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lunes, 15 de junio de 2015

SIMÓN BOLÍVAR. EL LIBERTADOR DE LA GRAN COLOMBIA

La independencia americana se vio favorecida por la coyuntura política, bélica e ideológica por la que atravesó España. La supresión de la dinastía de Borbón y la invasión de la península Ibérica por las tropas de Napoleón I Bonaparte, que dieron origen a la guerra de la Independencia española (1808-1814), posibilitaron la aparición de juntas que se constituyeron en las principales ciudades americanas. Las juntas empezaron, en general, reconociendo la autoridad real en la persona de Fernando VII, pero propiciaron el comienzo del proceso independentista. Las Cortes de Cádiz y la Constitución liberal de 1812 dieron paso al restablecimiento de la autoridad española en la mayoría de las regiones peninsulares (creación de la Junta Central, en septiembre de 1808) y a la moderación en las actuaciones de los independentistas más radicales, al abrirse camino las posibilidades de un nuevo régimen en España que conllevara una nueva organización política, social y económica de los territorios americanos. 

Pero la reacción absolutista de 1814, producida por el retorno al trono español de Fernando VII, produjo un cambio radical en la dirección de los acontecimientos y significó la reanudación de las confrontaciones y la guerra abierta. El éxito del pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan en 1820, impidió el embarque de las tropas españolas destinadas a América y, con ello, facilitó a los patriotas americanos la realización de las últimas campañas militares, que les llevarían al triunfo final y a la independencia.

La Declaración de Independencia estadounidense y la Revolución Francesa, cuya influencia en la historia mundial es evidente, actuaron más como modelos que como causas directas del proceso. Mayor importancia tuvieron las ideas enciclopedistas y liberales procedentes de Francia, así como las relaciones de convivencia de muchos de los máximos dirigentes independentistas, como Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Mariano Moreno, Carlos de Alvear, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera Verdugo, Juan Pío de Montúfar y Vicente Rocafuerte, que se encontraron con frecuencia en Londres, así como los contactos que mantuvieron con los centros políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Cuando la Independencia de América comenzaba a pensarse con otros nombres y a iniciar su recorrido autónomo, nació en Caracas, el 24 de julio de 1783, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Venezuela era entonces una Capitanía General del Reino de España, en cuya población se respiraban resquemores por las diferencias de derechos existentes entre la oligarquía española dueña del poder, la clase mantuana o criolla, terratenientes en su mayoría, y los estratos bajos de pardos y esclavos.



LA HISTORIA DE SIMÓN BOLÍVAR

Simón Bolívar fue el caudillo de la independencia hispanoamericana. Nacido en Caracas en 1783 en el seno de una familia de origen vasco de la hidalguía criolla venezolana, Simón Bolívar se formó leyendo a los pensadores de la Ilustración (Locke, Rousseau, Voltaire, Montesquieu) y viajando por Europa. En París tomó contacto con las ideas de la Revolución y conoció personalmente a Napoleón y Humboldt.

Afiliado a la masonería e imbuido de las ideas liberales, ya en 1805 se juró en Roma que no descansaría hasta liberar a su país de la dominación española. Y, aunque carecía de formación militar, Simón Bolívar llegó a convertirse en el principal dirigente de la guerra por la independencia de las colonias hispanoamericanas; además, suministró al movimiento una base ideológica mediante sus propios escritos y discursos.

Bolívar regresó a Caracas a mediados de 1807, tras una corta estancia en Estados Unidos, para retornar a su antigua vida de hacendado. José Antonio Briceño, un vecino de tierras y fincas, le esperaba con un cerco en sus tierras; tal asunto debía resolverse cuanto antes. Las incursiones de Miranda habían incorporado entre algunos caraqueños el concepto de la emancipación; sin embargo, la gran mayoría de los criollos se conformaba con rebelarse pasivamente violando las normas que se dictaban desde España.

En 1810, aprovechando que la metrópoli se hallaba ocupada por el ejército francés, se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela, dirigida por Francisco de Miranda. El fracaso de aquella intentona obligó a Bolívar a huir del país en 1812; tomó entonces las riendas del movimiento, lanzando desde Cartagena de Indias un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión, corrigiendo los errores cometidos en el pasado (1812).

