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sábado, 29 de diciembre de 2012

EL MAR



Durante mucho tiempo los medios científicos mantuvieron la esperanza de que el planeta Marte tuviera agua, pero esa posibilidad ha sido descartada y ahora se sabe que es un planeta desierto, con un poco de hielo de dióxido de carbono en los polos. Por eso, es posible sostener que el único planeta con agua que se conoce es la Tierra y que ningún otro planeta acuoso órbita alrededor de nuestro Sol, pese a está probado que llamándose Tierra, sus dos terceras partes están ocupadas por agua, los océanos, lo que quiere decir que lo que nos distingue son los mares, cuya capacidad calórica controla el clima, estabilizando las temperaturas de la superficie de la Tierra y aislando el océano, en cuyas aguas se desarrolla un volumen de vida inmensamente superior a la tierra firme; además, debido a que todos los océanos están interconectados, puede afirmarse que constituyen una sola realidad, pero con humores variables, con miles de caras, sea formando las nubes o bramando con sus vientos en el canal circumplanetario de los Cuarenta Rugientes, es decir, los dos sectores del océano situados entre los 400 y 500 de latitud norte o sur; que refleja las nubes en las calmadas aguas a lo largo del ecuador y levanta calor dos veces al día sobre las raíces aéreas de los manglares de Indonesia; sombrea de verde los bordes continentales, porque ahí afloran por las corrientes una acumulación de los nutrientes base del florecimiento del fitoplancton.

A lo largo de las barreras de arrecifes de los trópicos, la monotonía azul del océano abierto termina repentinamente en un estallido de colores violentos, y su esterilidad da paso a las colonias de corales, uno de los ecosistemas más ricos. En los gélidos fondos del mar hay oasis de calor y vida. En la total oscuridad de las mayores profundidades se encienden las luces de los organismos bioluminiscentes.
H2O es una fórmula muy conocida, porque corresponde al agua, líquido formado por moléculas, a su vez, integradas por dos átomos de hidrógeno que se unen a un átomo de oxígeno, estas moléculas tienen forma de V, lo que produce una asimetría eléctrica. Cada molécula de agua es bipolar, es decir, tiene una ligera carga positiva en el extremo del hidrógeno y una ligera carga negativa en el extremo del oxígeno. De esta bipolaridad depende en gran parte el comportamiento del océano. La bipolaridad de las moléculas de agua las enlaza unas con otras, porque la carga positiva en el extremo del hidrógeno de una molécula atrae a la negativa en el extremo del oxígeno de otra. Esta atracción, que se denomina -el enlace de hidrógeno- es lo que mantiene unidos a los mares. En el límite aire-agua el enlace de hidrógeno crea una tensión en la superficie, que podríamos imaginas como una piel, que permite a los objetos más pesados que el agua floten sobre ella. Por otra parte, el enlace de hidrógeno influye sobre la viscosidad del agua, viscosidad que es una medida de la fuerza necesaria para separar las moléculas de un líquido y permitir el paso a través de él. La viscosidad, como se dijo, simultáneamente, hace flotar a las criaturas en el mar, pero también entorpece su desplazamiento.

Los animales más pesados que el agua deben luchar contra la viscosidad y la densidad del agua, lo que no hacen los pequeños animales planctónicos, que deben simplemente mantener su posición a cierta profundidad. A este hecho se debe las diversas formas de los peces, adaptadas para resolver los problemas que les presentan la viscosidad, densidad y resistencia del agua para sus desplazamientos. El corte de las aletas sirve en gran parte para romper el enlace de hidrógeno, que también

La capacidad calorífica del agua es alta gracias al enlace de hidrógeno y se necesita la presencia de grandes cantidades de energía para vencerla y convertir el agua en gas. Esta capacidad calorífica convierte a los mares en el más importante moderador del clima de la Tierra, porque la característica más singular del agua tal vez sea su relación temperatura-densidad. Generalmente, la mayoría de los líquidos se hacen más densos
La mayoría de los líquidos se hacen más densos cuando se enfrían. Para el agua dulce esto es así hasta unos 4 °C, punto en que la tendencia se invierte y el agua se hace menos densa. Cuando el agua dulce se enfría a esta temperatura, la "magia" del enlace de hidrógeno crea moléculas de agua en forma de cristales hexaédricos, que ocupan más espacio que las moléculas de agua líquida. Con menos moléculas en un volumen dado, el agua sólida es menos densa que el agua líquida y flota en ella: el hielo en formación asciende. De este modo, mientras que la mayor parte de los otros líquidos se congelarían a partir del fondo, una masa de agua dulce se congela de arriba abajo.

Los océanos también se congelan generalmente de arriba abajo, pero hay una diferencia: las sales del agua del mar rebajan su temperatura de congelación. Cuando el agua del mar se congela se forman en la superficie cristales de hielo de agua dulce, dejando las sales en el agua circundante de debajo. Esta agua fría y rica en sales se vuelve lo bastante densa para hundirse y es reemplazada por agua más profunda. Debido a su baja temperatura de congelación, el agua del mar profunda sólo se congela, en general, en ciertos lugares de los polos. Si el agua se comportara como otros líquidos, nuestros mares polares serían inmensos bloques de hielo sólido.

E1 agua, gracias de nuevo al enlace de hidrógeno, es el disolvente casi universal. Durante miles de millones de años las lluvias han caído sobre las tierras firmes, los ríos han desaguado en el mar acarreando materiales disueltos y el mismo mar ha arrasado tierras emergidas disolviendo los minerales de su base. Actualmente, los minerales disueltos que llamamos sales constituyen cerca del .3,5 % del agua del mar. El océano contiene cerca de 40 millones de toneladas de sal por kilómetro cúbico.
La salinidad del agua es mayor cuando los mares son muy cálidos o muy fríos. Tanto al evaporarse como al congelarse, el agua deja sus sales disueltas en el proceso. En los mares cerrados con fuerte insolación -el mar Muerto, el mar Rojo-, la evaporación superficial concentra las sales. En los mares polares, la formación de hielo realiza la misma tarea.

La relación temperatura-densidad-salinidad es la que ha dispuesto la variada arquitectura del océano. Los mares están estratificados. Las primeras pocas decenas de metros forman un estrato mezclado, enturbiado por el viento, en el que florece el fitoplancton, y, así, casi toda la materia orgánica de los océanos se produce por fotosíntesis. En la mayor parte del océano, entre los 180 y los 300 m, termina el estrato mezclado y empieza el estrato llamado termoclina, en el que la temperatura desciende bruscamente hasta alcanzar tan solo unos pocos grados sobre cero. Por debajo del termoclima, a unos 1.000 m, la temperatura, la densidad y la salinidad cambian muy poco hasta llegar al fondo. Este es el océano profundo, que constituye, con mucho, el estrato de mayor espesor. En él no tiene lugar ninguna producción primaria, excepto alrededor de las chimeneas hidrotermales. No hay flora; únicamente fauna: parásitos y predadores de una clase u otra.

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