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martes, 25 de marzo de 2014

LOS DESPACHOS DE GUERRA DE MICHAEL HERR


INTRODUCCIÓN

Lejos de fijar una frontera entre periodismo y literatura, nos situamos en unos textos donde esta frontera aparece difuminada. Son trabajos que coinciden con las exigencias del periodismo pero difieren en las normas de estilo periodístico.
Nos encontramos con reportajes, entrevistas, perfiles y crónicas en cuya redacción se utilizan las técnicas de la narrativa. En palabras de Tom Wolfe "son textos parecidos a la novela pero sin ser novela".
 En esos momentos, ya existe un grupo de periodistas que traspasan los límites convencionales de la profesión, recogen el material y realizan una labor de investigación muy detallada entrando en la historia con la obsesión de narra esa historia desde dentro: el periodista literario no es un comunicador improvisado, sino que es un periodista con experiencia ha indagado en el mundo de la literatura. Por tanto, son periodistas y literatos: Los periodistas del género escriben sus reportajes para que se lean como si fueran relatos, utilizando diálogos de gran realismo, descripciones muy detalladas, caracterizaciones y un lenguaje urbano. Asimismo, el periodista asume mayor protagonismo que en el periodismo convencional, ya que da su visión personal de los acontecimientos, aunque intenta hacerlo de la forma más objetiva posible.

 El Nuevo Periodismo es criticado por su subjetividad y por la creación del llamado "periodismo militante". Paradójicamente, este periodismo militante deriva en el periodismo de investigación, periodismo donde el periodista asume el papel de perro guardián vigilando a los poderes políticos.

Uno de esos autores es Michael Herr, corresponsal de guerra durante la Guerra de Vietnam. Pero ¿quién era Michael Herr? Y ¿por qué su obra ha pasado a la historia habiendo miles de historias anónimas de miles de  soldados que combatieron en la Guerra de Vietnam?


SOBRE EL AUTOR: MICHAEL HERR

Michael Herr (nacido el 13 de abril 1940 en Syracuse, Nueva York) es un escritor estadounidense y ex corresponsal de guerra, más conocido como el autor de Dispatches ( Despachos de Guerra)(1977), un libro de memorias de su tiempo como corresponsal para la revista Esquire (1967-1969) durante la guerra de Vietnam. El libro narra los testimonios del autor, sus vivencias, sus miedos y su experiencia en la guerra de Vietnam. La crítica ha alabado el libro: Para The New York Times Book Review es lo mejor " que se han escrito sobre la guerra de Vietnam ", el novelista John Le Carré lo llamó "el mejor libro que he leído sobre los hombres y la guerra en nuestro tiempo. " El propio Herr ha pasado a la historia como uno de los pioneros en el género literario de la novela de no ficción ( El Nuevo Periodismo), junto con autores como Truman Capote, Norman Mailer y Tom Wolfe.
De 1971 a 1975 no escribió ninguna publicación. En 1977 se puso en contacto con el rockero Ted Nugent y escribió sobre la experiencia en un artículo de portada para la revista Crawdaddy en 1978.

Herr coescribió el guión de La chaqueta metálica, con su íntimo amigo el director Stanley Kubrick y el autor Gustav Hasford. La película se basa en la novela de Hasford corto temporizadores y el guión fue nominado para un premio de la Academia. También contribuyó a la narración de Francis Ford Coppola Apocalypse Now. Colaboró ​​con Richard Stanley por escrito el guión original de la adaptación de la novela de HG Wells, La isla del Dr. Moreau 1996. Sin embargo, Stanley afirma que las reescrituras posteriores cuestan Herr su haber escrito, omitiendo la mayor parte del material creado por los dos escritores. La omisión probablemente trabajó a su favor, sin embargo, ya que la película fue criticada por los críticos y escritores acreditados ganados Stanley y Ron Hutchinson un Premio Razzie al Peor Guión de 1997.

