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POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

sábado, 27 de abril de 2013

POR EL ANIVERSARIO DE GRAMSCI


"Odio a los indiferentes. Creo que vivir es tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano y partidario. Indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso, odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador y la materia inerte en la cual frecuentemente se ahogan los entusiasmos más esplendorosos. La indiferencia actúa poderosamente en la historia. Actúa pasivamente, pero actúa. Es la fatalidad, es aquello con lo que no se puede contar, aquello que confunde los programas, que destruye los planes mejor construidos. Es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la sofoca. Lo que ocurre, el mal que se abate sobre todos, no se debe tanto a la iniciativa de los pocos que actúan, como a la indiferencia de muchos. Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunos lo quieran, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja de hacer, deja promulgar leyes que después solo la revuelta hará anular, deja subir al poder hombres que después solo una sublevación podrá derrumbar. Los destinos de una época son manipulados de acuerdo con visiones restrictas, objetivos inmediatos, ambiciones y pasiones personales de pequeños grupos activos, y la masa de hombres lo ignora, porque no se preocupa. Por eso, abomino a los indiferentes. Desprecio a los indiferentes, también porque me provocan tedio sus lamentos de eternos inocentes. Vivo, soy militante. Por eso detesto a quien no toma partido. Odio a los indiferentes"


jueves, 25 de abril de 2013

CLAVELES DE ABRIL


El 25 de abril de 1974 un grupo de militares se rebeló contra la dictadura salazarista que dominaba en Portugal desde 1926. 

A las 0.20 del día 25 de abril de 1974 en el programa Limite de Radio Renascença se emitió la canción Grândola, Vila Morena, que era la segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario que derrotaría a la dictadura de Salazar y daría libertad a Portugal y a su gran imperio colonial.


Hoy como ayer llegan a mi memoria
los rojos claveles de abril en Portugal
tan presentes en la historia
tan necesarios en el panorama actual

La rebelión de un ejército popular
contra la cruel dictadura de Oliveira Salazar
recordaron la idea del ejército de Lenin y de Marx,
un ejército dispuesto a todo para luchar por la paz

¿dónde quedó aquella idea, aquella utopía?
ahora sois más necesarios que nunca, camaradas
en esta época cruel, tiránica, despótica y fría
la voz de la revolución no debe ser silenciada

Os reivindico con vuestros fusiles y claveles,
compañeros y camaradas de la Revolución
que forjasteis entre el pueblo y los cuarteles
sembrando semillas de rebelión

vosotros, que sembrasteis las semillas del socialismo
tras una larga época cruel y oscura
de un pueblo silenciado por la dictadura
de los militares leales al fascismo

Es necesario que vengan nuevas revoluciones
en esta época terrible y oscura para el proletariado
son necesarias nuevas barricadas y rojas banderas

que acaben con este régimen de banqueros y ladrones
que tanto daño y dolor han causado
al pueblo entero, a la clase obrera


martes, 23 de abril de 2013

ARAGÓN

En la zona noreste de España
Donde fluye el Ebro de plata
En plena flor de la vida
Superando tierras yertas,

Con bajones y subidas,
Temperaturas extremas,
Adentrándose en las venas abiertas
De la tierra de arcilla y de poemas
Surcadas por vegetación

Surgen encinas, alcornoques y matorrales
A pesar de los males y pesares
Del clima de esa región.

Esa tierra ocupa un lugar especial en mi corazón:
Esa tierra es Aragón
Por los Monegros, sus calles y sus pueblos he paseado
Y miles de historias reales, ficticias, clásicas
sus gentes a través de sus bailes y sus cantos me han narrado

Las gentes de Zaragoza, Huesca y Teruel
Sus corazones me han abierto,
Dándome calor y abrigo,
Renovando flores marchitas
A pesar del paraje sombrío
forjados por el centeno y el frío sin cuartel

Sus gentes me envuelven en cálidos abrazos
De, los forjados de la dura y rocosa tierra, sus brazos
tan fuertes con la roca, tan cálidos como la arcilla y el barrizal
tan forjados por el centeno y la nieve y el frío glacial

Mientras el Beduino, Labordeta, cargado con su mochila y su guitarra
Maestro de profesión y de edad,
Con camino y paso seguro, por la tierras de barro y de pizarra
Me libra del apuro de la soledad

Y con un vaso de vino y comida tradicional
Charlamos, bebemos, disfrutamos.
Me abre el corazón, su casa y me brinda su hospitalidad
Paseando por sus tierras y sus calles me tratan como un hermano

Y, en ese momento, en mi corazón
Brota en mí un sentimiento
El amor, la simpatía por la gente de Aragón.
siempre presente en mi corazón y en mis pensamientos

ANCHA ES CASTILLA


Vivo en una tierra entre dos mares
Cercada por el Atlántico y el Mediterráneo
Tierra de poetas, vaganes, trovadores y juglares
Y cantaautores contemporáneos

Nació como tierra de castillos
Mano derecha del reino de León
Donde arraiga la tradición
Cabeza del imperio español

Por bandera una fortaleza
con un pendón morado
de un pueblo de gran braveza
de una tierra labrada por el campesinado

una tierra de vasta extensión
una tierra de señores y soldados
una tierra de curas y tradición
una tierra de paisajes sembrados

