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viernes, 28 de noviembre de 2014

LA TELEVISIÓN DE LOS CONFLICTOS MODERNOS Y LOS JUEGOS DEL HAMBRE


Los formatos de telerrealidad, es decir, los episodios televisivos donde se graba lo que les ocurre a personas reales son un género con mucha polémica. Para muchos, son programas muy completos que combinan aspectos lúcidos con otros de tipo informativo y educativo. Para otros, estos programas se basan en el sensacionalismo.

Los primeros formatos aparecieron en Estados Unidos en los años 50 y se asentaron a partir de la década de los 70, transmitiéndose al resto del mundo.

Sin embargo, el concepto no es tan moderno: ya hay claros ejemplos de shows en la antigüedad. El espectáculo siempre ha existido y siempre existirá.


El circo romano 

El circo romano tuvo su origen en los antiguos ritos etruscos donde se sacrificaba a un prisionero sobre la tumba de un héroe caído en combate. tiempo después, se sustituyó el sacrificio por los combates de gladiadores.

Los juegos comenzaron a celebrarse en honor a Júpiter, en Roma a partir del 390 a.C y tenían una duración de 16 días. Era una obligación asistir a los juegos con la cabeza descubierta " en señal de respeto" a quienes daban su vida en la arena.

En la Antigua Roma, cualquier ritual que se acompañara de sangre tenía una connotación casi profética. Por ejemplo, cuando se practicaba el rito de «maldecir» a un enemigo, estos rezos se culminaban con el sacrificio de un animal; entre más grande y más costoso fuera éste, mayor era el tributo al dios invocado —por lo regular Némesis, a quien los romanos llamaban Envidia— y la efectividad de este conjuro. Del mismo modo, la sangre derramada de los gladiadores era un tributo para «apaciguar el espíritu de los muertos».

A partir del 212 a.C., los juegos se instituyeron en honor de Apolo —ludi apollinares— entre el 6 y el 12 de julio y, desde entonces, cada tanto fueron intercalándose las deidades a quienes estaban dedicados: Cibeles, Floralia, incluidas las infernales como Dis Pater y Proserpina, entre otros. En las principales provincias romanas se replicaban estos juegos entre los meses de febrero y julio; no se volvían a reanudar sino hasta la última semana de noviembre.
Con el tiempo, los juegos se empezaron a organizar para festejos y celebraciones personales, o como parte de las «campañas políticas» de tribunos y senadores para ganarse adeptos y la aprobación de la gente que decían representar; eran la ocasión ideal para que los personajes públicos midieran su popularidad entre la plebe: ésta los alababa o insultaba sin el menor recato. Mucha gente apartaba su lugar en los juegos desde la madrugada, y no se movía de ahí hasta que éstos comenzaran, muchas horas después —algo similar a lo que pasa hoy con quienes «acampan» afuera de un estadio antes de que dé inicio un concierto o una final de fútbol—: ahí comían e incluso hacían sus necesidades con tal de no perder su sitio.

Los Juegos del Hambre: el circo romano moderno

Las novelas de Suzanne Collins son un claro ejemplo de la cobertura técnica y televisiva que se otorga a estos espectáculos de telerrealidad. Inspirado en las experiencias de su escritora y algunos relatos de la mitología griega, Los juegos del hambre tratan temas como la pobreza extrema y el hambre.

Katniss Everdeen, la narradora de la historia, cuenta la historia de un Capitolio dominante y 12 maltratados distritos de la nación de Panem. Cada año, cada distrito es forzado a enviar un niño y una niña, llamados tributos, para pelear a muerte en los Juegos del Hambre anuales.

El Capitolio ( los vencedores)  nunca deja que la gente olvide que la rebelión fue la razón de por la qué los Juegos del Hambre fueron inventados. La televisión de este nuevo circo romano sirve como una herramienta de coacción para evitar que los pueblos se rebelen contra el poder establecido. Al igual que le circo romano, los juegos son un espectáculo que adormece a las masas e impide que se organicen contra aquellos que los oprimen y les esclavizan: Como en el antiguo Imperio Romano, la arena de combate es un estadio creado para el propio espectáculo de muerte, aunque aquí la plaza no sea de tierra y sangre, sino un escenario cercano al concepto contemporáneo de lo espectacular.

Todo régimen del miedo hace uso del espectáculo como herramienta de control del pueblo. Inspirados en Musolinni, el primer dictador que utilizó el deporte como forma de superioridad moral de la raza frente a otros pueblos; las diversas dictaduras y sistemas democráticos han seguido su ejemplo y se han servido de los Medios de Comunicación para deshumanizar los diferentes conflictos humanos que ocurren el planeta. La cobertura televisiva de las dos Guerras del Golfo o la de la Guerra de Vietnam son claros ejemplos del poder de las imágenes y los medios de comunicación
(aunque luego puedan volverse en contra de los gobiernos, como en el caso de Vietnam).

Esta deshumanización de los conflictos es clave para el control de las masas. La arena de combate ha sido sustituida por los canales de televisión, donde sus protagonistas están alejados del público quien les observa cómo algo ajeno a su vida cotidiana.

La parábola es terrible. La falta de respuesta de la sociedad civil ante una situación dramática queda reflejada perfectamente en las películas y novelas. Nos hemos acostumbrado tanto a la muerte y a la guerra que nos parece algo cotidiano y normal y carecemos de los mecanismos necesarios para reaccionar debido a la sobresaturación de información y desinformación y a la falta y voluntad de organización para revertir esta situación.

Necesitamos crear las herramientas necesarias para reaccionar ante tanto circo mediático y sensacionalismo. Y la única forma de hacerlo es a través de la concienciación, la reflexión y la rebeldía. La rebeldía no es ni más ni menos que el posicionamiento con otros valores y la decisión de hacerles frente. Rebeldía intelectual porque entiendo que existe otra manera de ver el mundo y de humanizarlo, rebeldía porque me niego a aceptar la realidad que me venden los  medios de comunicación, rebeldía porque sé que detrás de cada tragedia existe una historia humana que merece ser relatada y dada a conocer a la opinión pública.


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