Herr escribió un par de artículos para la revista Vanity Fair sobre Stanley Kubrick , que más tarde se incorporaron en el pequeño libro de Kubrick , una biografía muy personal del director. Sin embargo, se negó a editar el guión de la película de Kubrick Eyes Wide Shut.

EL CONTEXTO DEL LIBRO: LA GUERRA DE VIETNAM

La guerra de Vietnam (1962-1975) ha sido, por ahora la guerra más larga en la que ha entrado Estados Unidos. La guerra se vendió como un intento de frenar el comunismo en el mundo, y fue propiciada tras el fracaso de la invasión de la Cuba de Fidel Castro (el llamado desembarco en la Bahía de Cochinos) quien adoptó el comunismo en 1962 y transformó Cuba en un sistema socialista.

Anteriormente, Vietnam pertenecía (junto a Camboya y a Laos) a la Indochina francesa, la cual había conseguido su independencia en 1954 dividiéndose en cuatro países:
  • ·        Vietnam del Norte
  • ·        Vietnam del Sur
  • ·        Camboya
  • ·        Laos

Hubo sobre todo dos grupos de personas cuyas ideas se enfrentaron y fueron los demócratas y los comunistas. Sus ideales se enfrentaron y pelearon con frecuencia. Esto condujo a una brecha grave del país que lleva a la formación de dos países - Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. 

Vietnam del Norte fue creada por los comunistas, liderados por Ho Chi Minh, y Vietnam del Sur fue formado por asesores militares estadounidenses para evitar que los comunistas de Vietnam del Norte se adueñaran del país, siguiendo así la Doctrina Truman. Sin embargo, el gobierno de Vietnam del Sur estaba dirigido por un dictador proestadounidense llamado Ngo Dinh Diem. Los Estados Unidos decidieron apoyar a Vietnam del Sur a pesar de la naturaleza de Diem: Estados Unidos le dio gran importancia a la supervivencia del Estado survietnamita, puesto que se creía que la victoria de los comunistas propiciaría la sucesiva caída en la esfera chino-soviética de los demás países de la zona, según el llamado efecto dominó.

Vietnam del Norte al ser un país comunista fue apoyado por Rusia y otros países comunistas como China.  El principal problema de los Estados Unidos fue la fuerte resistencia de Vietnam del Norte y su guerrilla (el Vietcong) creada en 1960. Para los Estados Unidos, el territorio era desconocido y aviones o helicópteros no funcionó bien en los terrenos. Sin embargo, la guerra duró 13 años y cuando llegó a su fin, el primer ministro Diem fue asesinado a tiros y que es lo que liberó a los vietnamitas en el final. El país se unificó en 1975 y se convirtió en la República Popular de Vietnam.

Michael Herr cuenta  en su libro que los soldados hablaban de lo poco que les gustaba la “película” de Vietnam. Criados en una cultura de cine y televisión, machacados durante años por películas bélicas, algunos de ellos, aun después de las primeras escaramuzas, se lo montaban de tal manera que actuaban ante las cámaras. Hasta el propio Herr reconoce que en sus primeros combates no se sintió especialmente mal. Era las mismas cosas que había visto en televisión, trasladadas a otro medio. Luego se dio cuenta que había escenas sin cortes ni montajes, y que los muertos no eran actores.