La cabeza de un imperio donde no se ponía el sol
el centro del mundo conocido en época ya pasada
ahora ya a suerte abandonada
ahora ya recuerdos en el cancionero español

una tierra de tradiciones y de  amplia cultura
de numerosas historias y relatos
donde estaban dispuestas las armas y la armadura
las canciones de los trovadores y las plumas de los literatos

Pues ancha es Castilla y el sol que brilla
una tierra que unía dos mares
una tierra narrada en gestas y cantares
una tierra recordada en cada cancioncilla


domingo, 21 de abril de 2013

MARCELINO DOMINGO



Nacido el 25 de Abril de 1884 en Tarragona, su padre era un oficial de la Guardia Civil nacido en Andalucia, mientras que su madre era original de la propia Tarragona.

Durante su infancia sufrió varios traslados de domicilio debido a la profesión paterna, entre ellos la propia Tarragona, Mallorca o Barcelona. Estudio en Tarragona, consiguiendo en 1903 la titulación de maestro, ejerciendo la docencia posteriormente en Tortosa, aunque también tendría una gran actividad periodística.

Fue en su época de estudiante donde entra en contacto con los círculos republicanos a través de Rovira y Virgili, iniciando en su posterior traslado a Tortosa su carrera política siendo elegido concejal del ayuntamiento, miembro del Consejo General de la Unió Federalista Nacionalista Republicana y finalmente, en 1914, diputado a Cortes.

En los años posteriores continuará con su actividad política participando en la creación del Bloque Republicano Autonomista, desde el cual impulsará la apertura del republicanismo hacia los obreros, y posteriormente el Partido Republicano Catalán, consecuencia de la unión entre el Bloque y otros grupos republicanos catalanes.  Asimismo participará en diversas publicaciones periodísticas, haciéndose cargo de la dirección de La Publicidad en 1915 y en 1916 del periódico afín al Bloque “La Lucha”, desde el cual arremeterá duramente contra el gobierno y sobre todo contra la ocupación española de Marruecos.

Los años anteriores al golpe de estado de Primo de Rivera serán para Marcelino Domingo de una gran actividad política, participando en la Asamblea de Parlamentarios y en la preparación de la Huelga General de 1917, motivo por el que fue detenido. En 1918 impulsaría la Alianza de Izquierdas, en la cual se incluiría el PSOE y conseguiría presentar un proyecto de Autonomía para Cataluña, que sería rechazado por el Congreso de los Diputados. La dictadura de Primo de Rivera traería consigo, como a otros políticos republicanos, un paréntesis en su actividad  política, que aprovecharía para realizar una amplia actividad literaria y teórica, estableciendo las líneas generales del posterior radical socialismo, sin embargo su oposición a la dictadura le conllevaría de nuevo ingresar en prisión.

En 1929 fundaría, junto con otros republicanos, especialmente provenientes del radicalismo, el Partido Republicano Radical Socialista, además de participar en el Pacto de San Sebastian.

Con la llegada de la II República ocuparía en el gobierno provisional ocuparía el cargo de Ministro de Instrucción Pública, promoviendo la implantación de la enseñanza laica por medio de la construcción de miles de escuelas a lo largo del país.  Posteriormente, durante los gobiernos de Azaña estuvo al cargo del Ministerio de Agricultura, desde el cual abordaría una ambiciosa reforma agraria que tuvo finalmente resultados limitados.

Pronto, y a pesar del excelente resultado electoral de 1931, el sector progresista liderado por Marcelino Domingo y Alvaro de Albornoz entrará en conflicto con el sector mas moderado de Gordon Ordas, debido principalmente a la estrategia de alianzas a seguir, mientras los primeros querían seguir con una alianza con los republicanos de izquierda que incluyera a los socialistas, los segundos eran contrarios a colaborar especialmente con estos, y abogaban por un acercamiento a los radicales de Lerroux. En 1933 se produce la escisión, y el sector progresista se saldrá del partido creado el Partido Republicano Radical Socialista Independiente, que obtendrá unos paupérrimos 4 diputados en las elecciones de ese año.

Ante estos resultados, Marcelino Domingo iniciará una serie de contactos con otros republicanos de izquierda, especialmente Azaña y Casares Quiroga, lo cual desembocará en la creación de Izquierda Republicana, con la cual se presentará dentro del Frente Popular. Una vez producida la victoria del Frente Popular, Marcelino Domingo volverá a ocupar puestos de relevancia dentro de los gabinetes republicanos que se producen hasta el levantamiento militar, concretamente el de Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Estallada la Guerra Civil, sus esfuerzos se centraron en impedir el aislamiento de la República, formando parte de la delegación que viajó a Francia con el objetivo de conseguir el apoyo del presidente del gobierno francés, el socialista Leon Blum para la causa republicana y viajando por el mundo con el fin de dar a conocer la realidad del conflicto creado por el levantamiento militar.
Finalmente, agotado por el esfuerzo realizado y con la salud deteriorada, moría el 2 de Marzo de 1939 en Toulouse, Francia.

