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martes, 6 de marzo de 2012

HISTORIA INTELECTUAL EUROPEA

Dice Stromberg , en su obra que, en los años 80 del siglo XVIII, por lo menos, se produjeron tres revoluciones - la francesa, la romántica y la kantiana, que dejaron huella en todo el mundo moderno, además de la revolución industrial, acontecimientos que se influyeron y hasta se fundieron entre sí .
Así, por ejemplo, no se duda que Rosseau - representante del romanticismo -influyó tanto en Kant como en la Revolución Francesa, aunque ésta nada le deba, directamente, al filósofo alemán. En esta misma década, los norteamericanos guerreaban por su Independencia, acontecimiento muy importante para Europa, para Gran Bretaña y, especialmente, para Francia, cuya monarquía con graves problemas se precipitaba a la bancarrota, aunque, Gran Bretaña empezaba una era de un aumento económico sostenido, puerta abierta al industrialismo moderno.


También es el decenio en que Schiller publica su "Sturm und Drang (Tempestad y Pasión) fuerte reacción al clasicismo ilustrado y no son solo los años de Kant, sino que los de Mozart y de la Constitución de Estados Unidos, mientras desaparecían los mentores de la época filosófica: en 1776 muere Hume; Voltaire y Rosseau en 1778; Condillac, en 1780; D'Alambert en 1783; Diderot en 1784; Federico, el Grande en 1786. Mientras que Buffon y Franklin eran ya octogenarios.


Cambió toda la concepción de la sociedad política.


El monarca ya no era Rey de Francia, debía ser el rey de todos los franceses, ya que debía su poder al pueblo; se acababan los privilegios de la nobleza y puede decirse que la mística de la Revolución quedó comprendida en la palabra citoyen y de acuerdo con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano - el gran manifiesto de la Revolución - los hombres nacen y permanecen libres y en igualdad de derechos. Además, el Estado debía garantizar al ciudadano el goce pleno de sus derechos y el pueblo tenía el derecho a expresarse libremente.
La política de la Ilustración era difusa y utópica; no era monolítica.


Montesquíeu disentía de Voltaire, éste de Rosseau y Rosseau sino de sí mismo, al menos de algunos de sus seguidores. El primer período fue dominado por los moderados, que no deseaban cambios drásticos; el ídolo era Montesquieu; éste quería una monarquía constitucional y limitada, basada en el modelo inglés. Pero, también aparecieron los girondinos, los jacobinos, los sans-culotte y las fuerzas de Babeuf,
Jeremy Betham, criticó la escuela de los derechos naturales del hombre y sostenía que, los derechos de la Revolución, eran ambigüedades o tautologías, carentes de significado, salvo su valor emocional.


Pero, en ésa época, sus referentes eran muy reales. En su juventud, Robespierre atacó la ley que imponía la infamia a toda la familia del condenado y a la que negaba todos los derechos civiles a sus hijos. La Revolución misma hizo desaparecer el viejo orden, constituido por el sistema con vestigios del sistema señorial en los campos, los impuestos desiguales y también apuntó contra las leyes injustas y arbitrarias.


Gran Bretaña contempló horrorizada la sangrienta y turbulenta escena francesa y se vio inmersa en la guerra con el imperialismo revolucionario. En Inglaterra aparecieron las principales obras contrarrevolucionarias, como el texto de Edmund Burke Reflexiones sobre la Revolución en Francia -1790 -, que dio lugar a acaloradas controversias. Tal vez, la idea crítica central de Burke sostiene que la sociedad es un producto histórico enorme y complejo que no puede cambiarse a voluntad como una máquina. La sociedad defendida por Burke - una especie de versión idealizada y conceptualizada del orden tradicional de la sociedad - fue atacada por Bernard Shaw al escribir "De la calle de la aldea a la estación de trenes hay un salto de cinco siglos, que va desde la apatía embrutecedora de la tiranía de la naturaleza sobre el hombre, hasta el orden y actividad del dominio organizado del hombre sobre la naturaleza" y el ataque de Russell "que ese orden haya desaparecido del mundo civilizado", refiriéndose a las ideas de jerarquía y autoridad, intolerancia y subordinación, dogma religioso y coerción social" . Pero, aún, en los siglos XIX y XX, la nostalgia del campo ha estado acompañada por el horror a la ciudad, la industria, la tecnología y la disolucion de los lazos humanos, por lo que Burke, el gran portavoz contrarrevolucionario, a su manera, puede ser considerado que también era un revolucionario.

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