Estábamos ya rodeados de marines, había unos quince, y uno de ellos, un chaval bajo y fornido, de cara oscura y lisa, que parecía un enano gigante, se plantó delante y nos miró con clara hostilidad.
–Así que vosotros sois corresponsales. No hacéis más que liar las cosas, amigos –dijo–. Mi viejo me manda cosas de los periódicos, y, según él sólo escribís mierda.
Un par de marines le abuchearon, la mayoría rieron. También Lengle se echó a reír.
–Bueno, chaval, qué quieres que te diga. Nosotros hacemos lo que podemos.
–¿Pero por qué no contáis las cosas como son?
–Este jodido Krynskli –dijo uno, dándole al chaval un golpe en la nuca.
Según su casco, era el Vengador en persona, y había venido a ayudarnos, justo a tiempo. Parecía un estudiante de primer curso de teología, ojos azul claro, nariz respingona, pelo como barbas de maíz y una expresión que indicaba tal confianza e inocencia que enseguida pensaba que ojalá hubiese siempre alguien que se cuidase de él. Parecía muy molesto por lo que acababa de decirnos.
–No le hagáis caso a ese gilipollas –dijo–. Maldita sea, Krynski, no sabes qué coño dices. Estos tíos son de primera, lo digo en serio.
–Gracias, hombre –dijo Langle
–Era una broma –dijo Krynski.
–No te preocupes, hombre.
Pero el Vengador no estaba dispuesto a dejar así las cosas.
–Estos tíos se arriesgan mucho, entiendes, comen lo mismo que nosotros y duermen también en el barro. No tienen obligación de estar aquí oyendo tus chorradas. ¡No tienen siquiera obligación de estar aquí, en esta guerra!
–Oye, ¿qué quieres decir con eso? –dijo Krynski, completamente desconcertado–. ¿Vas a decirme que estos tíos vinieron aquí voluntarios?
–¿Pues qué creías, soldado de mierda? –dijo el Vengador–. ¿Creías que eran unos soldados de mierda como tú?
169 HERR, Michael. Op.cit. Pág. 24.

SOBRE DESPACHOS DE GUERRA
El título del libro hace referencia a la manera en que recibían la información bélica los periódicos en caso de conflicto: el ministerio de defensa emitía un comunicado que luego la prensa se encargaba de difundir sin objeciones. Michael Herr con este título quiere denunciar la forma en que vendía Estados Unidos la guerra de Vietnam como una cruzada contra los comunistas, deshumanizándola, ocultando a la opinión pública la otra cara de las guerras: los heridos, los muertos, las tragedias…

El libro recopila una serie de crónicas de Michael Herr para la revista Squire entre 1967 y 1969. Su autor analiza la contienda desde un punto de vista poco ortodoxo (utiliza el punto de vista del narrador testigo), lo que permite acercar la guerra a la opinión pública, situar en el mapa un lugar tan  lejano para los estadounidenses como es Vietnam y, a través del periodismo militante acerca el tema a los lectores a través de la subjetividad y las experiencias del autor, firmando una de las grandes obras del Nuevo Periodismo.  

En Vietnam, los militares dejaron manos libres a la prensa, como había ocurrido en aquel período entre 1865 y 1914, hasta la Primera Guerra Mundial, conocido como la edad de oro del corresponsal de guerra. Con la Segunda Guerra Mundial llegarían la estrecha censura y el alejamiento del periodista de los frentes. Pero esa niebla se levantaría en Vietnam y tanta libertad pasó su factura: Podía dejarte que siguieras pensando que todos nosotros éramos valerosos, ingeniosos, apuestos y vagamente trágicos, que éramos una especie de grupo sin igual, un comando supercojonudo, los Peligrosos Chi, amantes del peligro, sabios y sensibles. Podría haberlo utilizado yo mismo, la película habría sido mucho más vistosa, pero habría que aclarar bien lo que significaba este “nosotros”.

Las crónicas de Michael Herr  no entran  en debates moralizantes sobre la participación de Estados Unidos, ni en explicaciones oficiales:   son crónicas sobre la experiencia americana en Vietnam  y sobre los hombres que combatieron en aquella guerra. Los que estaban al final de la cadena, los soldados anónimos, los nadie, los verdaderos protagonistas de la contienda.  Jóvenes que no sabían muy bien lo que hacían allí, que no sabían lo que era el comunismo ni lo que significaba el mundo libre del que tanto hablaban los gobernantes de su país, chicos poco cualificados, de clase baja en su mayoría, porque los hijos de la gente rica no solían ir a Vietnam y se pegaban  la vida padre sirviendo en la Guardia Nacional. Entre combate y combate  escuchaban a Jimmy Hendrix,  The Doors y a The Rolling Stones,  y se ponían ciegos de cerveza, bourbon, marihuana y heroína  mientras  el enemigo les esperaba  agazapado  en la jungla, resistiendo a base de agua y arroz. Muchos murieron, otros  muchos acabaron mutilados,  muchos se volvieron locos o drogadictos, muchos fueron incapaces de digerir el horror que habían vivido y no consiguieron readaptarse a la vida civil. 