Aparte de político, periodista y maestro, fue un prolífico escritor tanto de teatro (“Juan sin Tierra”, “El pan de cada día”, etc…), novelas (“El visionario”, “Un burgo podrido”, ….),  ensayos (“¿Qué España?”, “¿Adonde va España”, …) o testimonios (“La experiencia del poder”, “La revolución de Octubre”,…).
D. Marcelino Domingo, autor dramático  - 1932 (Papel - Varios)

miércoles, 17 de abril de 2013

LOS TIRANOS

Si nos situamos en Grecia, en la época de las narraciones de Homero, es decir, en los tiempos más antiguos de sus pueblos, debemos saber que éstos vivían en ciudades independientes, que eran gobernados por un rey al que llamaban basileus, y al que sus súbditos consideraban representantes de los dioses, aunque no ejercían un poder absoluto, como ocurría en Egipto o Asiria; los basileus debían actuar de acuerdo con los príncipes y siempre basados en las costumbres del país. 
 
Pero, con el paso de los años, los reyes desaparecieron y el poder fue tomado por los cabezas de las familias nobles, y el nuevo estilo de gobierno se llamó régimen aristocrático, significando que era "el gobierno de los mejores". 

Esto duró hasta el siglo VII a.C. y, sobre todo, en las ciudades más ricas aparecieron nuevos jefes de un estilo hasta entonces desconocido: gobernaban como dueños absolutos, sin consultar a nadie y pasando sobre las costumbres, atacando a los nobles a los que hacían matar o deportar, y formaban grupos guerreros que ellos pagaban para la seguridad de sus personas, soldados que solo a ellos obedecían. Se hacían llamar tiranos, nuevo y extraño título que, tal vez, provenía de Asia. 

Hubo famosos tiranos como Fidón de Argos, una de las primeras ciudades del Peleponeso; Fidón se decía descendiente de los heráclitas, fue el más violento de los tiranos griegos, que obligó a todos los pueblos vecinos a hacerse aliados de Argos. La historia cuenta que arreglé el sistema de pesas y medidas, adoptando el aplicado por años en Babilonia, cuyas medidas de longitud eran el codo y el pie; la unidad de peso era el talento, que se dividía en 60 minas, la mina, a su vez, equivalía a 100 dracmas y el dracma en seis óbolos. Pero, a Fidón se le reconoce el mérito de haber sido el primero en adoptar en uso de la moneda de plata en Grecia, y esto porque en tiempos de Homero los griegos no conocían en uso de las monedas y el valor de las cosas se calculaban en cabezas de ganado, y el pago se hacía en un cierto número de bueyes; más tarde, se utilizó el oro y la plata, y los cálculos representaban talentos, minas y dracmas, pero pesando lingotes. 

Los asiáticos imaginaron hacer lingotes pequeños, en forma de pastillas, imprimiendo en ellas un sello. En la isla Egina, que pertenecía a Argos, es decir, a Fidón, existió la primera fábrica de monedas, donde se acuñaban monedas de plata que pesaban un poco más de 13 gramos.

Otro tirano, que ejerció el poder durante treinta años, fue Cipselos, que gobernó Corinto, una de las más importantes ciudades de Grecia, durante treinta años, y a quien le sucedió otro tirano - según algunos, hábil y honrado gobernante - y, según otros, como un tirano cruel y avariento, que hizo matar a los nobles de Corinto. 

En nuestros tiempos, a este tipo de gobernantes, se les llama dictadores. Y los ha habido y los habrá más que todos los tiranos griegos juntos.

lunes, 15 de abril de 2013

MITOLOGÍA GRIEGA



Durante más de mil años y extendiendo su influencia a lo largo de todo el mundo mediterráneo y más allá, la religión de los griegos ofrecía planos muy diversos. Desde luego, estaban aquellos, como los héroes sobre los escribió Homero, que no abrigaban la esperanza de tener una existencia bendita después de la muerte, y aquéllos, como los de Platón, que esperaban un juicio después de la muerte, que separara al bueno del malo
La religión abarcaba con la piedad a los simples campesinos y, además, era la fuente de las especulaciones de los pensadores sofisticados; la religión griega tuvo diversas formas de observancia que iban de los excesos orgiásticos de los adoradores de Dionisio a los que se esforzaban para la purificarse con rígidas restricciones dietéticas. Los griegos aceptaban que los extranjeros reverenciaran a sus propios dioses, siempre que se respetaran los cultos locales.
Los orígenes de religión griega se pierden en la prehistoria. En el siglo II a. C. pueblos que hablaban griego vinieron desde el sur a la península, que ahora conocemos como Grecia, trayendo sus dioses; más tarde, en la segunda mitad del siglo II a.C.la civilización griega de Micenas, se centró en el continente. Escritas en tablillas de arcilla en una escritura conocida como B Lineal, se grabaron archivos que detallaban las ofrendas - los vasos de oro, las ovejas, el trigo, los agasajos de miel-, con la que estos griegos presentaron a sus deidades, algunas de los cuales siguieron siendo adoradas cuando se formalizó la nación griega.