En 1813 lanzó una segunda revolución, que entró triunfante en Caracas (de ese momento data la concesión por el Ayuntamiento del título de Libertador). Aún hubo una nueva reacción realista, bajo la dirección de Morillo y Bobes, que reconquistaron el país para la Corona española, expulsando a Bolívar a Jamaica (1814-15); pero éste realizó una tercera revolución entre 1816 y 1819, que le daría el control del país.

Bolívar soñaba con formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, inspirada en el modelo de Estados Unidos. Por ello, no satisfecho con la liberación de Venezuela, cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que dio la independencia al Virreinato de Nueva Granada (la actual Colombia). Reunió entonces un Congreso en Angostura (1819), que elaboró una Constitución para la nueva República de Colombia, que englobaba lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá; el mismo Simón Bolívar fue elegido presidente de esta «Gran Colombia». Luego liberó el territorio de la Audiencia de Quito (actual Ecuador) en unión de Antonio José de Sucre, tras imponerse en la batalla de Pichincha (1822).

En aquel mismo año Simón Bolívar se reunió en Guayaquil con el otro gran caudillo del movimiento independentista, José de San Martín, que había liberado Argentina y Chile, para ver la forma de cooperar en la liberación del Perú. Ambos dirigentes chocaron en sus ambiciones y en sus apreciaciones políticas (pues San Martín se inclinaba por crear regímenes monárquicos encabezados por príncipes europeos), desistiendo San Martín de entablar una lucha por el poder (poco después se marcharía a Europa) y dejando el campo libre a Bolívar.
Bolívar pudo entonces ponerse al frente de la insurrección del Perú, último bastión del continente en el que resistían los españoles, aprovechando las disensiones internas de los rebeldes del país (1823). En 1824 obtuvo la más decisiva de sus victorias en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Perú y en toda Sudamérica. Los últimos focos realistas del Alto Perú fueron liquidados en 1825, creándose allí la República de Bolívar (actual Bolivia).
Los meses que precedieron la muerte del Libertador en Santa Marta, en 1830, le significaron a Bolívar la evocación de la memoria de su amarga derrota política. La trayectoria desde lo alto de la cima del Chimborazo cuando Bolívar deliraba y se confundía con el "Dios de Colombia" hasta su renuncia a la presidencia de Colombia en abril de 1830, significó para Bolívar la lucha por la verdadera construcción de las naciones. Abogó en todo momento por la edificación de un Estado centralista que lograra cohesionar aquello que en virtud de la heterogeneidad racial, cultural y geográfica no resistía la perfección de una federación.

Todo fue inútil. Las pugnas caudillistas y nacionalistas vencieron y procedieron a la separación de Venezuela y Ecuador de la Gran Colombia. Recordaba a Manuelita Sáenz, su último amor y la "Libertadora" de su vida en el atentado del 25 de septiembre de 1828, en Bogotá; también evocaba otros amores y otros atentados. Lloraba la muerte de Sucre, recordaba y deliraba, y así murió, solo y defenestrado de los territorios que había libertado, por causa de una hemoptisis, en la Quinta San Pedro Alejandrino, el 17 de diciembre de 1830. En 1842 el gobierno de Venezuela decidió trasladar los restos de Bolívar, según su último deseo. Desde entonces, su legado ha devenido mito y veneración como "fundador de la patria".
EL LEGADO DE BOLÍVAR

El pensamiento liberal del Libertador, formado en las ideas de la revolución Francesa, lo inclinaba a favorecer los derechos de y la igualdad social. Desde los primeros años de la independencia, el Libertador comprendió claramente que el problema de las desigualdades e injusticias sociales heredadas del período colonial debían ser resueltas para atraer a las grandes masas populares a la causa de la independencia.
La experiencia de la primera y segunda República había demostrado que la mayoría de los esclavos, pardos e indígenas se habían sumado a las tropas realistas de Monteverde y Boves, gracias al mensaje demagógico que estos caudillos transmitían a un pueblo sencillo. Además, las clases populares no se sentían identificadas con el proyecto independentista de lo mantuanos, pues para el pueblo, los mantuanos, dueños de tierras y de esclavos, eran sus opresores. Ante esa situación, Bolívar tomó una serie de medidas para favorecer a los esclavos, a los indígenas y a los soldados patriotas: En diferentes ocasiones, el Libertador expresó la necesidad de liberar a los esclavos y darles un tratamiento justo, como lo revelan los decretos de Carúpano y Ocumare en 1816, el discurso ante el Congreso de Angostura de 1819 y el mensaje al Congreso constituyente de Cúcuta en 1821. Bolívar expresaba:

"Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley sería la más sacrílega".