 Esto es lo que cuenta Michael Herr en Despachos de guerra, y lo hace con una libertad, una ironía y una elocuencia que asombran. El libro está envuelto en esa atmósfera tan propia de la juventud estadounidense de aquellos años; cargada de psicodelia, drogas y rock and roll. 

Despachos de Guerra no sólo describe a los combatientes y a las víctimas, también describe a una generación de periodistas independientes que iniciaron un nuevo modo de contar las cosas alejados de los grandes medios de comunicación. Herr se centra sobremanera en la figura de tres fotoperiodistas legendarios: Tim Page, Sean Flynn y Dana Stone. 

La contribución más brillante al cine de Herr fue la autoría del guión de “La Chaqueta Metálica” (Full Metal Jacket, 1987) junto a su amigo, Stanley Kubrick y al periodista Gustav Hasford, quien fue corresponsal de los marines en Vietnam. De hecho, el protagonista de la película (el sargento James T.  Davis, el recluta bufón) está basado en la figura de Michael Herr.
La obra permite a los lectores acercar un paisaje tan lejano como Vietnam. La guerra de Vietnam es uno de los temas del Nuevo Periodismo: Michael Herr a través de Despachos de guerra narra miles de historias personales humanizando un conflicto bélico (por eso, el libro exige el uso de la primera persona y de la subjetividad).

El libro es el testimonio de uno de los tantos soldados americanos que fueron reclutados (forzosamente) para ir a la Guerra de Vietnam: Michael Herr convivió con los soldados americanos, siendo uno más, preguntando, haciendo fotos, humanizando un conflicto bélico.
Despachos de guerra es todo un clásico, una obra maestra del periodismo, de la época dorada en la que los corresponsales extranjeros tenían libre acceso al frente, un error que políticos y militares norteamericanos no volvieron a cometer y que llevó al control estricto en la guerra de Irak.

Herr no era de aquellos enviados —y hubo muchos— que solo se arriesgaban en visitas al frente organizadas por el mando y con fuertes garantías de seguridad, que se quedaban la mayor parte del tiempo en Saigón, trasegando whisky en el hotel, releyendo en busca de referencias cultas a Graham Greene, Joseph Conrad y tal vez Marguerite Duras, fagocitando experiencias de los colegas que volvían de primera línea y escribiendo con buena pluma y mayor desvergüenza vibrantes y heroicas crónicas sobre batallas que no habían presenciado.

Herr formaba parte de ese gremio de periodistas militantes, como el fotógrafo Sean Flynn —hijo de Errol, desaparecido en Camboya—, que mostraron con su trabajo la crueldad sin sentido del conflicto, que le metieron con toda su crudeza en los cuartos de estar de los hogares de clase media y en los campuses universitarios de su país, y que alimentaron así las protestas ciudadanas que contribuyeron a acabar, hace casi 40 años, con una guerra absurda e imperialista que se cobró más de 50.000 vidas estadounidenses y millones de vietnamitas.

La estructura es caótica y entremezcla muy rápidamente distintas situaciones geográficas y temporales, ya que el ritmo del relato parece asemejarse a la propia experiencia de Herr. Como el propio Michael Herr reconoce  “Tardé un mes en perder aquella sensación de ser un espectador de algo que era en parte caza y en parte espectáculo