La multitud de dioses griegos, se distinguían de los hombres porque los dioses eran inmortales. Se pensaba que controlaban varias fuerzas naturales o sociales: Zeus, el tiempo, Poseidón, el mar, Remeter, la cosecha, Hera, la maternidad y el matrimonio y, así, sucesivamente. Las actividades de las deidades mayores fueron expresadas por sus epítetos: Zeus Maimaktes, era tormentoso; Zeus Xenios, protegía a los invitados; Zeus Ktesios, era el protector de la casa. Las deidades distintas eran adoradas en lugares diferentes, pero los bardos crearon un sistema unificado de pensamiento, referido en las épicas Homéricas, que retrataron a los dioses mayores y su comportamiento en Monte Olimpo, bajo el soberanía de Zeus Padre. Además del Olimpo, los griegos adoraron varios dioses campesinos: Las Ninfas, las Nalas, las Neridas (que vivían en primaveras), las Driadas (que moraban en los árboles), los Sátiros, y otros. Además, estaban los poderes oscuros del mundo subterráneo, como Funes, que perseguía a los culpables de crímenes contra los parientes consanguíneos. Los griegos establecieron cultos para las figuras que fueron héroes en el pasado, entre los más importantes estaban Heracles y Asclepius(el sanador).

El acto más importante de culto griego era el sacrificio. Las víctimas para el sacrificio eran distintas, según fuera el dios al que se les ofrecía: las vacas para Hera, los toros para Zeus y los cerdos para Demeter. El procedimiento del sacrificio también variaba: una ofrenda se dirigida a un dios del Olimpo se hacía en un altar al venir el alba; del animal sacrificado, ciertas porciones eran reservadas para el dios; el resto era compartido en una comida común de los participantes. Los sacrificios a los dioses del mundo subterráneo se ofrecían por la tarde; las víctimas eran característicamente negras, y en lugar de comerlos, íntegros, los metían en un hoyo y los lapidaban. Las ceremonias comprendían oraciones, libaciones y otras ofrendas, incluidas procesiones y otros actos, especialmente la adivinación, a través de los oráculos y pájaros. El adivinador se pasaba la noche de víspera en un templo, esperando ser visitado por la divinidad en un sueño.

Las observancias religiosas podrían ser privadas, limitadas a los grupos particulares, o por toda la ciudad-estado.
En este caso estaban las grandes fiestas que tenían nombres propios, como el Panathenaea en que los atenienses ofrendaban una nueva túnica a Alhena Polias y a la Ciudad Dionisia en Atenas, en el curso de las cuales los actores representaban tragedias famosas. Estas fiestas y otros actos de culto se centraron, a menudo, en los templos, pero en los tiempos micénicos, se realizaron en la explanadas de los palacios, al lado para los dioses; sin embargo, a finales de las Edades Oscuras, la celebración a esos dioses tenían lugar en sus propios templos. Cada cuatro años los griegos celebraban una fiesta a Zeus, en el Peloponeso Occidental, que data del 776 a.C, fiestas que incluyeron los juegos Olímpicos que contemplaban cuatro concursos panhelénicos de atletismo. No todos los griegos adherían a su religión con igual fervor. Ya en el VI siglo a.C., hubo filósofos en Ionia, que estaban desarrollando una crítica racionalista de las creencias tradicionales y de las prácticas, tarea crítica continuada por los sofistas y los dramaturgos Eurípides y Aristófanes. La historia griega sigue con la conquista de la ciudad-estado y el imperio del persa por Alejandro, el Grande, de Macedonia y el periodo de helenístico vio el florecimiento de las religiones como los cultos egipcios de Isis y Osiris, y la astrología. Durante los trescientos años, después de la muerte de Jesús Cristo, las nuevas religiones cristianas, despacio, pero inexorablemente conquistaron a un creciente número de griegos. Finalmente, con la muerte de emperador Julián, las viejas religiones perdieron a su último gran defensor, pero los elementos de religión griega sobrevivirían en los cultos del cristianismo y en las tradiciones locales. 


VENEZUELA EN REVOLUCIÓN

Era la perla del corazón de Simón Bolívar,
libertador de la Gran Colombia del imperio español
y desde las montañas transandinas
su espíritu y su espada caminan
con el amanecer que anuncia la llegada de un nuevo sol
mientras sus palabras de libertad en los corazones cultivan
la esperanza de un mañana mejor

Se abre un nuevo frente de lucha contra el imperialismo
con Hugo Chávez al frente como timonel
sembrando semillas de socialismo
en un mundo devastado, asolado, maldito y cruel

Sabemos que un nuevo mundo es posible
un nuevo mundo que está en nuestros corazones
un sentimiento que debe materializarse y hacerse visible
enarbolando banderas rojas y nuevos cantos de revoluciones

Y, a pesar de todo, seguiremos adelante
seguiremos gritando con el puño levantado:
socialismo o barbarie, comandante
nos queda mucho camino, sólo hemos empezado

a andar por la senda de la revolución
a caminar persiguiendo la utopía
a sembrar en las mentes semillas de rebeldía
sabiendo que el socialismo es la única solución

a este mundo que se hunde en la arrogancia y la avaricia
a este mundo que se asoma al precipicio de la barbarie
a este mundo donde reina la maldad y la injusticia
a este mundo que parece que ya no le importa a nadie

domingo, 14 de abril de 2013

EL HIMNO DE RIEGO

El Himno de Riego, primer himno nacional español
 
El Himno de Riego ha sido en nuestra historia el primer himno nacional. Su letra es obra del destacado escritor y político asturiano Evaristo San Miguel. Esa letra vino recogida en el folleto que «el ciudadano Mariano Cabreriza dedica al ciudadano Riego y a los valientes que han seguido sus huellas», folleto que recopilaba canciones patrióticas del Trienio Constitucional 1820-23.
Dudosa es, en cambio, la paternidad de la música. En la Historia de la Revolución española desde la Guerra de la Independencia hasta la Revolución de Sagunto, Vicente Blasco Ibáñez atribuye la composición del Himno al maestro Gomis.