En relación con la población indígena, el Libertador legisló a favor de su protección y el respeto a sus propiedades y formas de vida, como se refleja en su decreto sobre la protección a los naturales firmado en Cundinamarca:

Articulo1.- Se devolverá a los naturales, como propietarios legítimos, todas las tierras que conformaban los resguardos según sus títulos...

En cuanto a los soldados que formaban parte del ejército patriota, Bolívar decreto en 1817 el reparto a los oficiales y soldados de acuerdo con sus méritos en la guerra.

Como Gobernante y estadista Bolívar demostró una gran preocupación sobre las clases populares y tomo medidas destinadas a eliminar privilegios e injusticias mediante la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.


El liberalismo de Bolívar no es el liberalismo idealista y romántico de muchos de sus contemporáneos, sino el mitigado por un realismo político y el contextuado histórico y sociológicamente en nuestras endebles e incipientes repúblicas. Por ello, propone reformas sociales (eliminación de los títulos nobiliarios y sus privilegios, abolición de la esclavitud negra y de la servidumbre indígena); reivindicaciones económicas (como la reforma agraria con la entrega de tierras a los indígenas y a los integrantes del ejército libertador); regeneración cultural y moral (estimulando la educación popular e impulsando la vigilancia de la moralidad pública y ciudadana); y las transformaciones políticas, con un adecuado mecanismo electoral y sistema de representación. Todo ello lo lleva a formular su permanente reclamo por "unidad-solidez-energía" (Cartagena 1812), como criterio para gobernar los nacientes sistemas políticos.
Un gobierno republicano lo entiende Bolívar como un gobierno constitucional, legítimo, justo y liberal (Jamaica 1815), pero no "perfectamente representativo". Debería ser un "gobierno paternal", de tendencia humanitaria y de contenido social. Hoy diríamos, un Estado social de derecho con un Ejecutivo fuerte y efectiva justicia social. Esta ideología política le acarreó a Bolívar muchas incomprensiones y enemistades, que provenían aun de independentistas que también se llamaban republicanos.
Bolívar en su Discurso de Congreso de Angostura, establece que un gobierno Republicano debe tener sus bases en "la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios".

La visión de Bolívar sobre la educación como medio de alcanzar la igualdad democrática de los ciudadanos, se proyecto en el tiempo e influyo en el decreto de instrucción pública de Guzmán Blanco en 1870.

El decreto de ilustración pública de Guzmán Blanco constituyó un importante paso hacia un sistema democrático de la enseñanza, que fue evolucionando con las posteriores reformas educativas de octubre de 1945, de 1960 y de 1980.

Los logros educativos alcanzados en países como Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Panamá y Venezuela, en su lucha contra el analfabetismo y el atraso, se han apoyado en gran parte en las ideas y proyectos del Libertador, aunque todavía persisten, en buena medida, muchos de esos problemas.

Bolívar al igual que en sus ideario Político, y Social , anhelaba una educación de espíritu progresista y revolucionaria, la importancia de la educación para el ejercicio de la vida ciudadana , llama que mantenía viva con gran fulgor , ya que sostenía la educación como la base fundamental de toda sociedad , de allí su máximo pensamiento expresado en el Congreso de Angostura en el que pronunció con profundo sentir"MORAL Y LUCES SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES" Sus ideas fueron inspiradas de su más noble pasión, apoyadas de los escritos de Rousseau quien afirmaba que la educación es un proceso que se inicia con el nacimiento y termina con la muerte del individuo.

Sus principales ideas educativas fueron:
  • El proceso educativo debe ir dirigido hacia la formación de ciudadanos amantes de la libertad y del respeto por las leyes y sus instituciones.
  • La enseñanza debe adaptarse a la edad, al carácter, y a las inclinaciones de los niños y niñas.

El pensamiento económico del libertador se nutrió principalmente de la observación y el análisis de la realidad completa que le toco vivir. También se apoyó en el conocimiento de las experiencias ocurridas en otras naciones.

En 1812, en el manifiesto de Cartagena, criticó con fuerza la burocracia y el despilfarro de dinero público como una de las causas de la pérdida de la primera república:

La Disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinista, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales, dio un golpe mortal a la república.

En Venezuela y en el resto de los países Bolivarianos, el libertador impulsó un apolítica económica dirigida a recuperar la agricultura de los efectos devastadores que tuvo la lucha emancipadora sobre los campos.