La obra está situada entre 1967- 1968, es decir, en plena guerra de Vietnam. A medida que avanzan las páginas, las confesiones sobre su estado de ánimo, sus miedos, y sus depresiones, van dejando paso de forma sutil al relato del día a día de los soldados, auténticos protagonistas.
Despachos de guerra está estructurado a partir de seis capítulos construidos a base de fragmentos o notas de lo que parece un diario personal de Herr, patentado así por el empleo constante de la segunda persona del singular que dota al relato de un tono confesional, intimo, revelador. La escritura de Herr está tejida por párrafos largos a través de un encadenamiento de oraciones a base de conjunciones y una yuxtaposición de puntos de vista. Herr escribe por ejemplo por momentos desde el punto de vista del frente americano: una primera persona del plural, incluyente pero nada complaciente porque se desmarca del patriotismo y el espíritu heroico haciendo de eso una crítica implícita a la tendencia intervencionista de la nación a la que pertenece.

En esa yuxtaposición de puntos de vista, Herr fundamenta el relato en planos discursivos que incluyen la síntesis explicativa o el resumen, lejos del ensayo explícito sobre las causas y los efectos del conflicto; y la descripción y la acción de las escenas vividas de primera mano o reconstruidas a través de puntos de vista en tercera persona.

Esto me lo contó Bob Stokes, de Newsweek: En el gran hospital de la Infantería de Marina de Danag, tienen lo que llaman el “pabellón de la mentira blanca”, donde llevan algunos de los casos más graves, aquellos que pueden salvarse, aunque nunca volverán a ser los mismos. Allí llevaron a un joven marine medio inconsciente y lleno de morfina, que había perdido las piernas. Cuando le metían en el pabellón, volvió en sí unos instantes y vio a un capellán católico a su lado.
–Padre –dijo–, ¿estoy bien?
El capellán no sabía qué decir.
–Tendrás que hablar de eso con los médicos, hijo.
–Padre, ¿tengo las piernas bien?
–Sí –dijo el capellán–. Claro.
Pero a la tarde siguiente, había pasado la conmoción y el muchacho se había enterado ya de todo. Estaba tumbado allí en su cama cuando pasó el capellán.
–Padre –dijo el marine–. Me gustaría pedirle una cosa.
–¿Qué, hijo?
–Me gustaría tener esa cruz.
Señaló la pequeña cruz de plata de la solapa del capellán.
–Por supuesto –dijo el capellán–. ¿Pero por qué?
–Bueno, fue lo primero que vi ayer cuando desperté, y me gustaría tenerla.
El capellán se quitó la cruz y se la dio. El marine la apretó con fuerza en el puño y miró al capellán.
–Mentiste, padre –dijo–. Sí, soplapollas, mentiste
Forma parte del llamado “periodismo militante”; periodismo que  a través de la subjetividad y la primera persona acercan el tema a los lectores y lo dotan de verosimilitud; y permiten informar verazmente sobre una guerra o un conflicto. También Herr muestra la hostilidad de algunos soldados con los corresponsales de guerra y con la prensa: En ese momento, los periódicos de Estados Unidos se habían volcado a favor de la intervención en Vietnam, convenciendo a una gran parte de la opinión pública de la necesidad de combatir en Vietnam para frenar el comunismo. Sin embargo, los testimonios de Herr muestran la realidad de los soldados, la realidad de la guerra: aquello que el gobierno estadounidense no quiería que la opinión pública supiese.

Había un par de marines hablando con Flynn y con Wheeler de sus cámaras, cuál era el mejor sitio para comprar lentes, la velocidad adecuada para determinada toma, yo no podía seguir la cosa. Los soldados sabían lo suficiente de los medios de difusión como para tomarse más en serio a los fotógrafos que a los corresponsales, y llegué a encontrar oficiales que se negaban a creer que yo fuese un corresponsal de verdad porque nunca llevaba cámara.
Estábamos ya rodeados de marines, había unos quince, y uno de ellos, un chaval bajo y fornido, de cara oscura y lisa, que parecía un enano gigante, se plantó delante y nos miró con clara hostilidad.
–Así que vosotros sois corresponsales. No hacéis más que liar las cosas, amigos –dijo–. Mi viejo me manda cosas de los periódicos, y, según él sólo escribís mierda.
Un par de marines le abuchearon, la mayoría rieron. También Lengle se echó a reír.
–Bueno, chaval, qué quieres que te diga. Nosotros hacemos lo que podemos.
–¿Pero por qué no contáis las cosas como son?
169 HERR, Michael. Op.cit. Pág. 24