José Melchor Gomis Colomer (1791-1836) había nacido en Onteniente (Alicante). Había comenzado su carrera musical en el coro de la catedral de Valencia. A los veinticinco años fue nombrado director de la banda de un Regimiento de Artillería de Barcelona. Trasladóse a Madrid en 1820 para dirigir la banda de la Guardia Real. De convicciones liberales, el músico alicantino siempre militó en las filas antiabsolutistas. Triunfante la revolución liberal de enero de 1820, el maestro Gomis fue ascendido a director de la banda de la Milicia Nacional, al frente de la cual siguió hasta la invasión europea de 1823, que impuso la restauración del poder absoluto de Fernando de Borbón y Borbón. 

En 1823 Gomis se exilia en París, donde descuella como compositor. Compuso la ópera «Riego en Sevilla», que fue repuesta en Barcelona en 1854 (al triunfar la cuarta de nuestras revoluciones liberales del siglo XIX).
Discútese la participación exacta del maestro Gomis en la composición del Himno de Riego. Hay quien sostiene que sólo lo arregló o adaptó para banda. El hecho es que Gomis aparece como autor del Himno en el libro --publicado en 1822 (impreso en Valencia por Venancio Olivares)--: Colección de Canciones patrióticas que dedica al ciudadano Rafael del Riego y a los valientes que han seguido sus huellas el ciudadano Mariano de Cabrerizo. Otros han sostenido que la reelaboración de Gomis es más profunda, haciendo de él el verdadero compositor del Himno.

Pero hay otras atribuciones (aunque es posible que se refieran a una versión inicial, sustancialmente modificada por Gomis):
  • Muy frecuente ha sido reconocer como compositor al guitarrista alicantino Francisco Huerta.
  • Mesonero Romanos había asegurado, en cambio, que el compositor original del Himno de Riego fue el teniente coronel José María de Reart y Copóns (1784-1857), oficial de Guardias Walonas.
  • En 1871, en la revista El Averiguador, Grimaldi sostuvo que el maestro Manuel Varo habría compuesto el Himno en Morón, siendo músico mayor de la charanga de la caballería que Riego llevaba en su columna.
  • Adolfo Salazar, en Los grandes compositores, afirma que, entre los papeles inéditos de Barbieri, se encuentra una carta en la que se da como autor del Himno de Riego a Antonio Hech, músico mayor del regimiento de Granada. Hech, de origen helvético, habría escrito el himno en 1822, recibiendo una recompensa de las Cortes y luego represalias de Fernando VII.
  • José María Sans Puig, en un trabajo titulado «Riego, un mito liberal», aparecido en Historia y Vida, remite a una inspiración del Himno en la Danza de los Mayordomos del valle de Benasque (Huesca).
Sea todo ello como fuere, el hecho es que no aparece mención del compositor en el Decreto aprobado por las Cortes el 7 de mayo de 1822, que dice: Se tendrá por Marcha Nacional de Ordenanza la música militar del Himno de Riego que entonaba la columna volante del Ejército de San Fernando, mandada por este caudillo.

Repitámoslo: en la historia de España, el primer himno nacional es el Himno de Riego. Pero en 1823 la Europa unida manda que venga invadida España por los Cien Mil Hijos de San Luis (al mando de «mi primo, el Duque de Angulema», como lo llamó Fernando VII). Restaurado en el trono absoluto, el Rey prohíbe el Himno de Riego.

Un himno Nacional para la República española
 
Cerrado el infausto paréntesis borbónico de los dos Alfonsos, y restaurada la República Española el 14 de
abril de 1931, el cambio de bandera lo impuso el pueblo español en la calle inmediatamente (y fue simplemente acatado y oficializado por el gobierno provisional de la República); mas no se planteó con la misma claridad y contundencia el cambio de himno oficial.

Todos estaban concordes en que no podía continuar usándose la ramplona Marcha Granadera o Marcha Real, por ser un toque de poca monta que no había tenido más significado que el de un compás ceremonial de pleitesía a la Corona.

¿Por qué reemplazarlo? El candidato obvio era el Himno de Riego, o más exactamente «Himno a Riego», puesto que --según lo hemos visto-- ya había sido declarado por las Cortes Himno Nacional el 7 de mayo de 1822.

