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jueves, 27 de agosto de 2015

RÉQUIEM POR EL CAFÉ COMERCIAL

La tristeza aparece siempre cuando menos te lo esperas. Es un sentimiento caprichoso que deja un vacío en tu interior y una sensación de pesimismo que pesa sobre tu alma. Vuelven acompañándola los buenos y los malos momentos que dejan cicatriz, que provocan dolor y agonía que nos recuerdan que cualquier tiempo pasado fue mejor.

El cierre del Café Comercial es uno de esos momentos que describe la tristeza. Un café que resistió 128 años, resistiendo los estragos de la guerra y el tiempo pero que, al final, ha perdido la batalla. Un café que ha dejado una huella en la memoria colectiva en el que su escaparate se ha vuelto un homenaje improvisado donde los clientes, madrileños y de fuera, han querido rendir homenaje al café que unió tantas historias.

Desde sus inicios el Café Comercial fue un lugar elegido por poetas, novelistas y pintores. La novela de Camilo José Cela La Colmena refleja el antiguo ambiente del Café, no en vano el autor se inspiró en el antiguo Café Europeo, que se ubicaba enfrente, en el número 1 de la misma Glorieta de Bilbao. Actualmente existe el llamado Rincón de don Antonio, pequeño homenaje a otro de sus grandes tertulianos: Antonio Machado y que dirigido por los poetas Rafael Soler y Pablo Méndez presentan todos los viernes un libro de poesía. Poetas asiduos al Café Comercial fueron Blas de Otero,Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, José Hierro, José Manuel Caballero Bonald, Ángel González, Tomás Segovia... y lo son actualmente: Luis García Montero, Ana Rosetti, José Elgarresta, Arturo Pérez-Reverte...

Ahora todas esas historias han enmudecido y reposan junto al bullicio del Mercado de Fuencarral y los cines Roxy. Solamente queda el silencio incómodo que parece propagarse por Malasaña y por Madrid. El silencio impera por las salas vacías. Pero los escaparates y sus muros siguen hablando, siguen clamando al cielo: se han convertido en un lugar de peregrinación, de recuerdo y de memoria colectiva donde ciudadanos anónimos dejan su poemas, sus comentarios, sus anécdotas... 

Porque nadie muere mientras es recordado y ni el paso del tiempo puede borrar nuestras huellas a pesar de haber finalizado nuestro camino. Y, aunque no podamos alzar la voz y gritar contra el silencio imperante y nos convirtamos en un susurro que se disipa por el aire, muchas veces son los muros y sus pintadas los que nos recuerdan y avivan la memoria colectiva mientras nos sumergidos en el mar de la amnesia y del olvido.

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