La Guerra de Vietnam fue el último conflicto bélico donde el ejército estadounidense permitió total libertad de prensa: sin embargo, esa libertad de la que gozaban los periodistas se convirtió en un problema para los políticos, que habían vendido la guerra como una cruzada contra el comunismo, cuando la opinión pública estadounidense observaba que la guerra de verdad poco tenía que ver con heroicidades y mucho con la peor de las miserias humanas: a diferencia de las guerras actuales, las cuales se han convertido en un elemento propagandístico más de los Estados Unidos ( las dos Guerras del Golfo, la invasión en Libia…), Despachos de Guerra humaniza un conflicto, transmitiendo las verdades de los soldados, la situación en el frente de batalla, dotando a la obra de verosimilitud, verosimilitud que ha desaparecido con la cobertura mediática de las actuales guerras, en las que se observa la doble moral del lenguaje bautizando como “guerras humanitarias” a invasiones de la OTAN o Estados Unidos o utilizando la palabra “pacificación de los conflictos”, palabra que siempre ha sido la máscara de las guerras imperialistas.

Así la guerra se convierte en un escenario exclusivo para el ámbito del espectáculo en directo. La inmediatez con que se transmite la información, relajándose los controles de verificación, y la competencia entre los medios, hacen todavía de la cobertura de guerra un escenario propicio para la mentira y la manipulación con que se envuelve un escenario bélico que creemos imposible pero cierto. Eso parece inevitable, como la muerte. Y es la muerte para el periodismo.

La obra de Herr inspiró la película La Chaqueta Metálica de Stanley Kubrick, de la que Michael Herr fue coautor del guión y su figura está retratada en el protagonista, el “recluta bufón”, el sargento  James T. "Joker" Davis.


CONCLUSIONES: LA RELEVANCIA DE DESPACHOS DE GUERRA

Despachos de Guerra se ha convertido en una obra de  vital importancia para entender la Guerra de Vietnam: es cierto que se han hecho muchos más libros y películas sobre este conflicto, pero Despachos de Guerra
Ante la competencia por la exclusiva, a costa de la veracidad, Herr nos dice también que la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor. Es ésta una condena que libera y que permite que los relatos merezcan una lectura con perspectiva histórica, como memoria o testimonio. Despachos de Guerra es, ya lo decía, una obra abstracta por el profundo acercamiento en los planos, periférica en el abordaje de episodios al margen de la oficialidad y marginal en cuanto al relato como resultado de la experiencia de un hombre solo en medio de un ejército de soldados y corresponsales.
En los escenarios bélicos, el peligro es algo imprevisible y es inevitable que el reportero esté a punto de morir alguna vez. Es esa la incertidumbre de lo que está fuera de control, de lo que no depende de ti. Herr asumió los riesgos y una actitud para poner en marcha con intuición un procedimiento periodístico por excelencia: permanecer el mayor tiempo posible en el escenario por describir y establecer contacto con los informantes, haciendo preguntas de manera insistente y observando hasta lo indebido.


Yo estaba allí para observar [...]. Yo fui a cubrir informativamente la guerra y la guerra me cubrió a mí; una vieja historia, a menos, claro está, que nunca la oyeras. Yo fui allí con la ingenua pero honrada creencia de que uno debe ser capaz de mirar cualquier cosa, honrada porque la asumí y pasé por ella, ingenua porque no sabía, tenía que enseñármelo la guerra, que eres tan responsable por todo lo que vieses como por todo lo que hicieras.

1 comentario:

  1. Un artículo muy extenso, y debo confesar que no leí todo, pero sí lo suficiente como para reafirmar esa frase que dice: "Si la historia la cuentan los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia"

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