Cuatro corrientes de opinión estaban en contra de ese himno:
  • En la extrema izquierda estaban quienes, frente a la república burguesa, abogaban por una república obrera soviética, cuyo himno fuera «La Internacional».
  • En segundo lugar quienes aspiraban a una República más innovadora y radical, menos ligada a un liberalismo decimonónico nunca del todo puro, y en cualquier caso socialmente más avanzada. Entre sectores intelectuales y progresistas próximos a esa sensibilidad tenía más aceptación la composición que, con letra de Antonio Machado, hizo el maestro Óscar Esplá, estrenada en el Ateneo por la cantante Laura Nieto y la Banda del Cuerpo de Alabarderos el 27 de abril de 1931.
  • En tercer lugar militaban los próceres del «republicanismo europeísta», socialmente conservadores, que querían una República lo más parecida posible a la difunta monarquía borbónica; un régimen que fuera más conservador incluso que la Alemania de Weimar, y que, dejando intacta e inalterada la propiedad, no ampliara ningún derecho social ni concediera nada a las masas trabajadoras. Al círculo de magnates de ese euro-conservadurismo pertenecían Pérez de Ayala, Ortega y Gasset y Gregorio Marañón (todos los cuales acabarán apoyando la reacción aristocrática, oligárquica y monárquica de Francisco Franco). En abril de 1931 El Sol, su portavoz mediático, apenas se resignaba a que se desechara la Marcha Real; mas, en todo caso, se decantaba porque no se aceptara en su lugar ninguno de los himnos entonces conocidos «pues son muy malos» (tanto el de Riego como el del maestro Esplá).
  • En cuarto y último lugar (aunque en íntimo vínculo con la posición recién mencionada) estaban los noventayochistas con su visión antihistórica, su nihilismo y su elitismo aristocratoide y oclofóbico. Aquí podemos incluir a los Azorín y los Pío Baroja, p.ej. Éste último admiraba al liberalismo aventurero, militar e individualista de la primera mitad del siglo XIX, al paso que odiaba al liberalismo intelectual, universitario, teorizante, democrático y de masas de la segunda mitad. Muy a tono con el mensaje que le conocemos por sus fascinantes novelas, vio con malos ojos que la República adoptara el Himno de Riego: «El himno es callejero y saltarín; la República fue sesuda y jurídica. La República no era heredera de los hijos del liberalismo: Mina, Riego, el Empecinado, sino más bien obra de los hijos espirituales de Salmerón, Pi y Margall y Ruiz Zorrilla.» En suma, esa adopción no habría sido veraz.
Frente a todos esos reparos, se impuso el Himno de Riego:
  • Porque encarna y expresa la continuidad de la lucha liberal de varias generaciones de españoles;
  • Porque siempre ha sido y es un himno verdaderamente popular.
Ni los regeneracionistas ni sus amigos noventayochistas se habían percatado del enorme progreso de España gracias al liberalismo. No se daban cuenta de la continuidad que liga los dos períodos liberales. antes y después de la revolución callejera y popular de 1854, alias la Vicalvarada, que fue la versión hispana de la «Primavera de los Pueblos» de 1848.

Cierto que la Corona borbónica, restaurada por el golpe militar de Martínez Campos en 1874, había llevado a España al descalabro de 1898 (aunque, frente a la diabólica y demoníaca prepotencia del imperialismo yanqui, hay que reconocer que no era nada fácil la defensa de la integridad nacional a la que tuvo que atender el gobierno liberal de Sagasta).

A pesar de esa derrota, a pesar de todas las insuficiencias y las carencias sociales --que habían empezado a curarse en los años 1901 a 1923--, en 1931, al iniciarse la sexta de nuestras revoluciones liberales (llevando más adelante el legado de las de 1808-1814, 1820-23, 1854-56 y 1868-74), España se perfilaba como una nación avanzada, moderna, culturalmente esplendorosa, en pleno apogeo de las letras, con un renacer de las ciencias, y hasta un cierto grado de industrialización; con un nivel medio de prosperidad (por delante de Italia); una nación que hubiera podido ser algo en el mundo si no hubiera sido por la sublevación franquista, con el retroceso histórico que supuso, para acabar con una vuelta al borbonismo, ahora bajo la bota yanqui, que ha llevado a nuestra Patria, en este comienzo del siglo XXI, a un extremo de sumisión, decadencia, degradación, postración y anonadamiento.

¿Qué significa el Himno de Riego?
 
Fue un acierto de la República la oficialización del Himno de Riego en 1931. Fue uno de sus muchos méritos, que lamentablemente se unieron a insuficiencias y equivocaciones, que no faltaron. Un tanto a su favor, igual que la adopción de la bandera tricolor, la proclamación jurídico-axiológica de España como una democracia de trabajadores de toda clase, la reforma agraria, la introducción de derechos sociales y la opción por una República unitaria, no federal (con un régimen limitado y transitorio de autonomía excepcional para tal o cual región --en la práctica sólo para Cataluña).

Ni puede en rigor separarse la elección del Himno del cúmulo de esas otras opciones (aunque desde luego sí de cada una de ellas en particular).

Un himno carece de suyo de significado. Un himno, una melodía, es una pieza de música, y la música ni es un lenguaje ni es ningún sistema semiótico. Las piezas musicales no son señales. No están codificadas según unas reglas sintáctico-semánticas para transmitir mensajes. Ni el destinatario, el oyente, puede tampoco captarlas para percibir un mensaje desde la previa posesión del mismo código semiótico. Por la sencilla razón de que no existe tal código ni hay nada que transmitir.

