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jueves, 2 de febrero de 2012

LA ATLÁNTIDA

Las descripciones literarias de la naturaleza, pueden comprobarse fácilmente.
Podemos citar algunas que son falsas y otras que deben corresponder a una realidad; por ejemplo, la celebración del Domingo de Ramos es uno de estos errores inducido por Lucas, pues en el país montañoso de Judea no crecían palmeras. En cambio, las descripciones de Homero tienen verosimilitud, porque a pesar de su simbolismo poético, con ellas se puede reconstruir el viaje de Ulises.
El arqueólogo Heinrich Schlieman apasionado lector de la Ilíada y poseedor de un certero instinto llegó a la convicción de que debió existir la ciudad de Troya descrita por Homero, y con la Ilíada en el bolsillo, pese a las burlas de los especialistas, partió en su búsqueda. En 1970 en Hissarlik encontró su supuesto emplazamiento enterrada bajo los escombros de cuatro ciudades superpuestas, exactamente como Homero la había descrito. Incluso encontró la bañera de Helena.
Schlieman prosiguió sus trabajos arqueológicos: Micenas (1876), Orcómeno (1880), Tirinto (1884) y la isla de Itaca; tambiém descubrió los restos de la civilización micénica.
Quien haya leído las tradiciones de los escritores antiguos sobre la Atlántida desaparecida, sobre todo el relato de Platón, no duda un instante de que no se trata de una fábula, sino de un hecho cierto. Se pueden inventar mentiras, pero no verdades.
Platón relata en Timeo que el primer legislador de Atenas, Solón (hacia el año 600 A. J.), se trasladó a Egipto para estudiar la legislación del antiguo Estado del Nilo. Los sacerdotes lo recibieron con honores, pues conocían bien a sus antepasados. El propio Solón, según le dijeron, no podía saber nada de sus antepasados, pues el antiguo reino griego había sido destruido por los terremotos y con él habían desaparecido todos los testimonios. Pero ellos, que vivían en la tierra cenagosa del Nilo, libre de terremotos, y que, al contrario de los griegos, estaban familiarizados con la historia, sabían todavía bastante de aquel reino. En efecto, los antepasados de Solón habían dirigido el alzamiento de los pueblos sometidos de la cuenca del Mediterráneo contra el reino tiránico de la Atlántida. Así los griegos -lo que también es muy significativo y suena a verídico- aparecen ya en los comienzos de la historia como los primeros luchadores por la libertad.
La descripción que los egipcios esbozaron de la isla Atlántida conserva todavía, a pesar de las numerosas adulteraciones que ha debido sufrir desde Solón hasta Platón, los rasgos inconfundibles de lo que se llama islas de estela. A cinco días de navegación de la costa de Gibraltar, había en el Atlántico una cadena de islas y el rey de la isla mayor había conseguido el dominio. Estas islas tenían elevadas montañas, y por su clima marítimo estaban pobladas de bosques y, lo que es característico de las islas de estela, eran ricas en fuentes termales. Se hacía llegar el agua a las ciudades, a las casas y pórticos, con lo que los habitantes de la Atlántida dieron a los pueblos antiguos el ejemplo para la instalación de las termas, que admiramos en las ruinas de las ciudades antiguas.
Al igual que todos los reinos costeros e insulares de la historia, los reyes de la Atlántida adquirieron su poderío gracias al comercio marítimo, y crearon un imperio colonial como más tarde los fenicios, cartagineses, griegos, romanos,, normandos, venecianos, portugueses, holandeses, españoles, ingleses y japoneses- Esto significa el absurdo político de que un reino insular pequeño domine el mundo, pero tal hecho, de vez en cuando, ha resultado típico de la historia.
Hacia el año 9.000 a.C. las islas fueron sacudidas por violentos terremotos y debieron hundirse en el mar. Esta interpretación tiene todos los rasgos de veracidad, desde el punto de vista de las ciencias naturales. Bastaría colocar a Japón , en lugar de la Atlántida para tener en el Pacífico el retrato de la hermana del Atlántico. Es posible que en los tiempos futuros no se sepa nada de nuestra historia cultural, pero un investigador puede descubrir los indicios de culturas universales, como nos ha sucedido a nosotros, como han sido descubiertos restos en América del Sur o China. Hoy tenemos escudos ingleses que han sido desenterrados en África del Sur y Australia ¡y por todas partes la misma escritura! Hoy, hay certezas de culturas similares a ambos lados del Atlántico - los mayas, los incas, los aztecas-en el lado americano y, en el euroasiático las civilizaciones babilónicas de Asia Menor, los etruscos prerromanos de Italia, los aqueos helénicos de Homero, las culturas de Micenas y Creta y las mauritánicas antiguas del norte de África.
Todos estos pueblos adoraban al Sol en templos orientados astronómicamente, utilizaban un calendario del mismo tipo fundamental, embalsamaban a sus muertos y el conocimiento de la redondez de la Tierra, 3.000 años antes de Moisés; sin embargo, se retrocedió después al extremo que, en Europa Occidental, hace 300 años se quemaba en la hoguera al que enseñaba estos conocimientos, ya presentes en los hombres de ciencia 5.000 años a.C.
La Atlántida, como todas las culturales insulares, solo debió ser el rebrote de una civilización continental, lo mismo que Inglaterra es un brote del Imperio Romano y el Japón, la hija insular de la madre China. En la costa occidental de Europa, en los Pirineos y en las vertientes de la Riviera se han descubierto en las cuevas de las montañas los restos culturales de razas que encontraron su fin, evidentemente, en la época glaciar, cuyas últimas generaciones, probablemente, vivieron en esas cuevas. Y los pintores que cubrieron las paredes de estas cuevas no era hombres primitivos - en el sentido peyorativo que se da a esta expresión -; en cambio, podemos usar el símil para decir que fueron miembros de una escuela de impresionista, en el XXX a.C., hija tardía de su civilización. Sin embargo, todavía, no podemos decir que, la Atlántida, el continente perdido que es un problema resuelto

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