y partidos Marxistas revolucionarios locales.

La Revolución Rusa demostró en la practica que era posible la construcción de un sistema distinto al capitalista ( de echo ya en 1921, Mongolia se transformaba en el segundo país comunista del planeta), basado en las ideas de Marx y Engels que propugnaban la destrucción del propio sistema capitalista y, la instauración de la dictadura del proletariado y estas ideas tenian vocación internacionalista. Se tenemos en cuenta que desde la publicación del "Manifiesto Comunista " escrito por el filosofo alemán Karl Marx en la segunda mitad del siglo XIX, sus ideas rápidamente se difunden organizando varios partidos políticos revolucionarios de idea socialista sobretodo en una Europa en plena Revolución Industrial caracterizada por una grande explotación de las clases proletarias, sujetas a vivir y trabajar en condiciones infrahumanas y una cantidad de horas absurdamente excesivas, a parte que en muchos países los campesinos vivían todavía en condiciones de semi servidumbre, Nacen los primeros sindicatos de trabajadores y se triplican los movimientos huelguistas.

La revolución constituyó la principal amenaza externa para los países capitalistas a lo largo del siglo xx y también su principal peligro interno. A veces penetró en ellos por el impacto de un ariete exterior o en forma de caballo de Troya, pero normalmente fue una sustancia característica del propio cuerpo, sobre la cual los hechos de Octubre, o las interpretaciones que de ellos se construyeron en cada lugar, funcionaron en todo caso como levadura o reactivo. Para hacer frente al peligro de la revolución estos países recurrieron al fascismo o al reformismo social preventivo, por más que la revolución no fuera la causa exclusiva de ambos fenómenos. Sin el mundo surgido de la revolución, el reformismo no hubiera llegado tan lejos. Y sin el mundo surgido de la revolución el fascismo no hubiera sido derrotado, al menos tan pronto.

La Revolución de Octubre rompió la lógica de los tiempos y quebró los esquemas interpretativos y propositivos de la II Internacional. Los bolcheviques no se resignaron a esa concepción del tiempo lineal, progresiva y teleológica que exigía pasar previamente por un largo estadio de desarrollo liberal burgués antes de llegar al socialismo. Tampoco se sometieron a las limitaciones de lo que, en el argot de la época, se llamaban las condiciones objetivas, ni permanecieron a la espera de que el desarrollo mecánico de las fuerzas productivas les diera luz verde para la subversión. Los bolcheviques leyeron las condiciones materiales como condiciones de posibilidad, acelerando –con ciertas dosis de voluntarismo– el tiempo histórico y dilatando los límites de lo posible por medio de la acción subjetiva. La acción política de los bolcheviques se movió entre la urgencia y el sentido de la oportunidad, entre su negativa a concebir el socialismo como advenimiento fatal y el olfato que les llevó a lanzarse a la toma del poder justo en el momento en el que el poder estuvo al alcance de sus manos.


1 comentario:

  1. Hola
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