El «Concierto Emperador» de Beethoven o el de Aranjuez de Rodrigo no significan nada. Nada significa un aire de sardana, nada significa la melodía de un tango.

Otra cosa es que tales aires puedan suscitar tales o cuales emociones, aunque eso seguramente tiene al menos un 50% de componente culturalmente condicionado. Aun admitiéndolo, no por ello vamos a sostener que «La Primavera» de Vivaldi expresa alegría ni nada similar. Para expresar --en un sentido semióticamente interesante-- tiene que haber una (mayor o menor) regulación sintáctico-semántica codificada, un sistema se señalización. No hay expresión cuando la captación de lo expresado es infinitamente variable y totalmente desregulada.

Se me objetará que también las señales de un sistema semiótico, sea el que fuere, tienen un significado u otro únicamente en un determinado contexto histórico-social, por haber sido adoptado el código de reglas estructurales de ese sistema en una determinada comunidad, a través de convenciones explícitas o implícitas. Fuera de tal contexto, una ristra de sonidos ni siquiera es una secuencia de fonemas, ni una yuxtaposición de garabatos es una concatenación de letras. No hay fonemas, no hay letras sino con relación al contexto, y el contexto pertinente es el de un lenguaje, o más en general un sistema semiótico convencionalmente establecido en una comunidad o sociedad de seres con capacidad intelectual y volitiva.

Eso es verdad. Mas cada señal tendrá un significado, o un abanico determinado de significados, una vez que se haya establecido la comunidad (aunque sea una colectividad difusa) y se haya acordado el sistema de reglas (aunque sea también un cúmulo difuso y aunque unas reglas vinculen más, otras menos).

Diferente es lo que sucede con aquellas creaciones del espíritu humano que, no vehiculando mensajes, carecen de significado, las producciones mentales no-semióticas. Éstas ni tienen significado en general, ni lo tienen en un contexto, porque su formación no se hace siguiendo unas reglas sistemáticamente trabadas y que permitan hacer corresponder señales y mensajes. Quien crea que una manifestación de la creatividad mental o intelectual humana es también un sistema semiótico habrá de probar que están ahí en acción unas reglas sintácticas y semánticas compartidas por el creador y los destinatarios, al menos inmediatos.

A falta de tal sistema de reglas, no son sistemas semióticos ni significan nada la arquitectura, ni seguramente la pintura, ni la escultura, ni las artes decorativas en general, como tampoco las utilitarias (la culinaria, la alfarería, o cualquier otra). (Claro que en un pastel se puede escribir una fórmula, pero ésa es cuestión aparte.)

Pues bien, aunque una pieza musical en sí carece de significado alguno, sí son señalizaciones, en determinados contextos histórico-sociales, ciertas sonorizaciones de piezas musicales (o de otros productos sonoros del artificio humano, como toques de silbato, o de sirena, repicar de campanas etc).

En los usos políticos modernos, el toque de una determinada pieza musical en un contexto sí señaliza algo. Hay ahí un código muy limitado y además de empleo también limitado.

Ni el himno abstractamente tiene significado ni sus partes lo tienen. Es totalmente inverosímil que aporte modificación semiótica alguna añadir o quitar notas a una marcha o a un himno (en vías de composición y todavía no conocido públicamente).

Por su asociación con unos valores, unos ideales, unas instituciones, una determinada pieza musical pasa a vehicular, en un contexto histórico-social, la validez de esos valores, o la adhesión a los mismos --aparte del uso protocolario que establezcan los preceptos legales o reglamentarios del caso.

Tocar o cantar el Himno de Riego, que ha perdurado ya cerca de 2 siglos de lucha liberal antimonárquica, es, en el contexto histórico-social de la España de estos últimos siglos, una señal de adhesión a la causa del patriotismo, de la libertad y del progreso de España; una causa que, naturalmente, evoluciona a lo largo del tiempo, y en cada coyuntura histórica incorpora unos u otros valores político-jurídicos que la generación respectiva vincula estrechamente a esos tres valores perdurables del patriotismo, la libertad y el progreso de España.

Así ya en 1931, y hoy más, vinculamos a ésos tres otros valores: los del bien común, la felicidad individual y colectiva, la vida humana, el trabajo, la justicia, la igualdad social, el reparto equitativo de la riqueza, el conocimiento, la paz, el amor, la amistad y hermandad de todos los miembros de la familia humana.

Por eso tocar y cantar el Himno de Riego significa algo en nuestro entorno histórico-social, aunque se trata de una significación circunscrita --en principio-- a contextos prácticos determinados. Fuera de tales contextos, es dudoso que se dé esa significación. ¿Qué contextos? Actos públicos de determinada índole (en principio solemnes), o emisiones al público. En tales circunstancias es relevante la alternatividad entre ese Himno y otros sones (o eventualmente ninguno), encerrando la opción por el de Riego una expresión de adhesión a tales valores y a la historia de lucha que hay detrás de su afirmación.

sábado, 13 de abril de 2013

HISTORIA DE LA BANDERA REPUBLICANA



Por Margarita Márquez Padorno

La historia de la bandera tricolor responde a un sentimiento esencialmente popular. Heredada a través de una decisión fugaz en el trienio liberal sobre el espíritu comunero castellano, la voluntad del pueblo fue la encargada de llevarla a los mástiles oficiales de la II República en un arranque improvisado de diferenciar al nuevo régimen que comenzaba tras las votaciones del 12 de abril en sus símbolos más necesarios.