Entre las medidas propuestas por Bolívar para rescatar la agricultura se encuentran:
  • La repartición de tierras baldías entre los soldados patriotas para incrementar la mano de obra en el campo.
  • Fomento y desarrollo de la producción mediante la introducción de nuevas técnicas de cultivo.
En la agricultura fue único e innovador con una Ley de Tierras que distribuía las tierras entre los nativos, para acabar con el latifundio… y además promulgó leyes para incentivar la producción nacional.

En cuanto a la ganadería, Bolívar emitió varios decretos destinados a proteger la cría de caballos, vacas y vicuñas, mediante medidas como estas:
  • La prohibición de exportar ganado hacia otras naciones.
  • La organización de rebaños para concretar las reses dispersas o salvajes.

Con respecto a la minería, Bolívar decretó la propiedad del Estado sobre todas las minas, lo que constituyo la base legal para el proceso de nacionalización reciente de los recursos minerales y el subsuelo, como el hierro y el petróleo.

En cuanto a la industria y el comercio, Bolívar legisló en función de romper las viejas y atrasadas estructuras coloniales, promoviendo a la instalación de talleres de manufacturas y abriendo el comercio exterior a todas las naciones del mundo.

Bolívar crea un precedente histórico al regular el trabajo con normas rigurosas y protectivas del Estado, estableciendo el pago del salario en dinero: Decreto la estabilidad de los trabajadores

Bolívar fue el precursor de la Ley de Carrera Administrativa, que garantiza la estabilidad de los empleados públicos. Además estableció la Contratación Colectiva como mecanismo de protección de los empleados, incitando a su vez a la creación de los Sindicatos.



Vigencia de los Ideales de Bolívar

El Bolivarianismo, como ideología, une el republicanismo cívico-humanista y, según varios sectores izquierdistas, el socialismo. Hoy en día los líderes políticos basan sus propios proyectos en interpretaciones de los ideales de Bolívar. Véase, por ejemplo, el más conocido y actual, iniciado por el ex-presidente de Venezuela Hugo Chávez, y ahora promovido por su sucesor, el presidente Nicolás Maduro, llamado también el primer presidente chavista de Venezuela, el presidente de Ecuador, Rafael Correa y el presidente de Bolivia, Evo Morales, quienes se basan en las ideas de Simón Bolívar y que se enmarcan en el denominado socialismo del siglo XXI, surgido a raíz de la revolución bolivariana en Venezuela. 

La vigencia del pensamiento Bolivariano es indudable, Bolívar llenó su tiempo porque en la teoría y en la práctica supo interpretar los anhelos de los pueblos de nuestra América, y supo conducirlos en una heroica guerra de liberación que transformó esclavos y siervos en hombres y fijó los cimientos de nuevas naciones republicanas y democráticas, donde antes imperaba el colonialismo más oscuro y degradante.

Venezuela es un ejemplo para nuestros pueblos que claman para que el pensamiento democrático que nos legó El Libertador, tenga cabal cumpliendo ahora, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Nuestros países han sufrido después de la gesta de la primera independencia, el azote de régimen plutocrático, teocrático, cacográficos y despóticos: feroces y sanguinarios frente a las justas reivindicaciones populares y arrodilladas y corruptas frente a la voracidad del imperialismo.

La institución de la igualdad social y la educación universal y republicana del pueblo para formar ciudadanos que participen en las altas decisiones del Estado, son, como nos enseña El Libertador, la base sólida en que se funda una nación verdaderamente democrática y prospera, libre y soberana.

El carácter democrático de la república bolivariana se edifica en la naturaleza interdisciplinaria y de mutua cooperación de las ramas ejecutivas, legislativa y judicial, y en la creación de un Poder Electoral. Independiente de las anteriores y formado por el pueblo, para impedir los fraudes y vicios tan habituales en esos grotescos remedos de democracia sufridos por nuestro continente.

La soberanía del pueblo requiere de un poder moral autónomo que dependa directamente del voto popular, para que se pueda ejercitar una verdadera labor de procuraduría, contraloría, fiscalía y defensoría del pueblo para cuidar de la honradez y eficacia de todo el aparato de la administración pública y colocar en la picota pública a los ladrones del Estado y a los que abusen del poder. Este poder moral ideado por Bolívar es, en realidad, el Poder Ético, o sea el instrumento que estimule el ejercicio de la política como quería Bolívar, poniendo en movimiento grandes virtudes.


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