La unión del rojo, el amarillo y el morado en tres franjas de igual tamaño se hace oficial en el decreto de 27 de abril de 1931 y es refrendada con la elevación a artículo en la Constitución Republicana de 9 de diciembre de ese mismo año. En dicho decreto se aclara la inclusión del color castellano a los tradicionales catalano-aragoneses: "Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España".

Para averiguar los orígenes de esta nueva enseña, hemos de remontarnos a 1829. En ese año el General Riego tras "reproclamar" la constitución de Cádiz en Cabezas de San Juan provoca durante un breve lapso de tiempo - apenas tres años- la apertura liberal del gobierno de Fernando VII. Durante este periodo se funda la Milicia Nacional a la que se le asignan banderas moradas con el escudo de Castilla y León. Poco duró dicha divisa pues ese mismo año es sustituida por otra rojigualda con el lema Constitución en su franja central.

En 1823 el regreso de Fernando VII al Absolutismo acabaría también con la propia Milicia Nacional. En 1843 bajo el reinado de Isabel II se decretó por primera vez, el 13 de octubre, la unificación de la bandera de España. En dicho decreto regulador se permite a los regimientos que antes tuvieran banderas moradas el uso de tres corbatas (corbatas son los cordones que cuelgan de los extremos superiores de las banderas) con los colores rojo, amarillo y morada. Es éste el verdadero antecedente de la actual tricolor.

Tras el destierro de Isabel II, el Gobierno Provisional cambia el escudo monárquico sustituyendo en él a la corona real por la mural y añade las columnas de Hércules. Ambos símbolos los heredará el escudo que adorne la bandera tricolor en la Segunda República. El breve reinado de Amadeo I de Saboya concluyó con la proclamación de la Primera República. La bandera proyectada durante este régimen emulaba los colores revolucionarios de Francia: el rojo, el blanco y el azul. Modificación que no se llevó a cabo por su corta duración y, con la restauración Canovista, la bandera recupera sus elementos de 1843.

Es en esta etapa (1875-1930) cuando el Partido Federal adopta los colores de la Milicia Nacional de 1820 como símbolo de la facción antidinástica y rechazo al sistema establecido. Comienza a verse la bandera tricolor en casinos, periódicos y centros de adscripción republicana. Y es tal el fuerte vínculo de estos colores con la idea de República, de cambio y de progreso, durante los reinados de Alfonso XII, Alfonso XIII, la regencia de María Cristina y las Dictaduras de Primo de rivera y Berenguer, que, en un arranque de espontaneidad, una vez conocidos los primeros resultados de las votaciones del 12 de abril de 1931, especialmente en Madrid el pueblo se echó a la calle portando insignias, escarapelas y banderas con los tres colores de la República. El decreto y el artículo mencionados al comienzo de este pequeño relato no fueron más que el refrendo oficial a un sentir popular. La bandera, hija del pueblo español ondeó desde abril 1931 en los mástiles oficiales, en el ejército y en nuestras embajadas y consulados por todo el mundo. Para ella se adaptó el escudo que en 1868 eligió el Gobierno Provisional: cuartelado de Castilla, León, Aragón y Navarra con la Granada en punta, timbrado por corona mural y entre las dos columnas de Hércules. Como novedad destaca su menor tamaños -1 m x 1 m -, la misma medida para las tres franjas y los flecos dorados en el contorno de las pertenecientes al ejército.

Poco tiempo ondeó libre esta bandera: días después del 18 de julio de 1936 fue sustituida por otras divisas y apenas sobrevivió ahogada en la contienda. En el bando leal las milicias prefirieron casi siempre banderas rojas o rojinegras adornadas con emblemas partidistas: hoces y martillos, puños cerrados y otros símbolos que arrinconaron también al escudo oficial. A pesar de que gracias a la creación del ejército popular volvió a reglamentarse como única la tricolor, en la práctica, la proliferación de banderas propias por parte de las distintas unidades hizo que no hubiera nunca más una enseña oficial.

El bando rebelde tuvo en sus inicios a la tricolor como bandera, pero a partir de agosto se restablecía la rojigualda anterior a 1931. El no disponer de banderas propias y tener que cubrir improvisadamente de rojo la franja morada (cosida o pintada) dio lugar a curiosas insignias rojigualdas con franjas de la misma anchura y escudo republicano en su centro. En febrero de 1938 se cambió el escudo por el de los "Reyes Católicos" que no era otro que el republicano con la corona real y sobre el pecho del águila negra de San Juan.

Herencia de Castilla, de los seguidores de Riego, del trienio federal y los liberales y, sobre todo, del sentimiento del pueblo español, la bandera tricolor pesa más en los corazones que en la historia. La fidelidad a ella ha sido y es un símbolo de fe y de esperanza hacia un futuro más utópico que real. Sin tiempo para consolidarse como símbolo de un estado, sus colores acogen a un pueblo que se quedó sin patria y sin referencias cuando ahogaron, junto al morado de su tercera franja el progreso, la igualdad y las libertades que representaban.